Salesianos y Jesuitas con los refugiados en Sudán del Sur

Al lado de los últimos, de los más vulnerables, de los que buscan la paz después de escapar de la guerra y la muerte: son los salesianos y jesuitas de Sudán del Sur que en esta época de pandemia de la COVID-19, permanecen al lado de los desplazados y refugiados, aportándoles ayuda material y consuelo espiritual.

Sus testimonios –reportados en el https://migrants-refugees.va/es/blog/2020/04/21/covid-19-nadie-debe-ser-olvidado/v– hablan de un país que, casi diez años después de su independencia, obtenida en 2011, está atravesando una grave crisis económica, también como resultado de la emergencia sanitaria. La caída del precio del petróleo, la devaluación de la moneda local y la dependencia de las importaciones, de hecho, han hecho subir los precios de los productos básicos a un nivel sin precedentes, lo que ha llevado al 45% de la población a una grave situación de inseguridad alimentaria. Además, tras la confirmación del primer caso de coronavirus en abril, las medidas restrictivas anti contagio adoptadas por el gobierno han tenido repercusiones en la economía y en la sociedad.

Las dificultades en el campamento de refugiados de Gumbo

Las dificultades se han hecho sentir con especial fuerza en las zonas más críticas, como el campamento de desplazados de Gumbo, dirigido por los salesianos y situado en un pequeño suburbio cerca de Juba.

Establecido en 2014, tras el estallido de la guerra civil en diciembre de 2013, el campamento alberga ahora a casi 9.800 personas, entre ellas muchos niños, huérfanos, mujeres y ancianos. A ellos, los Hijos de Don Bosco les ofrecen comida, educación, atención médica y asistencia espiritual.

En esta época de pandemia, se han multiplicado los esfuerzos en favor de las familias más vulnerables, a las que se han donado artículos de primera necesidad, así como dispositivos sanitarios y equipos de higiene para ayudar a prevenir el contagio.

“El mayor temor que tenemos es el de una posible epidemia en el campo. Las tiendas están muy cerca, no hay espacio para el distanciamiento físico”, comentan los salesianos en Gumbo. Todo esto se agrava por el nivel de educación de las personas en el campamento. Con un nivel bajo, es difícil concienciarlos de la necesidad de tomar precauciones.

Además del campo de desplazados internos en Gumbo, la Congregación Salesiana anima también una parroquia, escuelas y varios centros de formación: Técnico Profesional, Promoción de la Mujer, Jóvenes, así como un segundo campo reservado a los desplazados internos y dirigido por los Salesianos de Don Bosco. En este momento, esta estructura alberga a unas 10 mil personas.

Hay que recordar que en el Estado africano más joven hay cinco comunidades salesianas con unos 25 religiosos, así como otros miembros consagrados de la Familia Salesiana: las Hijas de María Auxiliadora, activas con 15 religiosas en tres centros; las Hermanas Misioneras de María Auxilio de los Cristianos, presentes con una comunidad de cuatro hermanas; las Hermanas de la Visitación de Don Bosco, presentes con una comunidad de cinco religiosas; y las Hermanas de la Caridad de Jesús, con ocho hermanas divididas en dos comunidades.

Don Roger, el “héroe del Covid”

Un salesiano que se encuentra cerca de los refugiados de Sudán del Sur es, por ejemplo, Roger Mukadi Mbayo. Trabaja en Palabek, en el norte de Uganda, donde lleva su ayuda a más de 54.000 refugiados del sur de Sudán.

El desafío es arduo: en el campamento de acogida local viven más de 25.000 niños menores de 13 años que, a causa de la pandemia, ya no pueden asistir a la escuela, con lo que pierden el acceso a la educación, pero también el contacto con sus compañeros.

Por esta razón, don Roger, junto con otros hermanos, ha pensado en actividades educativas diarias que involucren a unos 400 niños y jóvenes al mismo tiempo. Por ejemplo, se enseñó a los jóvenes a sembrar hierba para los patios de recreo, a plantar árboles y a crear un huerto. Los niños también aprendieron a grabar vídeos y audios centrándose en la prevención del coronavirus, y visitaron a niños enfermos de su misma edad en pleno cumplimiento de las normas sanitarias. Tal compromiso le valió a don Roger el apodo de “Covid Hero”, “el héroe del Covid”: un signo de gratitud de parte los muchos niños a los que el sacerdote regaló de nuevo la sonrisa.

La misión de los Jesuitas

Pero en el sur de Sudán también hay jesuitas, como el don Matthew Ippel que trabaja en el campo de refugiados de Maban. Su testimonio es particularmente conmovedor: a pesar de que se le sugirió abandonar el país a causa de la pandemia, el padre Ippel “siempre se ha sentido llamado a estar físicamente presente, a seguir cumpliendo el mandato humanitario y evangélico” de su misión, junto con los refugiados del Sudán meridional.

Con el permiso de su superior, don Matthew permaneció en Maban y, junto con un hermano, formó una pequeña comunidad en la que también participan varios voluntarios. La principal actividad que llevan a cabo es la sensibilización sobre la COVID-19 mediante visitas a domicilio, en cumplimiento de las normas sanitarias, a las personas más frágiles y aisladas, como los ancianos y los discapacitados.

La ayuda de la Comunidad de San Egidio

Mientras que en el país el coronavirus ha registrado, hasta el 5 de septiembre, más de 2.500 casos en total, la ayuda humanitaria recogida por la Comunidad de San Egidio, en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, ha llegado a Juba en los últimos días. La iniciativa Puente aéreo humanitario de la Unión Europea ha permitido que lleguen a la nación africana alimentos, máscaras, gel hidroalcohólico y jabón para los refugiados. La ayuda será distribuida por el Ministerio de Asuntos Humanitarios y el Consejo Ecuménico de Iglesias del Sudán del Sur.

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