Mujeres, hombres y viceversa

Y así, poco a poco, el viernes es 8 de marzo. Día de la Mujer Trabajadora. Recuerdo de un hecho terrible, de esos que nunca deberían haber pasado, ni deberían volver a repetirse. Y aquí, en el autobús, en uno de mis incontables viajes, me he puesto a pensar en ello.

Mujer y trabajadora… ¿Acaso hay alguna que no lo sea? Fijo que sí. Pues en el mundo hay bastantes personas que tienen la suerte de tener a su disposición a otras que le hagan los trabajos, y vivir así de una forma tranquila y desahogada. Mujer trabajadora soy yo, que no pertenezco a ese pequeño porcentaje… ¿Por qué he llegado hasta aquí? ¿Cómo he llegado a serlo? Creo que porque yo he tenido la suerte de no haber sentido ninguna cortapisa en mi camino.

Y he vuelto al principio y he ido desgranando mi trayectoria. Las personas que me acompañaron o, mejor decir, me impulsaron. Mis abuelos, que animaron a su hija, mi madre, a hacerse maestra. Mi madre, que siguió trabajando toda su vida; cosa natural en nuestra casa. Mi abuela paterna, mujer de armas tomar y que trabajó y trabajó hasta el final. Mi padre, animador por excelencia. Animó a su mujer a montar su negocio, a sus hijas a estudiar, a escribir libros, a conducir y a pilotar aviones, no; porque no había presupuesto. Mis educadores-hombres y mujeres-que me miraron siempre con buenos ojos y me dijeron que en mí no había límites; que siguiera mis pasiones.(Buenas ¿eh?)… En mis amigos/as y compañeros/as de fatigas. Nunca percibí diferencias entre unas y otros por el hecho del sexo con el que habíamos nacido; ni en las juergas, ni en los campamentos, ni en las mil guerras que hemos vivido juntos… Los salesianos y salesianas que vieron en mí, mi alma y me han ofrecido continuamente su aliento y su confianza…Y ¿mi pareja? ¿Qué puedo decir de la persona que se quedó en casa cuidando a nuestros hijos y haciéndolo mil veces mejor que yo lo hubiera hecho? Mi pilar, mi compinche, mi «alter ego»… Y ¿qué puedo decir de mis hijos, hombres los dos? Que, por la cuenta que les trae, espero que sigan mirando a cada persona como lo que son: personas.

Porque eso es lo que me he ido encontrando a lo largo de mi camino: personas. Hombres, mujeres o viceversa ¿Qué más da! Personas que miraron a los otros como personas. Y eso ¿de dónde viene? ¿se alinearon los planetas cuando yo nací? Yo creo que es fruto de haber tenido la suerte de escuchar la Buena Noticia de Jesús: todos somos diferentes, pero todos iguales. Hombres, mujeres, altos y bajos, del norte y del sur…

Por eso, en este 8 de marzo, quiero brindar por todas estas personas que miran al alma y tratan de hacer a los demás la vida más fácil con su generosidad. Y, sobre todo, por todos los hombres de mi vida, que son incontables, y han hecho esto conmigo. ¡Va por vosotros! ¡Feliz 8 de marzo, compañeros!

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