Reyes Magos: Carta a mis 857 bachilleres alcarreños

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

            Me alegraré que al recibo de ésta estéis bien, yo bien gracias a Dios.

            Bueno, la verdad, me da un poco de vergüenza no haberos escrito nunca, nada, durante 70 años, es decir, desde el día en que mi primo Ninín me dijo que VV. MM., erais los padres, aunque yo he afirmado siempre que habéis existido.

            Hasta los 13 años viví en Madrid donde la lógica de la infancia me fue haciendo humano, es decir, sin ningún culto a la jerarquía social y sin resistencia alguna a la distribución de recursos. En septiembre de 1953 salí para el seminario, junto a otros 18 compañeros de Salesianos Atocha y Salesianos Estrecho, todos medio escondidos entre un colchón de borra y una maleta de cartón piedra.

            Y así, Majestades, durante 15 penitentes años, estuve en un pliegue de la creación –Astudillo, Arévalo, Mohernando, Guadalajara, Ciudad Real y Salamanca- invisible al destino y exento de cualquier consecuencia, donde lo que no hacían los sentimientos, lo hizo muy pronto la costumbre. Como observación perspicaz os añado que sólo un formador, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, me advirtió que yo escondía una terrible avidez de vida y una rara facilidad de imaginación, virtudes ambas que en esos campos eclesiásticos podían resultar de una inutilidad espectacular o de un instinto autodestructivo.

            Majestades, el sueño de mis cinco años en la Universidad Gregoriana, en Roma (1968-73), me llevó después al despeñadero de la madurez como pedagogo, profesor y siempre investigador en Salesianos El Paseo, Guadalajara, Atocha, CES Don Bosco, Instituto Teológico (Madrid, 1978-2003), llegando muy pronto la llamada de la Universidad de Leioa-Bilbao, Deusto EUTG Donostia, Deusto Bilbao, Pontificia de Salamanca, por ejemplo, y de la Fundación Sancho el Sabio de Vitoria, como coordinador general cultural (7 años) y de otras fundaciones vascas y, en fin, coordinador del Museo de Ciencias de la Salud y Medicina de la Comunidad de Madrid (2003 y 2004). De cuando era niño, recuerdo que los periódicos servían sobre todo para envolver cosas, lo que hacía útil tanta mentira. También envolvían arenques, sardinas arenques. Envolved, Majestades, nuestros dones de oro, incienso y mirra, con este spot, labrado en la web de salesianos.info, lo que podrá hacer útil tanta tontería y presunción.

            Sabios Magos, en la desolación de lugares sin encanto, que yo he llamado “buhardillas”, durante 50 años –se dice pronto- yo escribí todo un “corpus” de trabajos de investigación histórica sobre el País Vasco, los salesianos y la iglesia católica, en la línea apostólica y pastoral de San Juan XXIII, “taitantos” años como profesor de Historia de la Iglesia en el seminario de Bérgamo. Asombro, asombro curioso es lo que yo he buscado y encontrado en mi “Buhardilla de Balzac”, de la mano del silencio. Percibir la pulsación de un silencio vivo eso fue mucho más que los Ejercicios de San Ignacio y que todos los Ejercicios de los Primitivos Padres, incluido San Jerónimo.

            Advertido de que la gente se va diluyendo en la rutina como las galletas en el café, empuñé mi slogan sacerdotal “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14) desde 1968 a la hora de mis estudios, homilías, charlas, clases, encuentros, confesiones, amistades, conferencias, “cafés”, “comidas”; más aún de 1961 a 1964 en Salesianos Ciudad Real como maestrillo, donde ya advertí que había una esencial diferencia entre contar una historia y estar dentro de ella.

            Como la lectura es la materia prima de la escritura y se basa en las lecturas que hemos hecho y lo que hemos aprendido de otros autores, inculqué por activa y por pasiva la lectura, constante y perseverante, a todos mis alumnos en todos los lugares. “Lee, que se te nota / Lee, que se te nota”, decía una y otra vez. Magullada y mohína la capacidad de lectura de algunos centros en los que me moví, descubrieron su atractivo los bachilleres de Guadalajara desde 1978 al 1984 y los estudiantes de magisterio del “CES Don Bosco” de 1984 al 1989, abriéndose a Cela, Umbral, Vázquez Montalbán, Figueroa, Borges y al manantial de Quevedo, el mejor clásico de nuestras letras.

