LA INQUISICIÓN SEGÚN PACO DE CORO

Amigo Javier, doy gracias a Dios por haber encontrado abismos.

He preferido siempre el riesgo, la apuesta, la dificultad, el obstáculo. Nada me ha apasionado más que el esfuerzo y el tesón.

Desde pequeñajo me ensartaba sin cesar a un rosario de peligros, para demostrarme a mí mismo valor. Recorrer la oscuridad de la calle Embajadores, de noche, desde Beata Ana hasta Bolivar, cuando volvía de Salesianos Atocha. Montar en el tope de los tranvías desde Legazpi hasta calle Vizcaya para tirarme en marcha y estamparme contra cualquier árbol del Paseo de las Delicias. Bañarme en calzones en cualquier poza del Manzanares, donde se bañaba Pepe Rincón…

“¡Hay que saber caminar, por donde no hay camino!”.

Así me decía mi padre Román, cuando íbamos a Vallecas, en bicicleta, para visitar a mi tío “Antonio”, checoslovaco, de las brigadas internacionales y que no pudo salir de España, al acabar la guerra.

No hay caminos, Paco. Los tenemos que hacer nosotros.

En 1992 tampoco había demasiados caminos en la recién creada “Fundación Sancho el Sabio” de Vitoria.

Sólo unos nombres audaces: Paco Allende, Carmen Gómez, Jesús Múgica, Rafael Gómez Escolar, y un tal Paco de Coro que decidió abandonar el reino de la inercia literaria, sacudido por luces y sombras, por el de la gestión y coordinación cultural en la Kutxa Vital.

Ahora mi pequeña epopeya quería tener el rostro de “Los Inquisidores” y la envergadura de una proeza didáctica.

La reciprocidad de miradas afines se suele extender como un semillero de flores y se abren caminos impensables.

– La verdad, Pacorro, fue un éxito la expojudíos. También las Jornadas de Estudios.

– ¿Sabes lo que más me gustó, Paco Allende Arias?

– Explicarles la Expo, de la que yo hice el guion, a los ciegos de la Once.

– ¿Increíble, no?

– Sí, es verdad. Increíble. Pero posible. Me dijeron que conmigo la veían. ¡Puff, qué halago! ¡Que Dios se lo pague! ¿Sabes a quienes debo ese impacto realista? A los chavalotes de Sexto y Preu de El Paseo, a los de 3º de BUP y COU de Guada y de Atocha y a los de Magisterio del CES Don Bosco.

Paco Allende Arias, presidente de la Kutxa Vital, prosigue, no sin antes, buscar la exactitud de las palabras, concentrándose en el gemelo del puño de una manga.

– ¿A dónde nos llevas este 1993?

– ¿Cómo dices?

– Mira… nos ha hecho llegar este Catálogo de…

– ¡Atrox! ¡Atrox! ¿Atroz, no?

– Lo recibí hace unos días y…

– ¿Prefieres que te lo resuma yo? –corté, decidido.

– Me temo que tiene usted que leérselo, don Francisco.

– Ni muchísimo menos, Don Paco.

– He visto de qué va la empresa ya hace tiempo. Mucha serpiente, mucho cascabel, mucho caimán… y mucho dinero ¿no?

– Cerca de cinco kilos de pesetas.

– Con eso, Paco, hacemos una ExpoInquisidores, nuestro volumen cuarto de la colección BESAIDE y nuestra cuarta Semana de Estudios Vascos.

– ¿Y Atrox?

– Que se vaya por donde ha venido, oye.

Amigo Javier, ¿cómo íbamos a permitir la bochornosa mandanga de Atrox, de la mano de “Sancho el Sabio”, o que los tópicos ahistóricos y desaforados contra la Inquisición ingresaran en Vitoria, para entretener las sobremesas de la Navidad de 1993?

Nunca me hirieran con más ira.

Sabía de la existencia precaria, a veces miserable, de muchos de los que caminan por el sendero empedrado de lo que llamamos la Inquisición española, la bibliografía de la Inquisición española y había que afrontar todos los riesgos de la exigencia histórica. Contaba ya con los magníficos trabajos de Pérez Villanueva, Kamen, Blázquez; mis profes de la Gregoriana: Villoslada, Blet y Batllori y mis amigos, hasta de mesa y mantel, Tellechea, Larios, Reguera, Castañeda.

– La verdad histórica, Paco, no puede envolverse en verbenas –dije.

– Adelante, campeón, a por la cuarta. Queda todo en tus manos.

La sólida arquitectura cultural del presidente de la Kutxa Vital, Paco Allende Arias, consolidó nuestros trabajos. Adelante, pues.

Adiós, Atrox.

El espectáculo sentimental de Atrox era la amenaza añadida y moderna de la leyenda negra de la Inquisición, un posible síncope más de nuestra memoria, un colapso más de la realidad, un apagón provocativo más de la historia, con metáforas que encienden la imaginación y la deforman. Ni hablar.

Adiós Atrox, bienvenida la historia de la Inquisición.

La Inquisición.

El Tribunal del Miedo.

El Tribunal de la violencia.

