Los olvidados de una sociedad narcisista: los mártires de hoy y de siempre

“La acción no es una capacidad optativa de los humanos –escribía Savater– sino una necesidad esencial de la que depende nuestra supervivencia como individuos y como especie”. Pero es una pena que nuestro actuar está en dependencia directa con un egoísmo exacerbado y lamentable, es que “vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista”, constata Byung.

El martirio del joven Akash Bashir, llama poderosamente la decisión de haber actuado y haber “abrazado” a un suicida y morir. ¡Terrible final! Y me he preguntado ¿quién le dio el valor para actuar en favor de los otros e inmolarse?

Un estudio de psicología concluía que “el ser humano es en muchas ocasiones egoísta… Inconscientemente damos más prioridad a unas personas que a otras, y esto a veces se traduce en que nos acordemos o no de su nombre”. Los mártires de hoy y de ayer, se han olvidado de sí mismos. Lo triste es que nosotros nos hemos olvidado de ellos.

Un autor del siglo II escribe: “Los cristianos pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Y de ahí nace una característica distintiva: la alegría repleta de esperanza y de seguridad… Por esto van al martirio alegres perdonando y amando a quienes les quitan esta vida, pero les abren la vida de su patria propia”.

La Iglesia de hoy –dice el Papa– es una Iglesia donde hay más mártires cristianos que en los primeros tiempos. Los cristianos son asesinados, torturados, encarcelados, degollados, porque no reniegan a Jesús.

En estos meses se escuchan los nombres de mártires y sus historias pueden ser fuente de renovación para nuestra Iglesia y para la Familia Salesiana. Presento a algunos de los salesianos mártires que hoy se convierten en testigos para otros jóvenes.

El Padre Tito Zeman: mártir por las vocaciones

Tito Zeman “fue santo y murió mártir”, escribía un testigo. Los motivos por los que siempre actuó en su vida fueron el amor a las almas y la salvación integral de la persona. “No considero –decía– despreciar mi vida, si alguno de los jóvenes a los que ayudé se haya convertido en sacerdote”. En plena II Guerra Mundial decide salvar las jóvenes vocaciones y durante la tercera travesía en abril de 1951 fue detenido. Estuvo en la cárcel durante unos largos 13 años, donde fue severamente torturado, ridiculizado, humillado. Muere en 1969. El papa Francisco autorizó el decreto: el martirio del Siervo de Dios Tito Zeman.

El Padre Rodolfo Lunkenbein y Simão Bororo: mártires por su pueblo

Don Rodolfo Lunkenbein era un misionero alemán en tierras brasileñas. En su visita a Alemania en 1974, su madre le rogó que tuviera cuidado, por los riesgos que corría su hijo: ‘Mamá, ¿por qué estás preocupada? No hay nada más hermoso que morir por la causa de Dios. Este sería mi sueño’”. El laico Simão Bororo Meruri fue misionero de la Palabra de Dios. Encontró la muerte el 15 de julio de 1976 intentando defender la vida de don Lunkenbein. El martirio de Lunkenbein y de Bororo, testimonian que hay hombres que viven con radicalidad el Evangelio y que son más fuertes que el mal.

Akash Bashir, antiguo alumno salesiano “explotó” con su atacante

Uno de aquellos mártires de nuestro tiempo se llama Akash Bashir, joven antiguo alumno salesiano. El 15 de marzo del año 2015 sacrificó su vida, abrazando a un atacante suicida, para evitar que al entrar a la iglesia de San Juan en Youhannabad, un barrio cristiano, en Lahore, pudiera explotar y matar a cientos de cristianos. “Yo –escribe don Francis Gulzar, párroco– he sido testigo del trágico ataque suicida en mi Parroquia, mientras celebraba la Santa Misa, con más de 2.500 fieles. Akash era el encargado de la seguridad en la entrada de la iglesia. Con valor detuvo a los camicaces, incluso cuando uno de los suicidas mostró su chaqueta llena de explosivos exigiendo a Akash dejarles pasar. Pero Akash tenía un amor grande por su Iglesia y con la fuerza del Espíritu Santo no pensó en salvar su propia vida. Inmediatamente comenzó a detener y no dejarlo pasar, hasta que el terrorista se inmoló. Akash murió en ese momento, pero salvó a muchos fieles con ese valiente acto de amor”.

La única razón que entiende un mártir es la fuerza del amor. La sangre del mártir es la misma sangre de un Dios que es amor infinito.

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