Las habilidades de nuestros jóvenes

El 15 de julio se celebra el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, como resultado de la resolución aprobada por Naciones Unidas en la asamblea general del 18 de diciembre de 2014. Esta iniciativa pone de manifiesto la preocupación por el creciente nivel de desempleo entre los jóvenes a nivel mundial, tanto en las zonas más empobrecidas como en las más desarrolladas, y alienta a todas las naciones a poner en marcha programas para el fomento de las habilidades de nuestros jóvenes.

La pandemia del COVID-19 ha provocado, entre otras muchas cosas, el cierre masivo de escuelas y centros de formación en todo el mundo. De forma generalizada, los jóvenes han demostrado su sorprendente capacidad para adaptarse rápidamente a esta situación adversa e inesperada y seguir apostando por sus sueños haciendo frente, en algunos casos, a una situación familiar que también se complicaba. Aunque estas circunstancias también han hecho más patentes las brechas tecnológicas y sociales que afectan a los colectivos más vulnerables.

Hace unos días esperábamos a que nuestros alumnos finalizasen uno de los exámenes de la EBAU, una importante prueba que han preparado con empeño, tras un curso especialmente complejo y en unas circunstancias más que excepcionales. Pensando en esta entrada, pregunté a algunos adultos sobre cuáles eran, en su opinión, las habilidades de la juventud. Entre el grupo de entrevistados había varios familiares y profesores que, sin dudarlo, respondieron: capacidad de adaptación y respuesta antes las dificultades, empatía, capacidad para el aprendizaje de nuevas tecnologías y herramientas,… Repetí la pregunta a algunos de nuestros jóvenes. Para mi sorpresa, la mayoría no sabía qué responder. Me llamó la atención la respuesta de una chica: “No tenemos ninguna habilidad. Yo, que estoy dentro, no la veo.”

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible considera la educación y la formación asuntos clave, prestando especial atención al desarrollo de competencias técnicas y profesionales, “con miras al empleo, el trabajo decente” y a “la eliminación de las disparidades entre los géneros y la garantía de acceso de las personas vulnerables”.

Ya Don Bosco lo anticipaba con las escuelas nocturnas y talleres profesionales. Aunque no se quedó sólo ahí, sino que el ambiente educativo salesiano incluye la «casa que acoge, escuela que prepara para la vida, parroquia que evangeliza y patio donde encontrarse a gusto con los amigos». Quizá intuyó la importancia de que, para construir un futuro de esperanza, ningún joven debe pensar que no tiene ninguna habilidad y, para ello, son indispensables tres pilares en el Sistema Preventivo: Razón, Religión y Amor.

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