Madre Agua Alcarria

Primavera de chorreras torrenciales

Me ha parecido una forma curiosa de regresar, tal vez incluso de una forma hermosa: un poco cada vez, un poco cada vez.

Me parecía una manera feliz de volver.

Cuando, por el contrario, os habéis ido marchando, dice.

Luego, cierro los ojos. Adormilado, que nadie desaparece para morir, aunque haya alguno que lo hace para matar.

El caso es que estoy en el Cerro del Campo.

Quizá me atrajo el desafío, sin duda me agrada dedicarme a una leyenda nuestra. Sin titubeos.

Me pregunto si tiene sentido oponerse a la inercia del destino y me he dado cuenta de que le bastan diez minutos para hacer que todo acabe en ruinas.

– Se trató de una inexactitud del corazón, bajando el Ocejón.

Estamos muy cerca de las chorreras del Sorbe.

Es el momento de pronunciar palabras que se habían quedado rezagadas por el camino y que ahora se amontonan tardíamente, desprovistas de cualquier sonido.

Vivimos con la ilusión de recomponer lo que el movimiento humillante de un infarto ha desbarato.

Muchos en Guada, querido Javier, nos percatamos de la espectacular capacidad con que sabía esconder la fuerza de la que disponía, las ilusiones de las que era capaz y la ambición medida, que era matemático, a la que estaba dedicando su vida.

Me refiero a Daniel Martínez Batanero. Un jugador profesional de la vida, que ganaba con cartas visibles bien marcadas. Un fantástico tahúr de honradez, “hombría de bien”, honor a Dios y a la patria.

Estar aquí en las chorreras de Despeñalagua –esas cascadas formadas en el cauce del arroyo de la Chorrera–, afluente del río Sorbe– con Dani Batanero, lo interpreto como un gesto de resumen, el compendio de lo que he llegado a pensar de las “Madres Agua Alcarria”.

Después de tantos meses de confinamientos siento la ropa ligera, las manos un poco distraídas, el viento que aquí golpea muy capaz de tomarme entre sus brazos. Sin libros ya no peso nada. Pero sin mis amigos de Guada mucho menos.

Hacemos senderismo.

Una vez más me entrego a un rito de la mente, donde revisamos algunas de nuestras certezas, tan inciertas. El futuro llega con otras variables.

Es decir: el ánimo liberal, la curiosidad abierta, el espíritu rompedor. Así, sin estruendo, como una especie de lamento y llamada.

O sea, Dani, que has convertido esto en un santuario de colegas y en un refugio de proyectos, nada voluntaristas. Las inmobiliarias de los Cercadillo tienen un socio currante, sin conservantes ni colorantes. Mayoritario. Con poder, mucho poder. Y es lo que llaman en los negocios un matador: Luis Fran Guijarro, a quien yo le pedí, después de los infartos y medio muerto, en el Paseo de San Roque, que me sacara adelante, y se trajo al Isi, al Julito Cámara, al Javier Solano, al Utrilla, al Orea, al Rebollo, al Ernesto Calmarza y al Rodrigo.

Ya sabes, chico, mi blog quiere ser un portavoz pertinaz, y pesado, y hasta impertinente: “Chicos, ¡esa Ciudad Museo de Antropología y Etnografía de La Alcarria! ¡Chicos, ese Pueblo alcarreño del Castellano! (1. El pueblo del libro (El legado a conservar); 2. La escuela de cultura. La lengua a enseñar a nuestros avecindados de otros países).

¡Qué bien la Ciudad del Transporte!

Qué bien otras realidades humanistas y humanitarias por venir.

Como las “chorreras torrenciales” de la Sierra Norte de Guadalajara.

Me llevasteis con vosotros a Canal 19, porque yo también apesto a Alcarria. ¡Quieres tú más a La Alcarria que nosotros” –me decía Diego Toledano hace poco. “– La Alcarria sois vosotros. No es verdad que ese todo sea algo sin vosotros, las quintas del 1977 al 1985”.

Lo importante es aquello que hacemos ya con nuestras circunstancias.

Lo importante es establecer algo que vaya más allá de la amistad, de la familia, del colegio… esas “chorreras torrenciales” de las raíces ancestrales, ese “cruce” (alcarria) de íberos, celtas, romanos, árabes, judíos, cristianos.

Madre Agua Alcarria”.

Me asomo de puntillas, hoy, a la “Madre Agua Alcarria”, desde Valverde de los Arroyos, de la mano de Dani y quedándome con la almoneda de unas tradiciones seculares y de más historias hasta militares en el Norte de África con “Los Laborda”. Sara Barceló, con Juan padre, ansia infinita los dos de ciencia e investigación, que inauguran otras magnas biografías en su biografía, la de Sara junior y la de Juan, abanderado decidido siempre a plantar y regar los derechos de tantos hombres que no gozan de derechos. Sólo él sabe extraerle hasta el último destello del alma a cada palabra, a cada voz, a cada idioma, en el colegio Estudio o fuera de él.

Saltan impetuosas las chorreras de Despeñalagua.

Las aguas del presente circulan hacia el porvenir.

Hombres complejos, de nervios siempre alerta, de vasta cultura y mirada de águila, resultan difíciles de clasificar.

Creo en ellos y en sus historias, desde muchachos, eso es lo que respondo a algún político, invadido de prejuicios y a algún canónigo de lengua larga, cuando me preguntan si tengo fe en Dios.

No voy a tener fe en Dios, si me fui con ellos con 18/19 años a Lloret de Mar, para escucharles sin propósito y aprender a comprender la vida que estaba escrita en sus caras, en las discos, en el hotel, en la playa.

