Libertad y expresión

La libertad tiene límites: la libertad de los otros. La expresión de la libertad nunca puede comportar avasallar la dignidad de los demás.

Nos define como seres humanos, como personas. La Historia es el recorrido por la lucha de hombres y mujeres para conseguirla. La libertad nos asemeja a Dios y es la capacidad de las personas de actuar, elegir, según sus propios valores, según su razón y voluntad. Es un bien preciado, pisoteado muchas veces, que da sentido a nuestra vida y nos permite desarrollarnos como personas. Un bien, un valor, que se concreta en muchas otras libertades (religiosa, de expresión, de prensa, política…).

Un elemento fundamental de las sociedades democráticas es, precisamente, la libertad de los individuos. Si falta esta, no es posible la democracia. Y un sistema democrático será más pleno en la medida en que cuide, proteja, favorezca, la libertad de sus ciudadanos.

Por eso, creo, tenemos que ser más sensibles a los posibles ataques a la libertad y darnos cuenta de lo que se juega en ellos. Escuchamos declaraciones de líderes políticos o contemplamos acciones violentas que deterioran nuestra libertad. Y perjudican nuestra vida en común.

La responsabilidad de ser libres

Y es que ser libres comporta responsabilidad. Aunque parezca contradictorio, la libertad tiene límites: la libertad de los otros. La expresión de la libertad nunca puede comportar avasallar la dignidad de los demás. No es algo absoluto, pues vivimos en sociedad, y si exijo ejercer mi libertad, debo respetar el derecho de los otros. Solo así es posible la convivencia.

Esa responsabilidad personal también afecta al esfuerzo por estar informados. Elegir, decidir, ejercitar nuestra libertad, supone tener acceso a una información veraz sobre los acontecimientos, situaciones o personas. En esta tarea deberían ayudarnos más los medios de comunicación que, en su pluralidad, deberían darnos una visión lo más imparcial posible de la realidad. Por desgracia, no siempre es así. Acudimos a las redes sociales donde, especialmente, abunda el ruido, la descalificación, y es difícil encontrar opiniones informadas que nos ayuden a reconstruir la verdad. Una situación que favorece, a veces, la manipulación. Frente a ello, hay que seguir apostando por la educación.

A través de la educación, la Familia Salesiana contribuye a formar a las nuevas generaciones para el ejercicio responsable de su libertad. Nuestros colegios, plataformas sociales o centros juveniles, se esfuerzan por ofrecer una educación en valores, que parte del respeto a todos. Nuestros centros trabajan por la inclusión, atender a la diversidad, formar a los jóvenes para que sean constructores de una sociedad más justa, más libre. El “honrados ciudadanos” de Don Bosco, desarrollado en cada contexto histórico, supone esa participación en la construcción del bien común, de querer el bien para todas las personas. Pero para nosotros no se entiende completo sin el “buenos cristianos”, el componente que abre a la trascendencia, y que incide en la formación de la propia conciencia para elegir el bien a la luz del mensaje de Jesús de Nazaret.

Fuente: Boletín Salesiano

 

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