Insomnios de fuego y de hierro

“Viernes Santo 2021”

Viernes Santo.

Hoy es turno de vida.

Viernes Santo.

La luz del sol calienta un poco más. Es primavera.

Viernes Santo.

Hoy es recorrido a completar sin errores.

Viernes Santo.

Las flores existen al margen de nosotros y parece que la vida se estira un poco más.

Viernes Santo.

“¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!”.

Viernes Santo.

Hoy somos jinetes sin silla de nosotros mismos.

Viernes Santo.

“Hasta los pajaritos hoy ayunan por la muerte del Señor”, me decía mi abuela Mamá Nona, cuando yo tenía apenas cuatro años, allá por 1945.

Viernes Santo.

Algunas bocas con cargo a presupuestos públicos expulsan toneladas de basuras, confiadas en que eso es lo que nos gusta, lo que queremos. Es el negocio. Business business. Las arrugas del vacío acechan. Cualquier día esas voces engarfiadas serán menos que cero y la primavera seguirá ocurriendo.

Madre Alcarria parió tierra adentro y levantó sus criaturas al aire de Guadalajara, Cabanillas, Marchamalo, Torija, Horche, Pastrana, Brihuega. Son lo justo, dicen, nos lo dio la tierra, el agua, la memoria, el fuego.

Las campiñas de La Alcarria y las praderas de Alcalá de Henares subieron a los trenes aquel 11M y no hicieron otra cosa más que desplazarse de inclinación para convertirse en muro de fuego y de hierro.

Suben Sergio de las Heras, Eduardo Sanz, Mohamed Itaiben, David Santamaría, Guillermo Senent, Sara Centenera, María Fernández, María Aparicio, José Carlos Sanz, José Gallardo y Begoña Martín.

Vuelven a abrirse las puertas de los vagones. Vuelven a cerrarse. Meco, Alcalá-Universidad, Alcalá de Henares, Torrejón, San Fernando, Coslada, Santa Eugenia. Vuelven a abrirse las puertas. Vuelven a cerrarse. Son las 7,42 horas. Entre Santa Eugenia y Atocha, en el pasillo ferroviario línea C-2 de Cercanías, el convoy formado por cinco vagones de dos pisos cada uno frena en el andén de El Pozo, una antigua zona de “infraviviendas” de Vallecas, del barrio de Vallecas, recuperada para la ubicación de la sede de la Asamblea de Madrid.

Viajan unas sesenta personas que han montado en Guadalajara y otras veinte que lo han hecho en Azuqueca de Henares. En el momento de apertura de las puertas, dos fuertes explosiones sacuden el tren, desintegrando el vagón central.

Lo escribo con resignación.

“Tengo energías de cólera para regalar”, amigo Javier.

Un fogonazo, que parece de magnesio, rasga el aire. Y otro. Y otro.

Enseguida unos rugidos sordos y continuados llegan y marchan con fuerza aterradora. Tiemblan los vagones. Caen los cristales hechos añicos. Se resquebrajan puertas y ventanas como naipes aplastados de un manotazo.

Estoy rememorando el pasado, no reconstruyéndolo. Así que no habrá muchos decorados. Quizá prefieras más. Quizá estés acostumbrado a ellos. Pero no puedo remediarlo. No intento tejer una historia; estoy tratando de contar la verdad. Sólo. Es un gesto escrito para calmar el dolor, para transmitir algo. Una inyección, una transmisión de fuerza. Y de amor.

“La pesadilla de los trenes de Atocha no ha hecho más que empezar”.

Viernes Santo 2021.

Heme aquí encerrado bajo llave, de vuelta a la intimidad del cuarto. Fuera está lloviendo y lo sé por el pequeño fragor que se oye en los canalones.

He aprendido a hacerme amigo del tiempo. Me presento como su coetáneo. El tiempo es para siempre y yo también, por más que para mí para siempre sea más corto.

Con mi vida magullada –ochenta años– puedo escuchar la vuestra, empujando, braceando, insomnios de fuego y de hierro y algunas manos santas en vuestras cabezas que os alzarán a bordo de los días siguientes, de los años siguientes.

Me llamo David Santamaría.

