Rossano Sala: Los jóvenes quieren una Iglesia que escuche, que acoja, viva y auténtica

El próximo Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional interpela a los salesianos porque trabajan con los jóvenes. Los invita a vivir esta experiencia como hijos de un Santo que vivió la vida de familia, la confianza, la amistad, y los interpela a vivir como Don Bosco, cercanos a los jóvenes. De ello habla el salesiano Rossano Sala, Secretario Especial del Sínodo 2018, en esta entrevista concedida a la agencia de noticias salesianas ANS.

Pregunta: ¿Qué significa el encuentro de los jóvenes en este pre-sínodo?
Respuesta: El Sínodo pensado por el Papa Francisco es un momento para dar la palabra a los jóvenes, un momento en el que la Iglesia debe revisar la convicción de que no se puede hablar de los jóvenes si no los hemos dejado hablar, si no los hemos escuchado. La reunión pre-sinodal será un momento donde los jóvenes dirán sus pareceres sin filtros.

P.: ¿Qué desean y qué piden los jóvenes a la Iglesia?
R.: Muchas conferencias episcopales manifiestan que los jóvenes no piden nada a la Iglesia, que están irritados de la presencia de la Iglesia, no se sienten cómodos dentro de la Iglesia. Nosotros nos preguntamos: ¿Estos jóvenes son incrédulos, son jóvenes que nos odian? ¡No! Detrás de estas consideraciones hay motivaciones que nos deben hacer pensar.

P.: Entonces, ¿qué sucede con los jóvenes?
R.: Los jóvenes muchas veces están escandalizados de los problemas sexuales, de los problemas económicos. Los jóvenes esperan de los sacerdotes ministros preparados, que estén disponibles al diálogo. Son muchas motivaciones por las que los jóvenes no nos siguen, porque no somos significativos para ellos. En cambio, quieren una iglesia que se convierta en casa, en familia, una Iglesia que sea un lugar de acogida, donde un joven se sienta bien.

P.: Los jóvenes piden que la Iglesia sea una familia. ¿No es este un mensaje salesiano?
R.: Para nosotros, los salesianos, es bello e importante este discurso. Nosotros hemos recibido de Don Bosco lo que se llama el espíritu de familia. El hecho de que un joven se sienta en casa, se sienta acogido, que pueda decir una palabra sin problemas y entrar en contacto familiar, es parte de nuestra espiritualidad. Pensemos lo que significa la Carta de Roma, que habla de la confianza, de la amistad, de la familiaridad.

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