            Sabios Magos, viví breves y largas ilusiones y sufrí ya para siempre la nostalgia de lo que ni siquiera llegó a ser o fue muy poco o fue muy complicado. Así mi enamoramiento fascinante durante dos años de una de mis compañeras de las clases de Biblioteconomía en el Vaticano, Fabiana, sin mirar las heridas que me iba produciendo. O la atracción fantástica de muchachas tan seductoras como Alma, Patrizia, Lucía, Tonuccia, Angela, de Nulvi, Castelsardo, Porto Cervo. “Tras tanto concierto de seminario –yo pensaba- he aquí la música del corazón por momentos”. Y les concedí la entrada ilógica en mi laberinto, con la ilusión todavía infantil de poder obtener así una sugerencia, o un provecho, o simplemente un alivio pasajero. Por algo, Majestades, el orden secreto de las cosas impuso el reparto de juguetes a los niños italianos la noche de Epifanía a la Beffana, la gran bruja, mitad hechicera, mitad hada, la gran “mamma”. La mujer. O a los niños centroeuropeos Santa Claus. O a los niños escandinavos San Nicolás. O a los niños vascos, por último, el Olentzero. No seáis celosos, Majestades, que por definición no lo podéis ser. Y por sabios muchísimo menos.

-“Don Francisco, va Vd. destinado a Guadalajara”. Fue la voz del provincial.

– “Pero…”

– Nada, Don Francisco, debido a su excesivo trabajo intelectual va Vd. destinado a Guadalajara…”

– “Pero…” – “Lo nuestro Don Francisco no es una democracia, lo nuestro es una Orden…”.

            O sea, Sabios Magos, que me mandaron a Guadalajara, como al desierto. Sólo que el desierto suele florecer. Pude presentar mi tesis doctoral que luego publiqué en 6 libros distintos, que me facilitaron oposiciones, invitaciones, congresos, porque “cuando un quiere volar, le crecen las alas”. Sabedor de que la razón es débil y que el poder está en las emociones me volqué en la medida de lo posible en las emociones de aquellos bachilleres alcarreños, hasta 857 tengo contados.

            Majestades, es importante huir de la codicia, de la vanidad, del rencor, no caer en el peor de los infiernos, el de la envidia, que es abismo del odio. Porque una vida sin amor es como una estrella sin luz. Y lo vuestro va de estrellas con luz. Qué digo, la mejor estrella, la más radiante. Y lo nuestro también.

            Me he entretenido demasiado. Disculpadme. Han sido muchos años sin escribiros. Tantos que Gaspar de este año se parece asombrosamente al concejal de turismo y Baltasar al de asuntos sociales y emigración. O sea que…

            Sabios Magos, tuve que volver a Madrid definitivamente, después de esos infartos múltiples, de dónde partí con 13 años y retomar de nuevo la lógica de mi infancia, para hacerme más humano, es decir sin ningún culto a la jerarquía social y sin resistencia alguna a la distribución de recursos… Jerarquía intelectual/moral eso, eso, es lo que importa, y ésta propia, personalizada, conseguida, vivida, labrada y rezada; no importada, ni impostada, ni aprendida. Sólo ella es fértil, fecunda, merecedora de continuadores.

            Y, en fin, Reyes Magos, Sabios que llegáis hasta Dios, concededme el regalo de saber actuar como vosotros, cuando visteis la estrella en el cielo, es decir, en vez de hacer elucubraciones, correr a mi “buhardilla de Balzac” y seguir bebiendo en la copa de la ciencia, lo mismo en los vastos papeles de nuestros antepasados que en sus tradiciones, en los profundos secretos del universo que en los secretos últimos de las personas, o en las maravillosas confidencias, de las que no soy digno, de aquellos 857 bachilleres alcarreños con cuarenta años más, que estuvieron de una u otra forma muy cerca de los quirófanos de Clínica Moncloa cuando me moría.

            Os prometo que el año que viene, si vivo, os volveré a escribir, mientras tanto traed a mis alumnos, a sus hijos y a sus nietos todo, lo que sueñan, enredados siempre todos en la esperanza, porque el otoño no se lleva todas las hojas.

Vuestro que lo es. Firmado: Paco.

PD: Amigo Javier, disculpa que hoy me haya dirigido a los Magos de Oriente. Merecía la pena. A ti te escribo todas las semanas. A ellos llevaba 70 años sin hacerlo. En realidad escribo a los 857 alcarreños, a sus hijos y a sus nietos, que llevo en el corazón. ¡Ay, roto!

4 opiniones en “Reyes Magos: Carta a mis 857 bachilleres alcarreños”

  1. No tiene el corazón roto quien con tanta pasión escribe, como tú.
    Gracias por la parte que me toca y por la que les toca a mis hijos, que me gustará sepan discernir y diferenciar los acentos Salesianos en la personalidad de su padre.
    Acentos que perduran y se actualizan con orgullo gracias a la sincera amistad con ilustres como tu y otros que nos animasteis a leer, a rezar, a jugar y a soñar.

  2. D. Paco, está dentro de la historia de sus bachilleres alcarreños, muchísimas gracias. Con el recuerdo, a veces flashes, de sus clases y lecciones. Ahora con estos párrafos cargados siempre de vida.

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