La responsabilidad social empieza por una misma

Recientemente la Fundación Ángel Tomás- FISAT ha celebrado la III Jornada de RSC “Quiero Ser Social”; un espacio de encuentro -este año virtual-, para aprender sobre la responsabilidad social y sobre todo compartir experiencias y buenas prácticas. En cada una de las ediciones FISAT ha estado acompañada por nuestras entidades sociales; en 2018 por Fundación Don Bosco; en 2019 por Juan Soñador; y en 2020 por la Fundación María Auxiliadora- Laura Vicuña. Todas ellas ejemplos de compromiso en la construcción de un mundo más justo y con oportunidades para todas y todos.

Y de eso trata la responsabilidad social, ya sea individual, colectiva o empresarial, la responsabilidad social implica contribuir en el aumento del bienestar social y tomar conciencia del impacto que nuestras acciones generan como empresa, como ciudadanas/os, como trabajadoras/es, como consumidoras/es, como madres y padres. El objetivo pasa por minimizar los impactos negativos y aumentar los positivos.

Queremos empresas que cuiden de sus empleadas/os, que produzcan de manera sostenible y eficiente, que prioricen el impacto social y medioambiental en sus modelos de negocio; administraciones públicas coherentes con sus acciones, que promuevan la creación de una sociedad más solidaria, a través de políticas inclusivas, del cuidado del medio ambiente, etc.

Pero, ¿y nosotras/os? ¿qué podemos hacer? ¿hasta dónde podemos llegar? ¿a qué estamos dispuestas/os a renunciar?

El listado de lo que podemos hacer es muy amplio, y la mayoría de las cosas parten de lo cotidiano. Muy ilustrativo es el informe elaborado por IKEA y La Casa Encendida sobre el «activismo en casa», cómo lo que hacemos en nuestros hogares influye en el medio ambiente. Por ejemplo, “el impacto anual del desperdicio de alimentos de un hogar en términos de CO2 equivale a las emisiones generadas por recorrer 621 km en coche; 208 kg de CO2 equivalente por hogar y año”. El informe recoge 12 gestos que podemos llevar a cabo para combatir el cambio climático.

Pero en ocasiones, ese cambio de hábito implica renunciar a ciertas comodidades adquiridas y ahí es dónde se requiere no sólo modificar gestos sino también nuestra mentalidad, porque el alcance de nuestras acciones será infinito si somos ejemplo para las nuevas generaciones: hijos, hijas, sobrinos/as, alumnas y alumnos, jóvenes a los que acompañamos desde los distintos ambientes salesianos…

No basta con decir lo que hay que hacer, aleccionarlos sobre cómo se debe actuar o involucrarles en actividades para hacer de ellas y ellos mejores personas. Sobre nosotras/os recae la responsabilidad de ser el espejo donde pueda y quiera mirarse la juventud. Y tenemos una doble responsabilidad: como ciudadanos vinculados al mundo y  como educadoras/es, como padres y madres.

Educar con el ejemplo es la clave para que el cambio se cimente y seamos capaces de sentar las bases de un mundo más justo, más solidario, más inclusivo y con oportunidades para todas y todos.

El mundo y la sociedad que queremos empieza a construirse a partir de ti.

Enlace

Informe IKEA y la Casa Encendida: https://youtu.be/hIW_Ad8oqEo

 

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