NIPACE: El milagro de poder andar

Había una botella en el centro de la mesa. Mientras el padre –“Don Antonio”– navegaba por el futuro, Ramón se veía dentro de la botella, tratando de flotar en el agua. Él quería que Ramón fuese hombre de mar. Pero un hombre de mar hecho y derecho, claro, de mar Náutico, decía él rotundo y redondo. Era su manera de hablar, el estilo “Rebollo 103 Guadalajara”, con forma de precisión personal y contundente. Un marinero Náutico, no un pelanas, no un polizón, no un pringao, siempre con la soga al cuello. Entre los hombres de mar se dice: Hay vivos, muertos y marineros. A lo que “Don Antonio” añadía marineros Náuticos.

            Me fascina el relato de Ramón. Lo veía de esa manera, metido en la botella, sacando la cabeza por encima del agua. Siempre era así. Lo que él contaba estaba sucediendo. Iba a suceder. Y ese día, aunque no lo parezca, nacía el sueño de NIPACE (Niños Parálisis Cerebral). La fundación.

            En Guadalajara no había estudios náuticos, por lo que “Don Antonio”, decía que había movido los hilos para buscarle acomodo a Ramón en Bilbao, donde sí se mantenía una Escuela de Náutica. Mientras tanto quería que Ramón estudiase. Lo que fuera, pero que estudiase. Lo que fuera, pero que estudiase. Ramón callaba. Estaban todos rumiando, más que comiendo: Don Ramón, Doña Nieves, Toñín, Ramón y Ana. Él, Ramón, ya estudiaba en Salesianos Guada. Ni más que nadie, ni menos que nadie. Hasta se había propuesto leer casi todos los libros que pasaban por las manos de su maestro y tutor Paco de Coro que operaba en sus clases al estilo “arcoíris”, iluminando en un mismo espacio la historia de España, la lingüística, la etnografía, la historia del mundo moderno, la geografía económica y social, y hasta la religión. Salíamos después de recolecta todos los fines de semana para mil actividades conjuntas. Todas las horas libres. El ocio era el trabajo.

            ¿Qué tengo que hacer para colaborar más con los compañeros?, me preguntó Ramón.

            ¿Qué tal andas de vista?

            Bien, bien, respondió el chico, intrigado.

            Pues lo único que tienes que traer es un suplemento de vista.

            Ahí es nada y tal y qué sé yo, decirle a Ramón Rebollo lo del suplemento de vista.

            Y fue pasando el tiempo. ¿Y Ramón? Ramón dijo que le gustaría seguir en el negocio de su padre. Tener un Área de Restauración en el 103 de la A2, Madrid-Zaragoza-Barcelona, como una catedral alcarreña o como un Corte Inglés, interregional hasta Cierto Punto. ¿Y no prefieres ser un marinero Náutico? Él hablaba así, en Cierto Punto, a su manera, pero siempre sabía lo que decía.

            ¿Qué es eso de Cierto Punto?, le pregunté a Ramón.

            Es el lugar en el que hablamos los surrealistas, Don Francisco. En Cierto Punto del Espíritu. El abuelo Antonio, mi padre, no era surrealista, pero hablaba en Cierto Punto.

            Yo marché al País Vasco y unos treinta años más tarde, volví a La Alcarria llevando en la mochila además de tres infartos múltiples la credencial de mi vejez. Toñín, Ramón y Ana habían formado familias. Pero Ramón, el motero bulle-bulle y mamoncillo de las giras a Blanes, Lloret de Mar, La Barceloneta…

            Pero, además, Ramón ahora tenía una bitácora en su magia y allí dejaba todo registrado. Por así decir, lanzaba las redes al mar con la esperanza de que en uno de los lances viniese otro hotel, otro restaurante…

            ¿Una fundación? ¿Y para qué?

            El 10 de noviembre de 1998 nace Raquelilla, hija de Raquel de los Santos y de Ramón Rebollo, afectada de parálisis cerebral, nace el motor de NIPACE, nace la mejor de las vidas y nace el asombro de toda la familia Rebollo. La bendita historia está en marcha.

