¿Qué puede hacer la Iglesia católica ante el éxodo masivo de miembros?

El estudio
La pregunta que encabeza este post en el blog de esta semana está tomada de un titular de un artículo del ‘Financial Times’ de hace unos días. En dicho texto, el periodista John Cornwell se hacía eco de un estudio en el que se analiza la repercusión de la crisis de los abusos sexuales de clérigos que ha vivido la Iglesia estadounidense. Al hacer este estudio, los autores del informe analizando los datos se dieron cuenta de que, ciertamente, el drama de los abusos que ha sacudido a la Iglesia católica era un elemento considerable de la desafección entre los creyentes; pero, no el único.

Y es que la división entre partidarios y detractores del estilo y el mensaje del papa Francisco parece librarse a uno y otro lado del Atlántico. La defensa de las esencias se materializa en discusiones sobre el matrimonio, la moral, el Instituto Juan pablo II, el papel de la mujer o la preocupación ecológica. “¿Cuál es el auténtico catolicismo romano? ¿Es una adherencia estricta a las enseñanzas de la iglesia, especialmente sobre el matrimonio y la moral sexual? ¿O es un enfoque más liberal, amable con la debilidad humana, rápido para perdonar y olvidar?”, se pregunta el reportero.

El fuego amigo
Más allá de caricaturas entre progresistas y tradicionalistas, lo cierto es que a la ahora de afrontar grandes dramas como los abusos sexuales por parte de sacerdotes la hermenéutica encuentra grandes diferencias insalvables a la ahora de trazar una descripción del problema. Esto se ha visto claramente en torno al encuentro de presidentes de conferencias episcopales en el Vaticano; donde el clericalismo como abuso de poder se imponía en el relato oficial en la cita, mientras muchos blog y publicaciones de las consideradas ‘tradicionalistas’ –en el peor sentido del término– no hacían más que azuzar que la causa había que buscarla en la promiscuidad natural de los homosexuales que –fallando los necesario filtros– habían llegado hasta el presbiterado con la complicidad de formadores y rectores que miraron para otro lado. Para quienes hemos vividos procesos de formación y discernimiento de nuestra vocación sacerdotal –conscientes de los déficits en el propio itinerario– suena como algo dicho muy a la ligera una simplificación tan superficial.

Volviendo a los datos de las deserciones, “en los Estados Unidos, sólo el 15 por ciento de los católicos bautizados asisten a misa semanal y el 35 por ciento de ellos ya no admiten su identidad católica. En el Reino Unido, las cifras son peores: sólo el 13 por ciento asiste a la misa semanal y el 37 por ciento dice que ya no cree en ningún tipo de religión”. Y esto hablando de 2 sociedades que tienen un discurso social de laicidad positiva menos polémico que sociedades como la española y sus rescoldos de anticlericalismo vinculado a las ideologías políticas.

Entre los motivos de la deserción, junto a los abusos, están las prohibiciones sobre el control de la natalidad, las relaciones sexuales antes del matrimonio, el divorcio y la homosexualidad, el aburrimiento en las celebraciones, la aversión a la reforma litúrgica posconciliar, el escepticismo sobre la doctrina, el rechazo a algunos sacerdotes, las malas experiencias en el confesionario, el rechazo a la vida después de la muerte… “En los Estados Unidos, alrededor del 15 por ciento de los desafiliados han ido a otros grupos cristianos, el 2 por ciento a otras religiones no cristianas y el 17 por ciento a ninguna religión”, señala el informe. Para muchos, señala el artículo, no ha llegado a calar el mensaje de la Iglesia como “hospital del campaña” del papa Francisco.

La respuesta
la solución al problema de los bancos vacíos en la iglesias para unos está en el pasado y para otros en el futuro. Hay quien mira esos conventos o experimentos –por usar una palabra– neoconservadores con nostalgia rancia y sin querer entender la inmensa minoría que representan. Otros, ante la indiferencia reinante o la cómoda posmodernidad que ha consagrado la burguesía como forma de estar cómoda y permanente, han claudicado de hacer una anuncio integral de palabra y de obra de la fuerza transformadora –y por lo tanto exigente– del evangelio conformándose con una rutina tranquila en la que los demás cuanto menos interfieran mejor.

En cualquier caso, volver a la actualidad del mensaje de Jesús requiere estudiar bien su mensaje para transformar el mundo que nos toca vivir según el mensaje de Reino. Un mensaje que no queda atrapado en la dogmática, la liturgia, el compromiso social… sino que lo trasciende todo porque si no, no sería divino y, por lo tanto, salvífico. Con razón muchos no entienden qué quiere decir eso de que la Iglesia tiene que ser “hospital del campaña” o es que acaso algunos se han equivocado de trinchera o de campo de batalla. Una pena.

En el Blog «Me lo pregunto…» de Vida Nueva

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