Jóvenes, protagonistas del Sínodo

Uno de los sueños salesianos es que la familia de Don Bosco pueda ser un puente entre la Iglesia y los jóvenes. También a nosotros nos gustaría rejuvenecer el rostro de la Iglesia: llevar la Iglesia a las jóvenes generaciones y a los jóvenes a la Iglesia. Rejuvenecer la Iglesia quiere decir hacerla volver a sus orígenes y a su juventud, volver al Evangelio.

Somos sinceros cuando decimos que nos llena de gozo la convocatoria del próximo Sínodo de los Obispos. Este acontecimiento deja ver que la pastoral juvenil es una prioridad para la Iglesia del siglo XXI. Vemos en este Sínodo una Iglesia que mira con buenos ojos a los jóvenes y da pasos certeros hacia ellos. De esta misma manera, nos gustaría suscitar en los jóvenes el deseo de participar en el proceso sinodal, acogiendo el reto que la Iglesia les propone para juntos hacer el camino sinodal.

El Espíritu rejuvenece a la Iglesia

En rigor hay que decir que no somos nosotros quienes hacemos joven a la Iglesia sino el Espíritu Santo. A lo largo de la historia el Espíritu acompaña a la Iglesia haciendo recordar a Jesús y proponiendo caminos siempre nuevos para que el Evangelio sea escuchado, proclamado y acogido también entre los jóvenes. Gracias al Espíritu Santo la Iglesia se rejuvenece constantemente.

Es este mismo Espíritu quien está moviendo a muchos jóvenes y a muchos adultos para que el próximo Sínodo de los Obispos deje ver la hermosura del rostro joven de la Iglesia. “En el Sínodo, el Espíritu habla a través de la lengua de todas las personas que se dejan conducir por el Dios que sorprende siempre” (Documento Preparatorio).

Ser protagonistas del cambio

En el próximo mes de octubre, el Sínodo reunirá a representantes de los obispos del mundo entero, junto con otros invitados, y, de entre ellos, es muy probable que participen también algunos jóvenes.

Es preciso promover el protagonismo de los jóvenes porque ellos quieren ser protagonistas del cambio. Este protagonismo no se puede reducir al momento de la asamblea sinodal, sino ser un hilo rojo que esté presente en todo el proceso sinodal. Entender el Sínodo como un proceso lleva a secuenciarlo en etapas. En todo proceso sinodal hay un antes, un durante y un después.

Escuchar a los jóvenes

En el proceso sinodal, estamos viviendo el antes de la asamblea. Es el momento de la escucha y la participación. Todo empieza por escuchar. El papa Francisco afirma que para leer en la realidad actual los signos de los tiempos hay que escuchar a los jóvenes y a los ancianos (Cfr. EG 106). Hace unas semanas en su visita a Chile decía el santo Padre a los jóvenes que quería escucharlos sin filtros.

Pero escuchar no es tan sencillo. Por lo visto, es más fácil decir palabras sensatas que escuchar. Dice el santo Padre que para escuchar es preciso “darse tiempo, tiempo de calidad, que consiste en escuchar con paciencia y atención, hasta que el otro haya expresado todo lo que necesitaba. Esto requiere la ascesis de no empezar a hablar antes del momento adecuado. En lugar de comenzar a dar opiniones o consejos, hay que asegurarse de haber escuchado todo lo que el otro necesita decir. Esto implica hacer un silencio interior para escuchar sin ruidos en el corazón o en la mente: despojarse de toda prisa, dejar a un lado las propias necesidades y urgencias, hacer espacio” (AL 137).

La participación de los jóvenes

Este tiempo previo a la asamblea sinodal es un tiempo para la participación. ¿Cómo podemos participar? ¿Cómo pueden participar los jóvenes?

