LECCIONES de una pandemia (2):  ¿Todo saldrá bien?

Ha sido una de las frases más repetidas estos días. Especialmente dirigida a los niños, para darles ánimos en estos días tremendos en los que no han podido salir de casa. Es una frase optimista. Y no está de más ilusionarse con un futuro mejor. Sin entrar en pronósticos, que salen fuera de las competencias de quien esto escribe y del espacio disponible, siempre podemos imaginarnos que el futuro va a ser mejor, especialmente quienes estamos convencidos que el futuro, en última instancia  no depende solo de lo que podamos o queramos hacer, sino que está en las manos de Alguien que nos quiere. Pero al mismo tiempo con la certeza que TAMBIÉN depende de lo que hagamos. Esta sería la diferencia entre el optimismo y la esperanza.

Así que, puestos a imaginar, imaginemos que todo saldrá bien, con una serie de condiciones que dependerá de la implicación de todos los que habitamos este planeta. sin ánimo de ser exhaustivo.

Todo saldrá bien si aumenta la convicción que este sistema económico necesita urgentes transformaciones, por la desigualdad que genera; por el destrozo medioambiental, por las guerras atizadas a lo extenso de la superficie de la tierra en nombre de altos ideales, pero siempre a causa de rastreros intereses económicos o geoestratégicos.

Si algo ha quedado claro en esta pandemia – a buen entendedor, claro – es que solo lo público garantiza un derecho a la salud universal. Y éste no es el tema de enfrentar lo público a lo privado. Un sistema privado no puede garantizar la asistencia a tanta gente al mismo tiempo. Solo el Estado puede garantizarlo. Basta ver lo sucedido en EEUU. Y en España.

Los servicios sociales NO PUEDEN PLANTEARSE COMO FUENTE DE LUCRO. Las muertes en residencias públicas privatizadas con el mantra que lo privado siempre funciona mejor son el exponente que los cuidados a las personas son incompatibles con los intereses de empresas cuya finalidad es repartir dividendos. No hace falta ser muy perspicaz para entenderlo.

El Estado tiene que establecer un marco de referencia para la actividad económica. Y quien interprete esto como una proclama bolivariana, es que no ha leído nuestra constitución, en la que se define el Estado como “Social, democrático y de derecho”. Por tanto es responsabilidad del Estado el velar por el bienestar de los ciudadanos. Estos tiempos hemos visto a quienes siempre despotrican contra la existencia del estado reclamando el protagonismo del estado…. para reclamarle subvenciones para sus negocios.

Esta pandemia ha puesto en evidencia que la globalización debe ser corregida. Es un despropósito que hayamos dejado en manos de empresas chinas todo lo relacionado con consumibles sanitarios para mayor gloria del mercado libre.

De esto saldremos con grandes dosis de ética o no saldremos. Es decir, que hay que corregir la voracidad del mercado, que hace negocio de las miserias de todos. Es tremendo que haya algunos (el 1%), que hacen sustanciosos beneficios a costa de nuestra deuda, gracias a las disposiciones de la Unión Europea. Las leyes del mercado llevan a la acumulación, y a la codicia sin freno. Y para poner freno a estos desmanes es necesaria la intervención de la Ley, que solo el Estado puede asegurar. Solo el Estado puede obligar a las zorras a respetar a las gallinas. El pasado está lleno de ejemplos.

Es necesario pensar la economía en función de los últimos. Esto lo dice el Papa Francisco insistentemente en sus encíclicas, homilías y discursos.

Reflexionando en tanto que educadores cristianos, tenemos la responsabilidad de educar para un cambio de modelo que beneficie a los últimos. No olvidemos el criterio de oro: “Tuve hambre y me diste de comer…” No podemos aplaudir a quienes proponen la supresión de ayudas sociales, recortar impuestos a las grandes fortunas, adelgazar el Estado… porque sencillamente  va contra los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia. Sorprende escuchar exaltadas protestas de algunos eclesiásticos, vejados porque no pueden hacer sus procesiones por el estado de alerta, lo que consideran un atentado a la libertad, pero jamás levantaron la voz cuando miles de familias eran desahuciadas por leyes y prácticas abusivas, o se elaboraban leyes que favorecían la precariedad laboral. Parece que el culto es lo que más les preocupa. No es ésta una falsa disyuntiva, pues el verdadero culto debe llevar a la práctica de la justicia.

Los cristianos tenemos un enorme potencial transformador. Y los cambios no solo deben ser personales, como lo dicen sucesivos papas en sus encíclicas sociales. Los cambios deben de ser estructurales. Estas estructuras de pecado como las llamó Juan Pablo II deben cambiar y dejar de hacer tanto daño. No podemos limitarnos a la asistencia puntual – que es necesaria – sino que hemos de llegar hasta las causas de la exclusión y desigualdad. No podemos tampoco desvirtuar la caridad. Vicente de Paúl decía hace siglos que sin justicia no puede haber caridad. Las cosas se ven de muy diferente manera desde el lado de los que sufren. Y no podemos dejarnos engañar por las etiquetas de católicos que algunos enarbolan para esconder políticas que suponen exclusión, sufrimiento y desigualdad.

No olvidemos la denuncia reiterada de los profetas de Israel frente al culto que quiere tapar las injusticias. Es cierto que el culto puede ser falso y llevar al engaño, pero el buen Samaritano no se equivoca nunca. Aunque no sea de los nuestros.

3 opiniones en “LECCIONES de una pandemia (2):  ¿Todo saldrá bien?”

  1. Miguel totalmente deacuerdo contigo.Bajo determinadas causas,los cristianos hemos votado a determinados grupos. Qué duro tener que pasar esta circunstancia,para ver determinadas cosas.
    s

  2. Leyendo esta reflexión creo haber encontrado por fín un soplo de aire fresco dentro de este ir y venir de proclamas absurdas y egoístas de todos los que lejos de aportar ideas, desean la humillación y el desprestigio de sean quienes sean , los que tienen que asumir la tarea de tomar tan dificiles decisiones desde todas las instituciones del país.
    Que fácil es desde la barrera, criticar las decisiones de quienes trabajan con estos mimbres, una sanidad empobrecida tras años de recortes y unos servicios sociales en estado tan precario como tenemos ahora.
    Es hora de unidad como ciudadanos para salir con fuerza y ánimo de esta situación.Es momento para dejar de eludir obligaciones fiscales, con las que se atiende lo costes mas importantes de nuestra sociedad, de tratar de velar por las condiciones laborales de todos, dignificando el trabajo de nuestros hijos y asumiendo que tenemos todos un papel fundamental en la reconstrucción de nuestra sociedad.
    Este sistema que vivimos favorece la desigualdad y el individualismo en grado extremo, por ello debemos de valorar el esfuerzo por mejorar las condiciones sociales de los más desfavorecidos y que en estos momentos de crisis sanitaria están sufriendo tanto y tan solos.
    No nos miremos al espejo y abramos los ojos a esta nueva realidad. Es momento de trabajar y tomar decisiones pensando en todos.
    Me enorgullece la actitud de quienes desde dentro de la comunidad cristiana se enfrentan a sectores retrógrados que incitan a prestar apoyos indeseables a quienes de ninguna manera los merecen .

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