MAGICAL MISTERY TOUR

Viaje mágico y misterioso

Nunca, nunca, han pasado tantas cosas como en 1968.

Te las quiero soltar aquí en la cabeza, amigo Javier. Porque estoy alelado. Y quiero que te las quedes todas.

Alelado.

No podemos huir de ese mundo que borra los años de las montañas para ponerlas debajo de las ruedas del ferrocarril.

Que los bosques cortados claman venganza de noche a las estrellas.

Repensar la vida no es vivir de recuerdos. Repensar la vida es un asunto más largo, más lento, más delicado. El primer problema de la aventura de vivir es confundir la seducción con jugar a darse importancia y malversar por el camino tantas promesas, cambiando el geiser original por un penco muerto, hinchado de mentiras y vanidad.

Quiero sencillamente darte porqués a mi intrahistoria. Renunciar a ellos es un desperdicio. Pueden sonar a justificación, pueden acampar como atenuantes. Pero no. Yo no sé atenuar.

Conocí a muchos, también de los nuestros, que apostaron, que lucharon y que ya no hablan, y que ya no responden, y que guardaron las razones en el cuerpo muerto.

Nosotros somos los que hemos quedado como simples respuestas. Nosotros, digo, y no sé a quien estoy metiendo en esta conserva del nosotros.

Nunca han pasado tantas cosas como en 1968, ni siquiera en 1492. Que si la toma de Granada, que si el Descubrimiento de América, que si la unificación del Reino de España.

En la garganta trago saliva y ahogo la voz.

Mil novecientos sesenta y ocho: 1968.

Fue el año de la matanza de estudiantes de Tlatelolco, Masiel ganó Eurovision, Robert F. Kennedy fue asesinado en un hotel de Los Ángeles, los soviéticos invadieron Checoslovaquia, los Black Power, en las Olimpiadas, levantan el puño en silenciosa protesta por el racismo y tres hombres: Jim Lovell, Bill Anders y Franck Berman dieron la vuelta a la luna en el Apolo 8, mientras que la superficie lunar fue transmitida por TV, a través de la conexión en Robledo de Chavela.

Y cuando me da por sentir que mi tiempo ya es poco, pienso en el que discurría en aquel 1968.

El mundo se vuelve loco mientras nosotros escuchamos una y otra vez Magical Mistery Tour, el disco de los Beatles, que nos invita a emprender un viaje mágico y misterioso, que, según marca la letra, te está esperando para llevarte “muy lejos”. “Coge el día de hoy”, finaliza la canción.

La vida se hace sitio.

El sol empieza a llamar fuera de las ciudades, de los pueblos, de las casas.

Desde pequeño le debo más a la curiosidad que a la resignación.

El 3 de marzo de ese año me ordeno de sacerdote en Salamanca.

Concluyen así mis comentarios dominicales en Radio Nacional de España, en la misa para enfermos, retransmitida desde la iglesia de Sancti Spiritus, iniciados en 1965, para saltar a la parroquia de Cabrerizo y pringar de mi entusiasmo a todos los fieles en la misa de doce.

El guion –mi guion– se sale de los aplicados estudios teológicos. Da igual, oye. El resultado será un dulce incienso a la palabra.

Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), es mi lema, mi manera de estar en el mundo, a través de un gesto liberador y universal e individual. Nadie me lo enseña. Es y será un instinto.

Ahora, a los veintiséis años, desconozco los abrazos nuevos y decido esperar. Estoy alerta, aprendo a recorrer los rostros de un grupo en instantes aquí en la parroquia de San Vicente mártir. Amigo Javier, hoy hay sistemas que enseñan la lectura rápida de libros; yo, sin ir más lejos, empiezo a saber leer una multitud al vuelo, para ir adaptando mi homilía sobre la marcha.

El púlpito y la tarima de las enseñanzas medias serán mi mejor pértiga.

Armado con esta fe, me envían a Madrid, para pasar el verano.

Armado con esta fe uno puede, si no mover montañas, al menos mudarse a la Institución Sindical Virgen de La Paloma y, desde allí, frecuentar todas las mañanas la Academia Mangold, en Gran Vía, para “darle” al francés cinco horas. Me acompaña Jesús Gerra Ibañez.

El tiempo se encabrita como un caballo, como un aplauso, como un torbellino veraniego.

El “long play” de los Beatles provoca la ira de censores y prensa, no sólo en España, que ven una invitación a la droga, no sólo por las letras del álbum, sino también por la música psicodélica y estereofónica del cuarteto de Liverpool, que suena de forma original.

Mi sacerdocio, recién estrenado, es ágil en su origen, pero tan convencido de encarnar la justicia poética del pueblo, que había descuidado un poco, sólo un poco, el reúma natural de las clases populares. Al convertir las palabras en fuego alguna me tenía que arder mal en las manos. Hela aquí.

