Rómulo Piñol: Descampados con alma

La de Rómulo Piñol y Estarté es una voz con amo. La de un cura católico que te da cuerda, pero que nunca te empuja ni te presiona ni te obliga. Creía sí y mucho en la especie humana. En cualquier caso la desmitifica y se pone a su servicio. Hay bondad, mucha bondad en él. Y en su madre, Teresa, y en su hermano, César, que lo acompañaron siempre.

            En el conglomerado de su soledad compartida fue levantando un mundo de “Oratorios de Don Bosco”, purísimos para combatir los descampados de esta perra vida. Lo mismo en Barcelona-Sarriá, que en Madrid-Vilcálvaro y Atocha, Tarrasa en el Vallés y, en fin, en la parroquia de San Bernat, al norte de la Ciudad Meridiana de Barcelona.

            El descampado del triunfo: el de Vicálvaro y el de Atocha, donde yo le conocí en la posguerra. Los dos eran un abejorreo continuo, entreverado de gritos a veces histéricos, de cánticos, de guitarras, de clamores, de consignas a coro. Don Rómulo, entre nosotros, daba la impresión de llenar mejor la sotana arremangada hasta las rodillas y atada con una cuerda de esparto grueso, para jugar al fútbol, a dola, al ciempiés o al corta-hilos. Su voz no perdía las marcas de la edad y se hacía grave y sonora al darnos las “Buenas noches” o decirnos la Misa, pero la manera en que lo hacía dejaba claro que entre todos había un vínculo.

            El descampado del amor y sus escombros: la obra de Tarrasa. Nacida dentro de la industrialización del momento y de la mayor inmigración que llegaba a Cataluña de los diferentes puntos de España, sobre todo de Andalucía. Las necesidades humanas, sociales y religiosas eran evidentes. La iniciaron unos antiguos alumnos, respaldados por las autoridades locales, pero se inició muy en serio con la llegada de “Don Rómulo”.

            El curso de 1957-58 “Don Rómulo” prepara el ambiente.

            En lugar de camuflarse, Rómulo Piñol, va vestido de Rómulo Piñol. Su sotana de sarga es un manifiesto, una proclama regida contra la invisibilidad. Es una sotana de cura católico. Una clave sobre la que va a girar su trabajo de salesiano: la escuela “oratoriana”, es decir: “Escuela y despensa” con Costa y “Catecismo” con Don Bosco. Y en un extremo de la ciudad de Tarrasa, entre la carretera de Olesa y el barrio de La Maurina, en julio de 1958, abre sus puertas la escuela primaria, en 1961 la Formación Profesional y en 1965 la parroquia.

            A “Don Rómulo” lo están observando como a un cura extraterrestre. No lo veían porque era demasiado terrenal, de Maials (Lleida), y por ahí donde no llegan las sofisticadas sondas que van a la Luna: Las preguntas que algunos más o menos poderosos se hacen ante la imprescindible irrupción de la sotana embarrada parecen muecas de antropólogos ante el súbito descubrimiento de una especie desconocida: el género humano. ¿De dónde ha salido, este? – Unos dicen que de Madrid – Otros que de Sarriá – Otros que estuvo antes en Pamplona. ¿Es agresivo o no es agresivo?

            Alguno ya ha dictaminado que sí, que es agresivo, que ha montado en Vicálvaro una pequeña Ciudad de los Muchachos y que convocaba a cientos de chicos por los descampados alzando el dedo índice con solemnidad patriarcal.

            Vibrante, sencillo y alegre “Don Rómulo” dejaba rastros del talante de Don Bosco en Tarrasa. Las personas obligadas por su función a analizar el porqué de las cosas se ahorraron pronto esos recursos cínicos de confundir política con evangelio, entrega con interés.

            Unos y otros trataron de descifrar el significado de esa patriarcal y samaritana sotana de sarga, tejida con sacrificios, necesidades básicas, fe y amor a los muchachos. Un respeto para esa sastrería, amigo Javier.