Nací en Guadalajara hace 22 años y proclamo junto a mi padre Joaquín, los dos en mangas de camisa, que otro mundo es posible.

En Salesianos me consolidé como central del equipo de fútbol.

Llegué al mundo con un balón en la mano.

Tanto en el fútbol, como en la vida, cumplo siempre las normas.

Daba luz a mis goles como el poeta a sus versos para ser leídos de frente y al sesgo.

Concluidos mis estudios de mantenimiento industrial en el Instituto Castilla de Guadalajara, acaba de iniciar en Toledo un curso de formación laboral de seis meses para la empresa Alstom-AVE, aunque ahora habían trasladado mi puesto a Entrevías.

Entrenadores, jugadores y capitanes siempre me elegían el mejor jugador de los Manantiales, del Esperanza-Salesianos, del Salesianos y del Guadalajara. Llevaba un poco el ritmo forzado de quien va sobrado y quiere darlo a entender. La noche del día 10 de marzo de 2004 me despedí de Noemí, mi novia, con un “hasta mañana por la tarde”. Y el 11, el primer día que me descoloqué en el horario del tren de cercanías, me tuve que enfrentar al precipicio.

Vuelven a abrirse las puertas de los vagones. Vuelven a cerrarse.

Viernes Santo 2021.

Insomnios de fuego y de hierro.

Me llamo Sara Centenera.

Tengo 18 años y soy vecina de Alovera. Estudié primaria y secundaria con mucho tesón en el colegio Giovanni Antonio Farina de Azuqueca de Henares y los dos últimos cursos de bachillerato en Salesianos-Guadalajara.

Además de sana, tesonera y joven, tengo calidad y cualidad de colega.

Dice mi profe de religión, Emilio Guzmán –“Guzmán el Bueno”– que “soy simpática, tímida, siempre rodeada de amigos, dando buenos consejos, y como una madraza, que siempre está pendiente de todos”.

Pertenezco a la España de otra regeneración. Vivo alegre y desenfadada. Cumplo mis sueños de universitaria en Madrid, cursando Fisioterapia. Tengo raíz y perfume popular. Tenía.

Soy casi, casi, pura adolescencia. “La juventud robusta y engañada”, de que habló Quevedo nada menos. Prefiero la labor callada donde sea a la biografía de los liderazgos. Estoy segura que me lo confirman profesoras tan majas como Mari Carmen y Adela, Adela y Mari Carmen. Tanto monta. Ambas me enseñaron a no esperar siempre una respuesta.

Me he quedado ya como una fina acuarela alcarreña, con un alma perdurable, como las más delgadas acuarelas del salesiano alcarreño Mariano Ruiz.

Viernes Santo 2021.

Por una senda de bombas llegó la muerte y la destrucción, sin tiempo para escuchar los silbidos, sin vida ya para escuchar los móviles de los seres queridos.

Me llamo Guillermo Senent, Willy.

Estudié en Salesianos-Guada, donde me trabajé la amistad de David Santamaria, como Santa la mía. A los dos nos gustaba el deporte y la música.

Los Secretos y las marcas. Lo dirá Almodóvar más tarde: “Ya no hay ideologías, sólo hay marcas”. No sé. Y Los Pistones, Los Eurisko, Los Azimut.

Acabo de conseguir mi primer trabajo estable como técnico de electrónica industrial en Alstom. Estoy muy ilusionado y concentrado. Los apuntes de mi especialidad los consulto una y otra vez. Los guardo como oro en paño. Soy un megalómano hasta las trancas también.

Desde los Beatles hasta la música tecno. Desde Vangelis hasta Ana Belén, con aquello tan inevitable de la Cuba años 70, de Nicolás Guillén: “¡Abre la muralla, cierra la muralla!”.

Tengo el ordenador, oye, repleto de canciones bajadas de Internet. Suelo pinchar música en algunos pub de Guada.

El día 10 de marzo, después del trabajo, fui a buscar a mi novia Almudena. Metimos el cotilleo barato para el fin de semana, pues el día 11 tenía que madrugar para ir a Madrid a revisión médica. Hoy es día de precedencia de vida. Lo era; fue para la muerte.

Vuelven a abrirse las puertas de los vagones. Vuelven a cerrarse.

