La Virgen de los ‘Stoners’ en Lavapiés

Y de Atocha-Legazpi, de Estrecho-Tetuán, de Vallecas-Vicálvaro, de García Noblejas y Emilio Ferrari, y de Parla, Fuenlabrada, Villaverdes, Getafes y Leganés. No es un saludo esto, sino un sobresalto irreflexivo para empezar, a lo mejor fuera de lugar. Bueno.

Para mí la tierra deseada, la tierra perdida, la Tierra Escondida y Fértil, está al otro lado de la puerta de casa. Después de mi estancia en la UCI en Moncloa, empecé otra lucha contra la enfermedad. Mi cuerpo sufrió un ataque bélico con carácter multiplicativo. Un intento de destrucción que casi casi estuve a punto de aceptar. Pero desde la resurrección –resucitación dice el Dr. Paylos-, todo mi entrenamiento, toda mi estrategia, ha sido conseguir ser autónomo para salir fuera de casa y mezclarme con toda esa multitud que nunca entra en las iglesias. Esa gente que entreabre la puerta del templo, mira y se larga con cara de haber visto sólo a San Lorenzo asándose en la parrilla, o a San Miguel alanceando a Lucifer o a Santiago a caballo cortando cabezas.

Pues bien, el domingo 20 de mayo de 2014, llegaba yo a Madrid Puerta de Atocha procedente de Alcoy, donde había predicado la novena de María Auxiliadora. Al enfilar mi calle diviso sobre la puerta de entrada a mi amigo Iván. Una vez alcanzado… “¿Estás aquí adrede, esperándome?”. Sin aguardar respuesta, me dice: “¿Es verdad que te operan mañana?”. Asentí, sin conseguir disimular mi extrañeza. Él es algo reservado, salao y simpático cuando quiere y un superviviente. Además un poco chuletilla. De Lavapiés, oye. Lo que ratifica su condición en parte de autónomo.

Iván tiene los ojos llenos de su mundo, por lo tanto la mayoría de las veces no puede verme. Pero cuando le tocan sus sentimientos tiene necesidad de manifestarse. “Mi madre me ha dicho que te operan mañana”. “En efecto, me implantan nuevo desfibrilador. Son tres horas y pico de operación, pero nada grave, sabes, es ya el segundo implante”. “Jo, tío, si es que eres un pringao”. Con Iván siempre me siento bien. “¡Coge las bolsitas de peladillas que me han metido los salesianos de Alcoy, para ti, para los colegas El Pibe, El Menda, el Stoner”… y el de Colombia que…” En fin, todo un satén de palabras para cubrir el momento.

Y ya en un soportable arrebato de obviedades le digo: “Un abrazo, colega y hasta pasado mañana o al otro… ah, ¿por qué carajo no escribes una letra de rapero sobre el marcapasos?”. La vocación de letrista rapero sigue viva en Iván. Es más, ahí ha descubierto en el oficio de las canciones el escondrijo donde está oculta su vida. Y a continuación me interpela con voz tonante: “Y tú, Paco de Coro, ¿por qué carajo no escribes un best-seller?”. “¡Pues toma, Iván, porque están ya todos escritos!”. “Y los que escribirán están ya todos encargados!”.

“Mañana reza un Avemaría por mí” le digo. Iván no respondió. Me ha enseñado con el tiempo a no esperar siempre una respuesta. Era el mayo de sus dieciséis años, estaba al borde de un abismo de sentimientos. Cruzando ya la Ronda de Atocha dijo: “Todas las Avemarías que quieras. Cuídate mucho, Paco”.

Introduzco la llave en la cerradura de la puerta. Doy las dos vueltas con mucha precisión, retomo mis maletas, golpeo en el umbral con fuerza, no se debe entrar en casa propia como furtivos y dos brazos que me aprietan por detrás me lo impiden. De una de sus manos cuelgan las bolsitas de peladillas: “¡Iván, de nuevo aquí!”. “¿Oye, Paco, qué es eso del Avemaría?”.
De golpe, me iba a salir una voz grave, que desapareció enseguida. Me rasqué la nariz con el dorso del índice sin que me picara. Ensimismado, hice movimientos inútiles, extraños. No sé. Tuve la impresión de no haber oído a Iván y sin embargo dije: “Tan pronto vuelva de Moncloa, te explico lo que yo sé: Por ahora di conmigo: Dios te salve María, llena de gracia, el Señor está contigo… bendito el fruto de tu vientre… Santa María, Madre de Dios… He aquí, Iván, la pepita, la almendra, el núcleo de nuestra fe, tío”.

Me reproché haber entrado en su secreto. Me había confiado una carencia, un trozo de su malestar adolescente. Deposité un beso en lo alto de su frente –tuve que brincar para dárselo- y él lo acogió como cuando chiquitillo le llevé al colegio de Salesianos, o cuando iba a verle jugar al fútbol en El Retiro…

Fue el 8 de diciembre de 1841, San Juan Bosco se disponía a celebrar misa. La cosa se podía haber quedado en eso. En una misa de la Purísima más. Loado sea Dios. Pero resultó que en uno de los confesonarios se refugió un muchacho para defenderse del frío y el sacristán se lo encontró y se encabritó porque no sabía ayudar a misa. Y le reprendió y le doró la píldora sacudiéndole con el apagavelas. El santo salió a defenderle. De pronto el chico se sintió bien con él, después de un diálogo repetido, miles de veces, a los pandilleros de los salesianos. Para cerrar su trato el santo le invitó a rezar el avemaría. “No sé”, respondió Bartolomé Garelli. Y llegó Don Bosco y, con la mejor catequesis, le dijo que fuera repitiendo lo que él dijera. Así nacían los salesianos.

Con el Iván, el Pibe, el Menda, el Stoner y el James he percibido algo de mi fundador en mí. No es la primera vez. ¡Qué bien, Javier Valiente, haber elegido como padre a Don Bosco desde pequeñajo! “Santa María, Madre Dios, ruega por nuestros stoners de Lavapiés y de Salesianos Madrid y Salesianos Sevilla ahora y en la hora de nuestra muerte”.

4 opiniones en “La Virgen de los ‘Stoners’ en Lavapiés”

  1. Siempre recomiendo un Ave Maria de emergencia cuando la situaciones tienen difucultad, es una llamada a nuestra Auxiliadora: Mamaaaa

  2. Padre, D. Paco del Coro, me impresionan tus escritos que sigo con fruición, ya intuía algo de tu sapiencia, en una excursión a la que tuve el honor de asistir y que mi hijo Paco Santos, había concertado para que tú, permiteme la familiaridad, con tus notas histórica y tu habilidad salesiana nos fueras desgranando parte de tus conocimientos sobre la histórica Sigüenza, Atienza, etc.
    Fue un agradable viaje, cargado de anécdotas y sobre todo de datos fechas de lugares recónditos para el resto de los mortales y que tú dominabas a la perfección y además con un gracejo muy especial, como suele ser el de los Salesianos.
    Gracias por estos artículos sobre Lavapies y por aquel día inolvidable… (floren)

  3. Floren…gracias…cómo se nota que somos cómplices y de la Muy Ilustre Cofradía de calvos del preciosisimo pelo y aunque infartados…felices

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