            El descampado de la amistad: la parroquia de Sant Bernat de la Ciudad Meridiana, en Barcelona. Al final del verano de 1967 una nueva y última etapa de su vida activa. Edificado el barrio al lado de la Torre del Baró, se proyectó primero como viviendas unifamiliares, pero acabó siendo un barrio de enormes bloques de pisos pequeños, pocas zonas verdes, grandes desniveles, muchas escaleras y sin ascensores.

            Uno imagina a “Don Rómulo” por las calles de la Ciudad Meridiana sin un alarde, casi casi en una secreta clandestinidad. Partidario sólo de su propia visión optimista de las cosas, en muchas ocasiones exacerbada pero verosímil. Para acumular un mundo tan expresivo hay que estar muy entregado y muy seguro. Incluso tener una profunda sutileza para no ahogarse en la propia magnanimidad.

            Entrar en la mente de otro es imposible.

            Pero acercarse a la cabeza de “Don Rómulo” es más fácil escuchando a los vecinos de Ciudad Meridiana. “Estaba siempre a disposición”. “Pagaba, con frecuencia, las deudas de los más pobres, directamente en las tiendas, exigiendo una discreción absoluta”. “Conocía a todos, los visitaba, recordaba sus nombres, sus detalles, sus anécdotas: tenía una memoria prodigiosa”. “Era extraordinariamente austero consigo mismo. Vivía muy pobremente”. “Buscaba la colaboración de unos y otros”. “Daba vueltas y más vueltas a fin de encontrar recursos para las obras de la parroquia…”. En definitiva, supo habitar esta ciudad tratando de forjarse un destino.

            Salesianos Atocha.

            En esta esquina donde ahora me detengo a pensar en su pasado pudo detenerse él a pensar en su futuro, y si me dejo llevar por la fascinación de los círculos temporales de mi barrio: los protestantes de Lacy, los artistas de Lavapiés, los músicos de Santa Isabel, los masones de Embajadores… habría innumerables puertas abiertas similares hacia pasillos sin final hacia el solar de los sueños rotos. O sin retorno.

            Nacido “Don Rómulo” el 30 de agosto de 1913 en Maials, ingresó en el seminario de El Campello el 30 de agosto de 1926. Se hizo salesiano en Gerona el 1 de julio de 1930, ordenándose de sacerdote en Vic, el 22 de diciembre de 1940. Falleció en Barcelona, en la Residencia salesiana de Martí-Codolar, Barcelona, a los 87 años de edad, 70 de salesiano y 60 de presbítero.

            La independencia vital de este cura pionero, dotado de una impecable rabia social, pedagógica y pastoral es una de las mejores lecciones de su aventura. No le debe nada a nadie y sin los demás no hubiera llegado a nada. No le pide nada a nadie y mendiga a diario comportamientos y actitudes. Tan poco pretende el eco que con sus “Oratorios” consigue. Tan solo es muy consciente de que algunos arañazos le sirven para redondear una vida impecable. Y a la vez nos untó el ánimo, desde pequeñajos, en su asimilación devastadora del ser humano, sin opción a la distracción, el entretenimiento, el consuelo o la servidumbre.

1 opinión en “Rómulo Piñol: Descampados con alma”

  1. Hombres así necesitamos hoy. Algunos tenemos. Vean Pan Bendito. Busquen a los Salesianos por León, Deusto o Burgos. Jóvenes torcidos por los avatares de una familia rota, acaban enderezandose y aportando su granito para un mundo redimido. Viajen por África, Asia y América y encuentren experiencias de rehabilitación humana: sacados de la explotación sexual o de la guerrilla, de la vida sin horizontes y los campos de refugiados. Y dispuestos a dar su vida por los demás y aumentar el río de la felicidad en la entrega. Don Rómulo redivivo.

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