El síncope de las bienaventuranzas del Buen Pastor.

Los síncopes más peligrosos son los que suceden piel adentro. Y los que desatan todos los miedos, el miedo y sus efectos secundarios.

La Inquisición y lo violento.

Lo violento aviva el cabreo y confecciona verdugos, traidores, matones, delatores y sicarios. Depende.

El Tribunal del Miedo.

Lo peor del miedo es colectivizarlo y la falta de riego moral que aloja.

Y como no hay peor síncope moral que la crueldad abominable del olvido, había que recuperar la memoria de “Los Inquisidores”, la verdad del Tribunal de la violencia.

La Verdad.

El sonido de la palabra “verdad”, en árabe, suena al golpe que hace una espada cuando corta algo. HAQ! Las palabras verdad y realidad tienen la misma raíz. HAQ-HAQEQA. El verdadero yihad-nafsi es consigo mismo; es con nosotros mismos.

Fue un frenesí de búsqueda.

Marcho a Madrid con el mejor fotógrafo de Vitoria, Miguel Quintas y su hermano, profundamente herido por las ofertas de Atrox sin cicatrizar.

Ya en el Museo del Prado.

Al no poder traernos el cuadro entero Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, de Francisco Rizzi, nos conceden todos los permisos para fotografiarlo… mientras algo de esta representación quede en pie, cualquier recuerdo verdadero del Tribunal puede comenzar de nuevo en nuestra apuesta.

La memoria del mundo inquisitorial está aquí.

La verdad. HAQ! Ese golpe de espada.

Y como la memoria es la función más virtual de la existencia humana, flash, flash, flash… ¡dispara Miguel! Las fotos se van acumulando en la base de datos de la máquina y también antes o al mismo tiempo en la del cerebro y ya con ellos repletos hacemos también operaciones complejas, primitivas, sofisticadas, que nos llevamos a Vitoria.

Flash, flash, Miguel Quintas. Todavía está pendiente nuestra circunvalación de España en yate. ¿Te acuerdas?

La memoria de la Inquisición ya no está en ningún lado; sólo, sólo aquí, en Francisco Rizzi. Miguel, capta este detalle aislado de las puñetas del Gran Inquisidor… toma este otro de los pliegues de esos hábitos… oye, oye, la Cruz Verde, mira… aquellas ventanas, aquellas, donde dicen que se sentaba Felipe III o Felipe IV… o aquellas otras por donde se asomaba La Calderona. No dejes esas esquinas, cubiertas de figurantes: “Son el único y raquítico confín de los que nada sueñan y los que nada imaginan” (Lidell).

Hay que ver, Javier, ganamos y perdemos, especulamos, soñamos, sufrimos, nos alegramos, tomamos conciencia. En El Prado buscábamos las raíces, el reúma inquisitorial de la fe adulterada, el culturismo desaforado del Tribunal católico o protestante de media Europa. Que si Calvino o Miguel Servet. Que si Carranza o Vallés.

Me quedo en el Archivo Histórico Nacional varios días.

Ilustraciones erizantes, con palabras.

Documentos serios, densos, acompasados, compulsados, certificados y asegurados ya camino de Vitoria para nuestra ExpoInquisidores.

Todo parecía ya la llama de una hoguera.

Tenía los ojos como ascuas y la luna se me derramaba a puñados por la buhardilla de “Sancho el Sabio”, donde consumaba un cuaderno pedagógico “La Inquisición”, firmado por Vasconcelos y cuarto libro de Besaide Bilduna: “Los Inquisidores” firmado por Jean d´Albret, es decir, Paco de Coro, para bloquear agresiones de los “Agraviados”, con pseudónimos vertebrados por el sentido del humor. O sea.

Al adentrarme en la espesura de La Inquisición y en Vitoria, tenía que traer la memoria del papa Adriano VI, preceptor de Carlos I de España, que recibe su nombramiento de pontífice romano en Vitoria, y, en su domicilio, la llamada Casa del Cordón, pero me tengo que quemar en las brasas de su enorme biografía, para dar paso a mi articulillo semanal.

Adiós Atrox, bienvenida la historia de la Inquisición.

La verdad histórica no puede envolverse en verbenas.

2 thoughts on “LA INQUISICIÓN SEGÚN PACO DE CORO”

  1. Leído, Paco. Conozco el cuadro de mis frecuentes visitas al Prado. No había caído en la importancia de analizarlo con lupa para reconstruir los hechos, tal como haces en tu artículo.

  2. «Hay que saber caminar, por donde no hay caminos. Los caminos los hacemos nosotros.
    La verdadera historia no puede envolverse en verbenas.
    La inquisición, un apagón provocativo de la historia, con metáforas que encienden la imaginación y la deforman.
    Tribunal del miedo y de la violencia. El síncope de las bienaventuranzas del Buen Pastor
    VIOLENCIA, aviva el cabreo y confecciona verdugos, traidores, sicarios…
    MIEDO, colectiviza y condiciona falta de moralidad, de éticas… de humanidad.»
    Igual que en regímenes totalitarios y dictatoriales.

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