Amigo Javier, se escurren como anguilas para los eruditos que traten de reducirlos a una ficha e instalarlos en los desvanes de la judicatura, de la historia, de la literatura, de la medicina, del cine, de la política, de la empresa.

Madres Agua Alcarria

María Dolores Sánchez, junto a Luis, registradores coherentes de todo aquello que les ha ido ofreciendo La Alcarria y lo que ellos han regalado. Luis padre hizo de su cabeza una cabaña para pensar y de su ánimo una caja de dinamita inmisericorde contra cualquier injusticia. Sus chicos Inmaculada, Dolores, Miguel, Carmen y Luis Junior –al que yo conocí por primera vez jugando a ping-pong y con un ojo a la virula, resultado de… –brazo de mar, cuyo trabajo asombra no sé si más por la fecundidad o por la calidad.

Si “pasión por la verdad –escribió Madariaga– es la vera esencia de la vocación del escritor”, pasión por la justicia es la vera esencia de la vocación del abogado.

Mientras escribo esto, pienso en Javier Martínez Atienza, Joseli Martín Gálvez, Arturo Orea Rocha, Rafa Clemente, Luis Leandro, Juanjo del Horno, Jaime y Javier Simón Lamparero, Aureliano Urtiaga y Olalla.

Corre el tío invierno por el aire, no cede y hace que la tierra cruja bajo nuestros zapatos.

Dani ahora pone gesto de complicidad.

– Qué sabes de Iñaki, tú estás en Madrid, vives cerca del Congreso y yo me siento aquí como alguien que está de regreso a sus orígenes, sin salida.

Cribo la pregunta, la descarto entera.

– Volvimos juntos de tu funeral en la concatedral.

– No para, ¿sabes?

En la cara viene brusco el aire desde el norte. Me vuelve a “Madres Agua Alcarria”.

Y me topo con Filo, la señora Filomena Ibañez, palmatoria de luz de Ana, José Luis y JuanFran, el salesiano más deportista y el deportista más salesiano, manos enrojecidas por las cuerdas de las redes del voleyvol, pelos blanqueados por la sal del sudor y sonrisa dirigida hacia el pelo removido de sus jugadores, campeones provinciales, regionales, nacionales: Paco Andreu, El Tole, El Mario San Jacinto, Acebrón, Moratilla, Méndez, Ubeda Mira, José Mª Guijarro, Carlos Pouso, Corti, Samuel, torrente de ilusión, técnica y juventud.

Dani y yo seguimos caminando.

La tierra de Despeñalagua a nuestro alrededor nos va dando la bienvenida y nos empuja hacia lo alto.

Madres Agua Alcarria”.

Isabel Sevilla Navarro. Es alta, no lleva cachivaches en los dedos, ni en el cuello. Es despierta, lista y amiga. Cuando la conocí la miraban en la calle, pero ella miraba primero.

Amigo Javier, esto me lo invento. Isabel te pesa en la balanza de sus ojos ágiles y te considera escaso o sobrado. A mi me tocó lo segundo.

¿Qué tengo yo de digno de ser mirado? Nada, absolutamente nada, una cara de cartón de embalaje, porque trabajo desde hace ya muchos años en una buhardilla, las más de las veces con el cristal roto, por tanto al aire libre.

Le gustaban mis historias. A los jóvenes les gustan las historias, también hoy. Que se lo digan a mis “nietos”: Diego y Sara “Tole”, “Nachos mil y Tonis mil”. Isabel gozaba de veintitantos años entonces, como Aurelio su marido. Se apuntaron a mi misa de los sábados por la tarde en Salesianos Guada y, a veces, venía acompañada de sus padres: Carmen y Julián.

Las tierras de Valverde tienen ansia de altura, de cielo. Empujan las laderas hacia el impacto para levantar las crestas.

Virginia Hernando, desde chiquilla, junto con toda su familia, una de mis casas más cercanas. Fueron todos como el arranque de una canción, de la que aprendes la música al vuelo y más tarde la letra.

Pienso en aquellas veladas nocturnas. Tantas cosas que contar, mucha vida que compartir, donde presidía Luis Hernando padre y Raquel –noble, sincera, cariñosa– y de mi quinta y el impulso “bulle-bulle” de los chicos: Luis, Raquel, Rubén y Jezabel. La alineación de los siete “Hernandos” me empuja a un principio de sonrisa en los pómulos. La geometría de las cosas alrededor me provoca coincidencias, encuentros.

Dani, me vuelvo a Madrid.

Ahora contigo aguardo el sueño y pienso en ese cielo de La Alcarria.

Qué Alcarria, pregunta. El del mundo, digo: la lavanda, la vela, la cruz, las chorreras, el jabalí, los salesianos.

3 opiniones en “Madre Agua Alcarria”

  1. Tantas cosas contadas, tanta vida compartida, tantas cosas por contar y tanta vida por compartir. Con las vidas de la Alcarria siempre en el alma. Bonito homenaje. ¡Gracias, Paco!

  2. La verdad que cuando coges la pluma no es la mano la que escribe cada palabra, es tu corazón que expresa tanta vida llena de ilusiones y de experiencias compartidas con tu querida Alcarria.
    Gracias por expresar lo que vives, lo que sientes, lo que eres y lo que serás. Así es como te queremos todos.

  3. Parece mentira como cuando tú cierras los ojos, los demás vemos y sentimos lo que vivimos. Dices que te adormilas pero despiertas recuerdos, evocas situaciones que regresan y nos acompañan. Dios quiera, con Daniel a su lado, que la vida nos permita más momentos que revivir después. Un abrazo.

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