Los vagones no han hecho más que desplazarse de inclinación para convertirse en muro de fuego y de hierro.

A Mohamed “le gustaba leer los libros de nuestra religión católica”. Sergio le dijo a su padre la noche antes de coger el tren: “Papá, ya he visto un buen piso”. María les había dicho a sus amigas: “Chicas, éste es el último fin de semana que me como el coco con la beca Erasmus”. A Begoña, “siempre, siempre, la vamos a ver joven, guapa y bonita”, añade su padre Javier. Eduardo, al fin, tenía casa propia. “La casa era su ilusión, tan nueva”, asegura su suegro Ramón García. José “era un militar atípico, lo suyo era ayudar, llevar alimentos y medicinas allí donde se necesitara”. A Sara “le encantaba siempre echar una mano”, observa su profe, Emilio Guzmán “el Bueno” y el mejor dire de Salesianos, Samu Segura Valero. Willy solía sorprender a todos con aquello de: “Mira esta canción de los Rolling Stones, de Bob Dylan” y te la ponía.

Viernes Santo 2021.

¿Caín, Caín, donde está tu hermano Abel?

¿Dónde, dónde, los cuerpos gloriosos de los once de Guadalajara y los ciento noventa y dos de toda España?

¡Dios mío, Dios mío, por qué nos has abandonado!

E inclinando la cabeza, expiró. E inclinando la cabeza, expiraron.

El velo del Templo se rasgó. Flotaron sobre los montes del mundo racimos de condensación y tormenta. Tenemos sobre la cabeza nubes y salpicaduras de cielo desde esa cruz de victoria y de salvación.

La cabeza, inclinada y muerta, bajo el primer viento exhala el espíritu y las ideas encerradas, penetra un aire fresco entre los cabellos de todos los hombres, el placer de enmarañarlos, de desentumecerlos. Es comernos el pan con cuadraditos de chocolate negro. Mordiscos cargados de apetito, engullidos muy deprisa. Es el aliento perfumado del cacao. Se abre la Pascua, el paso del Señor.

Todo está consumado”, al final de un tobogán de ochenta años de crestas, somos jinetes sin silla de nosotros mismos.

Vuelvo a la intimidad de mi cuarto. Fuera está lloviendo. “Tengo energías de cólera para regalar”, amigo Javier.

5 opiniones en “Insomnios de fuego y de hierro”

  1. 11 de marzo de 2004. El sol alumbra para todos. 193 vidas frustradas. No verán la luz por el odio fratricida. ¿Terror vengativo? 13 bombas, 13. En 4 trenes, 4. Horario prelaboral. Madrugada de dolor. Aurora de tinieblas. Sufrimiento inútil. Injustificada muerte inocente. Más de 1800 heridos. Queremos paz y Resurrección. Nueva sociedad humanizada. Civilización del amor.

  2. Profunda poesía, en plena narrativa, donde la sensibilidad del recuerdo te hace pensar, te hace reflexionar que a veces, por degracia existe también crueldad entre los seres humanos. «Un gesto escrito, para calmar el dolor»
    Una fe, una riqueza de generosidad… de tantos recuerdos… todavía pueden enlazar corazones…

  3. Narraciones expresivas cargadas de recuerdos tristes inolvidables, cerca de la cuaresma y la Semana Santa.
    Nos hace recordar ese Viernes Santo donde la cruz es sufrimiento, violencia pero sobre todo vida en Cristo.

  4. Todo mi cariño, solidaridad y fraternidad hacía los familiares de los fallecidos. Y expresar mi honda consternación por el sacrificio de esas almas nobles segadas, con crueldad y perversidad. Almas inocentes que fueron arrebatadas en la plenitud de su vida inocente y bondadosa por aquellos que enarbolan su bandera de odio y maldad. Y, esencialmente, el exigir la justicia condigna hacia los verdugos que sembrando su odio sarraceno provocaron tanto dolor y esparcieron la sordidez y la improbidad de su mensaje de barbarie.

  5. Precioso y desgarrador texto, Paco. Esas víctimas inocentes se merecen, como mínimo el 11.03 de cada año, no solo el recuerdo de sus familiares, sino el de todos los españoles, el de todos nosotros.

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