            Raquelilla pasa 20 días en la UCI. Pasados dos meses se empiezan a notar actuaciones extrañas. Los sentimientos de Raquel y Ramón cambian y apuestan y deciden no rendirse y hacer su propio camino con su hija.

            Y manos a la obra. Con ese suplemento de vista que tiene Ramón se presentaron en Madrid, ante la Dra. Paloma Sánchez de Munaín que le aplicó el tratamiento VOJTA, eficaz pero incómodo. Fue la primera vez que los Rebollo entraban en contacto con un tratamiento. Y ya quisieron probar todos. Quedaron hechizados con la aplicación del tratamiento húngaro PETO en Pamplona. Visitaron el centro polaco de rehabilitación EUROMED en Mielnho. Después, con sus adaptaciones en EE.UU. el METODO THERASUIT lo logran traer a Guadalajara.

            Y vinieron médicos, y fisioterapeutas, y toda una tribu de expertos y humanistas. Y ya son 300 niños los que se benefician de estos y otros tratamientos neurológicos infantiles. Ramón Rebollo y Raquel de los Santos tienen una bitácora en su magín y allí van dejando todo registrado. La Seguridad Social llega hasta donde llega. Por aquí pasa de largo. Por así decir Ramón, alma mater, de NIPACE lanza las redes al mar de nuestra generosidad con la esperanza de que en uno de los lances venga el robot LOKOMAT (276.000 €) y vino gracias a la Junta, y al ayuntamiento y a la Diputación y a la Caixa y a Ibercaja y a ti y a todos.

            Amigo Javier, a Raquel y Ramón nunca se les pasó por la cabeza ir a la búsqueda de un tesoro en la creación de NIPACE. Da la impresión de que los tesoros han desaparecido del imaginario de la humanidad. Porque una cosa son los tesoros y otra la codicia y la acumulación de riqueza. La idea literaria del tesoro, eminentemente práctica, era y es inseparable de la aventura, de las pruebas de ingenio y de sentido moral. El tesoro, a su vez, también “pensaba” y “piensa”: elegía y elige a aquel que iba o va a encontrarlo.

            El milagro de poder andar. Esa es la cuestión. El milagro de que cada niño con parálisis cerebral pueda andar, esa es la cuestión. Ese es el milagro. Y con su suplemento de vista Ramón Rebollo va a la búsqueda de su tesoro. Fernando Savater, en un magnífico prólogo de Obras selectas a Stevenson (edición Austral) observa a Henry James que de niño nunca se le pasó por la cabeza caminar en busca de un tesoro: “Aquí hay ciertamente una paradoja; porque si nunca ha buscado un tesoro escondido, queda suficientemente demostrado que nunca ha sido niño. Pues nunca ha habido un niño (a excepción de maese James) que no haya buscado oro, y haya sido pirata, y comandante militar, y bandido de las montañas; que no haya peleado, y sufrido naufragios y prisiones, y empapado sus manitas en sangre, y que no se haya desquitado gallardamente de una batalla perdida y haya protegido triunfalmente la inocencia y la belleza”.

            El milagro de poder andar. Ese es el tesoro.

            Hace años –¿doce, dieciocho?– salimos a buscarlo para encontrarlo.

            Chicos de Guada, y de Madrid, y de Puertollano, y de Vitoria, y de Donostia y hasta de Vejer de la Frontera me conmueve la forma en que habláis de “cuando niños buscabais oro y erais piratas y comandantes militares”. Ahora Ramón –NIPACE– se ha convertido, a su manera, en marinero Náutico en tierra. Yo siempre creí en los tesoros. Por eso aposté por Don Bosco. Por eso aposté por NIPACE. Por eso aposté por La Alcarria y el País Vasco. Por eso aposté por la palabra, por la literatura. Amigo Javier, sobre este asunto, la imagen más precisa para mí es la de Virginia Woolf: la literatura es una tela de araña. A primera vista parece suspendida en el aire, pero está sujeta en todos sus extremos a la realidad. Ayudadnos, amigos, como podáis y con lo que podáis, Nipace ahora está inmersa en un proyecto complicado para la renovación de su Robot Lokomat para entrenamiento de la marcha de los pequeños luchadores.

1 opinión en “NIPACE: El milagro de poder andar”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.