Cierta tarde salto de un taxi por la plaza de San Francisco el Grande.

– Cóbrese, porfa –le digo al taxista–, quédese con la vuelta.

Arde un auto en medio de la plaza acordonada.

Corro al fuego sin pensarlo dos veces.

– Tengo que dar la absolución –pienso–. Seguro que hay alguien dentro.

– ¡Está usted loco, señor! –chilla, mortificante, un guardia civil.

Me atrapa por detrás, como un garfio de acero, y me lleva con él, porque apesto a inconsciencia y a muerte.

Tengo la sensación de que el aire caliente tiene espíritu.

La gente grita espontánea eso que está en el aire.

El viento es sólo fuerza que atiza el fuego y empapa de humo los ojos y los pelos de cabeza y bigotes. No pienso en nadie ni en nada. “Hay que dar la absolución”. Soy la última hoja de cualquier árbol de la plaza y me puedo desprender sin necesidad de empuje. A gloria del sacerdocio católico, amén.

El lúcido arranque del guardia civil me libra de la explosión.

– ¡Es usted un inconsciente! ¡Hay que ver!

Llego a pensar que ser cura católico e inconsciente es lo mismo.

Retumba un estallido mareante.

Que Freud abra el campo interpretativo de mi impulso vital.

Quedo chamuscado por dentro y termino por pisarme la sombra, después de resistir lo más difícil: vencer la resistencia al salto mortal de perder la vida.

Tengo que pulir maneras.

Me espera un viaje mágico. No sé.

Desconozco cuál puede ser el mensaje que quieren transmitir los Beatles, pero Magical Mistery Tour se convierte en un himno a la rebeldía, a una nueva estética, que venía de la mano de los “hippies”, Carnaby Street, los chicos de Liverpool o de Bob Dylan.

Bob Dylan, esa voluntad de estilo, confundiéndose en la protesta y siendo la misma cosa que interpela: Arpa d´or dei fatidici vati, perché muta dal salice pendi? O lo que traducido dice: ¿Qué hace el arpa colgando muda del sauce? Dylan es Dylan.

Cuando preparábamos esa misa mayor radiofónica en Salamanca, Sandra, la directora del programa, revolvía en los discos de la emisora con dedos instintivos, mientras canturreaba algo que, ahora sí, ahora sí sé, era uno de los sones de la Línea del Horizonte.

Los dedos de Sandra rebuscaban con ritmo. Era el primer álbum de Dylan. Encontraba algo de lo que quería y lo agitaba ante mis narices.

Dylan es Dylan. No es folk, ¿sabes?, decía en tono radiofónico.

Siempre hablaba como retransmitiendo.

Roll up, roll up, for the mistery tour!

¡Enrólate, enrólate, para la mágica gira!

Me quedaba aquel viaje mágico y misterioso al que nos invitaban los Beatles con una “satisfacción garantizada”. No sabíamos bien en qué consistía, pero seguro que merecía la pena. Sobre todo viendo la portada en la que los cuatro aparecían con máscaras y cubiertos de pieles de animales, haciendo un gesto de bienvenida.

Magical Mistery Tour”.

El experimento acumuló demasiados enemigos por dentro y por fuera, en un galope loco. Aunque, amigo Javier, los más letales resultaron ser los de casa, pues nunca los destruyes del todo y siempre dejan fantasmas de contrabando para recordarte tus mismas profecías malversadas.

Ya me lo advertía mi padre desde pequeñajo: ¡Guárdate de tus tías, esas beatas, Paco! ¡Cuánto más beatas, peor!

Ahí siguen ululando los de entonces, los de siempre.

Roll up, roll up.

Nunca han pasado tantas cosas como en 1968.

Fue el año del asesinato de Martin Luther King junior en Memphis. Los estudiantes tomaron las calles de París en mayo. Nace Hugh Jackman y nace con él la saga X-Men. Los Rolling Stones graban Jumping Jack Flash.

El 3 de marzo me ordena de sacerdote católico Mons. González de Arbeláez en Salamanca. Al día siguiente, celebro mi primera misa en la capilla de las religiosas de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. El 12 de septiembre recibo destino escrito del provincial Maximiliano Francoy: “Va usted destinado a Roma. Estudios de Sagrada Escritura”. Magical Mistery Tour a la vista.

El viaje mágico y misterioso consiste en saber soltar con verbo de acero lo que la gente quiere ver vivido, abriendo en cada pecho un estigma de fe y de esperanza, y cumplirlo todo finalmente en beneficio de una causa aún más alta, concretada en las bienaventuranzas del Sermón del Monte. El día 22 de septiembre llego a la Estación Termini de Roma, tras dos días de tren, con parada en Barcelona-Horta. Los globos no suben con el lastre dentro. “Coge el día de hoy”, en Roma. El nuevo Magical Mistery Tour nunca sonará a melodía gastada. “Coge el día de hoy”, en Madrid.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.