La lejía mata al virus, pero también …

El Ministerio de Cultura lanza unas recomendaciones imprescindibles para desinfectar los bienes históricos y no destruirlos.

“El remedio puede ser peor que la enfermedad”. Una advertencia de que el entusiasmo no es el mejor aliado del patrimonio cultural en la crisis sanitaria de la covid-19. “En los museos no hay ningún problema para desinfectar, los profesionales saben cómo tienen que hacer su trabajo. Pero en las iglesias…El mayor peligro en estos momentos es una prevención intuitiva y entusiasta, más que científica”, explica Román Fernández-Baca, director General de Bellas Artes.

En los países más afectados por el nuevo coronavirus, hay fotografías que muestran a gente con trajes protectores rociando aceras públicas o en edificios de oficinas con soluciones de lejía. Sin embargo, los expertos dudan si esto es necesario para neutralizar la propagación del coronavirus. Usar lejía «es como usar una porra para matar a una mosca». También puede corroer algunos materiales y provocar otros problemas respiratorios si se inhala demasiado tiempo.

En el pasado se han inventado muchos productos de limpieza, pero la sencilla combinación de agua y jabón sigue siendo una de las armas más potentes para combatir enfermedades infecciosas como el nuevo coronavirus. Con todo, cuando se producen alarmas sanitarias, cunde el pánico y se comienza a utilizar todo tipo de productos químicos de limpieza, muchos de los cuales son innecesarios o ineficaces contra los virus.

El Ministerio de Cultura y Deporte ha enviado una serie de documentos donde se invita a reflexionar acerca de los efectos de la pandemia sobre el patrimonio cultural, el cierre de instituciones, las prácticas de desinfección aplicadas en el ámbito de los bienes culturales y las futuras repercusiones económicas.

Antes de actuar en la desinfección sobre los bienes culturales, el Ministerio llama la atención también sobre la necesidad de consultar las intervenciones con los responsables del cuidado y tutela del patrimonio cultural para determinar la vulnerabilidad de cada elemento y las mejores alternativas para evitar daños innecesarios.

Con estas premisas, el Ministerio de Cultura y Deporte ha distribuido unas primeras “Recomendaciones sobre procedimientos de desinfección en bienes culturales con motivo de la crisis por Covid 19”, elaboradas por el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE). El texto advierte de que la utilización de productos corrosivos, como la lejía, el amoniaco y los detergentes, está totalmente contraindicada en conjuntos monumentales, edificios históricos, yacimientos arqueológicos y objetos culturales. “En los casos necesarios, y en consonancia con las recomendaciones de las autoridades sanitarias, se podrían utilizar soluciones hidroalcohólicas diluidas o jabones neutros, aplicados siempre con presión controlada y bajo el asesoramiento de un técnico en conservación de bienes culturales», precisa el texto.

Este documento recuerda que en esta situación de emergencia, además de la protección de las personas y la sociedad, también es necesario considerar el importante papel que el patrimonio cultural representa para la sociedad. “En este sentido ya se están manifestando los principales organismos internacionales, como el ICCROM o el ICOM recordando la importancia social y económica y el valor identitario que representa el patrimonio cultural».

Tras el cierre de todos los centros por el Estado de Alerta, el Ministerio Cultura y Deporte avanza que el riesgo de contaminación de los bienes culturales muebles «es prácticamente nulo» y se recomienda evitar el uso de productos desinfectantes que pueden dañar los materiales. En cuanto a los espacios que contienen bienes culturales, como museos, archivos o espacios religiosos, desaconseja fumigaciones o pulverizaciones generalizadas, puesto que tras su cierre al público hace ya un mes, la existencia del virus en el ambiente de esos lugares es poco probable.

Se recomienda la limpieza de las superficies como suelos, puertas o manillares que carezcan de valor histórico o artístico con las soluciones desinfectantes comunes propuestas por las autoridades sanitarias, aunque se opta preferentemente por el empleo de etanol (alcohol) disuelto al 70 % en agua. Una vez efectuada la desinfección y limpieza, recomienda la ventilación de los espacios limpiados para evitar la acumulación de compuestos orgánicos volátiles (COVs) surgidos de la evaporación de la disolución desinfectante.

Ante cualquier duda con los procesos de limpieza y desinfección, Cultura alerta a las autoridades de no aplicar ningún tratamiento, ya que se pueden generar daños irreversibles sobre el patrimonio cultural, y urge a consensuar todas las medidas con los profesionales del ámbito de la conservación-restauración.

En el caso de bienes culturales situados en espacios públicos (cascos históricos, plazas públicas, parques o calles), el documento pide que se evite rociar de manera directa los objetos o edificios de valor histórico-artístico.
En el entorno directo de los bienes culturales (a menos de un metro de distancia, como aceras próximas o zócalos de edificios) aconseja preferiblemente el uso de una disolución de etanol (alcohol) disuelto al 70 % en agua proyectada a baja presión. Esta solución desinfectante resulta efectiva frente al virus y a su vez su pulverización resulta menos dañina que la de hipoclorito sódico (lejía) sobre materiales como la piedra, el ladrillo, la madera y el metal.

Los tratamientos desinfectantes también deben evitarse en las proximidades de los bienes culturales policromados (portadas de iglesias o retablos) y se propone como alternativa el vallado perimetral para evitar la aproximación y el contacto directo de las personas.

La conclusión de los expertos que firman los protocolos propuestos por Cultura es muy clara: “Nunca fue tan fácil ayudar a nuestro patrimonio: cuídalo, cuídate, no lo toques. Nunca es recomendable tocar de manera directa los bienes culturales, pero esta premisa en una situación como la de ahora, es todavía más necesaria”, advierten los técnicos. No solo por los daños que se pueden causar al patrimonio, sino por la permanencia de partículas víricas sobre las superficies.

Se adjuntan los documentos oficiales: Recomendaciones del Ministerio de Cultura y Deporte y la nota de alerta de la dirección general de Bellas Artes.

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