Oficialmente, la Secretaría general del Sínodo ha propuesto algunas iniciativas para la participación. La primera de estas iniciativas ha consistido en ofrecer una encuesta dirigida a los jóvenes. Muchos han respondido a través de las distintas Conferencias episcopales. El 14 de diciembre de 2017, el departamento de juventud de la Conferencia Episcopal Española presentó los resultados de este cuestionario. Entre otras cosas, este documento dice que los jóvenes piden a la Iglesia que les escuche.

Otra de las iniciativas ha consistido en la apertura de una página web donde los jóvenes que quieran puedan escribir sus puntos de vista sobre la situación de los jóvenes en la Iglesia y en el mundo. La tercera iniciativa es la convocatoria en Roma, para los días 18 y 19 de marzo, de un nutrido grupo de jóvenes del mundo entero, creyentes y no creyentes, donde el papa Francisco quiere escuchar directamente a los jóvenes.

Por último, quiero hablar de “Iglesia en diálogo”. Una iniciativa promovida por el departamento de juventud de la Conferencia Episcopal para la escucha de jóvenes alejados. Unas y otras iniciativas son propuestas de participación.

Koldo Gutiérrez, sdb

TESTIMONIO JUVENIL

“emPAPAr, contagiar e implicar”

Desde que era pequeño, siempre he tenido la suerte de encontrarme en el camino gente de Iglesia que me hicieron partícipe de su día a día…

Recuerdo mi primera catequista, mi madre. Recuerdo a Chema, el cura que me acercó a Jesús; y José Carlos me ayudó a descubrir a Don Bosco y ese gran sueño del que ya soy partícipe.

Dentro del marco del Sínodo de los Jóvenes, creo que la base de estos elementos que acabo de citar son la clave para conseguir una mayor implicación de los jóvenes en la Iglesia: familia, amistad, acompañamiento, cercanía.

Necesitamos jóvenes apasionados capaces de contagiar a otros jóvenes en la dinámica eclesial, que sepan transmitir la Buena Noticia de Jesús con palabras, pero sobretodo con hechos y emociones.

Necesitamos hombres y mujeres consagrados que sean capaces de acompañar y dar un testimonio vocacional sencillo y profundo.

Necesitamos matrimonios y familias implicadas, especialmente los más jóvenes, que introduzcan savia nueva en las parroquias y comunidades, del mismo modo que el papa Francisco está aportando frescura a la vida de la Iglesia.

Necesitamos el testimonio de la experiencia de tantos mayores que pueden entusiasmar con la vida convertida en arrugas, en sonrisas e historietas pasadas repetidas…

Necesitamos oraciones, caminando de la mano de una Madre que no se cansa de esperar; la Fe de una Madre que ayuda y auxilia a todos cuando menos te lo esperas o cuando más lo necesitas.

Pero sobretodo, necesitamos transmitir el verdadero mensaje de Jesús de Nazaret: sólo el Amor nos salvará, solo el Amor dará sentido a nuestras vidas… y que la propuesta de vida que Jesús nos propuso hace más de 2000 años sigue hoy presente, pensando en los demás, con la misma vida, con la misma frescura, con la misma validez que entonces.

Al igual que Jesús de Nazaret, que Don Bosco o que el mismo papa Francisco, seamos capaces de romper los esquemas a nuestros destinatarios, a nuestros chicos y chicas, para que descubran que la Iglesia confía a los jóvenes su futuro: comprometidos y apasionados de un proyecto que merece la pena por encima de cualquier otro: el Amor por uno mismo y por los demás. Si conseguimos transmitir esa confianza que empape e implique a los jóvenes en el día a día de las parroquias y comunidades juveniles, habremos dado un gran paso hacia lo que el Papa nos está pidiendo, que por cierto, no es muy diferente a lo que hicieron Don Bosco y Madre Mazzarello con sus pupilos en las calles del Turín y Mornese del siglo XIX.

Tenemos el reto de ser madres/padres, de ser amigos y acompañantes de los jóvenes que no son el futuro, sino que ya son presente.

Rubén F. Santiago

Profesor en Salesianos Coruña

Consulta el Boletín Salesiano en su web: http://www.boletin-salesiano.com

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