Quiero simplificar el discurso…mirar la vida con ojos sencillos

El 17 de octubre será la apertura solemne del camino sinodal en las Iglesias locales. La finalidad del Sínodo de 2023 es escuchar a toda la Iglesia y encontrar métodos que faciliten el llevar este concepto de “sinodalidad” a la práctica.

Para lograr una escucha real y efectiva, el Papa Francisco ha introducido una novedad por primera vez en la historia de los Sínodos. No se va a limitar a la Asamblea de octubre de 2023, sino que comenzará con fases previas de consulta en las Iglesias particulares.

Parece un proceso interesante, en el que se va a conocer, proponer, escuchar, valorar, dialogar, discernir, decidir….

Quienes no vivimos entre documentos eclesiales, ni participamos en grandes grupos de reflexión tenemos que buscar símiles; tenemos que pensar en imágenes que nos hagan entender, para hacer nuestras e interiorizar estas propuestas de vida sinodal en la iglesia a la que pertenecemos.

Leyendo algunos de los documentos sobre la sinodalidad recojo unas ideas, entre muchas. La vida sinodal de la iglesia se realiza por:

1. Una efectiva comunicación de fe.
2. Vive de la oración.
3. Se alimenta de los sacramentos.
4. Florece en el amor recíproco y hacia todos.
5. Crece en la participación de las alegrías.
6. Una iglesia sinodal es una iglesia que escucha: cada uno escuchando a todos y todos al Espíritu Santo.
7. Se habla, se escucha y hay un discernimiento por el bien común.
8. La unidad prevalece sobre el conflicto.
9. Con diálogo, para adquirir nuevas perspectivas, nuevos puntos de vista.
10. Con un modo de ver el mundo que se convierte en conocimiento compartido.
11. El diálogo exige amor, respeto, confianza, prudencia. En clima de amistad, con actitud de servicio.

Todas estas propuestas traen a mi cabeza la imagen sencilla de Mamá Margarita acompañando a sus hijos en su crecimiento.

Y también la imagen de la mesa redonda en mi casa donde comíamos todos los días juntos y se establecía la comunicación que nos hacía crecer.

Además, los momentos de vida familiar de camino a la Iglesia. Con tiempos de “religiosidad popular”: procesiones, peregrinaciones, encuentros.

Oración, amor, alegría, escucha, unidad, diálogo, respeto, confianza, prudencia, amistad, servicio. ¡Ni más, ni menos!

Cuando oigo todas estas sesudas propuestas veo la cara de Mamá Margarita y pienso que ese es el ejemplo que me puede acompañar para “traducirlas” a nuestras vidas.

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