Proponer espiritualidad

Vivimos unos momentos privilegiados para educar en la oración y para lanzar propuestas de espiritualidad. Muchos son los colegios que ya han iniciado, desde hace años, itinerarios de oración para cada etapa educativa en forma de taller de oración, oratorio o escuelas de espiritualidad.

También en otros ámbitos como parroquias, grupos de fe o centros juveniles se llevan a cabo estas prácticas, dedicándole un espacio a la oración en sus proyectos. Incluso existe la posibilidad de recibir recursos online o descargarlos en webs para crear grupos o pequeñas comunidades de oración.

Lo mejor de todo es que las personas que proponen todo esto y las que lo viven, niños, jóvenes y adultos, hacen una evaluación muy positiva y manifiestan que gracias a ello la oración ha comenzado a formar parte de sus vidas de una manera cotidiana.

Para hablar con Dios

¿A qué se debe este “éxito” o esta buena acogida? Creo que se podría decir que, en primer lugar, hay una gran necesidad de vivir experiencias, sin tanto discurso, sin tanta etiqueta ideológica, en las que las personas creyentes podamos vivir libremente y en primera persona nuestra fe ante Dios.

Tampoco hay que descartar la importancia de que esas experiencias estén siendo mediaciones para encontrar un lenguaje propio con el que hablar con Dios, y no tanto unas fórmulas rígidas u oraciones de vocabulario extraño. Dichas experiencias consisten en crear un ambiente y unas herramientas que hagan posible el encuentro con Dios, y no tanto unos textos recitados o unas dinámicas de grupos con puestas en común.

Por otra parte, hay que valorar el esfuerzo creativo y formativo que están realizando los equipos que elaboran dichos recursos y dichas propuestas. Es inmenso. Me consta que son personas que oran y siguen aprendiendo a orar en sus vidas; personas que están en el día a día con grupos o personas de las edades para las que han elaborado dichas experiencias; personas que están seguras de ofrecer algo positivo para niños, jóvenes, familias, adultos… y convencidas de estar desempeñando con ello una misión evangelizadora a la que se sienten enviadas.

Por último, me gustaría subrayar la sencillez con que se proponen y se viven. Lo que hace que cada persona las pueda vivir en su casa, en la capilla, en donde sea. Son propuestas adaptadas y adaptables, cercanas, pedagógicas… tal y como nuestro Dios cercano, Dios maestro hace para ponerse a nuestro lado en cada momento de oración.

Fuente: Boletín Salesiano

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