San Francisco de Sales, tiempo de formación

Francisco de Sales nace el 21/08/1567 en el castillo familiar, en Thorens. A los 6 años, frecuenta los colegios de La Roche sur Foron y Annecy. Crece en inteligencia, robustece su voluntad y madura su fe cristiana. En Annecy recibe los sacramentos de la confirmación y comunión; y, a los 11 años, la tonsura eclesiástica, que, para él representaba la intención de entregarse a Dios e Iglesia.

En el colegio Clermont de París, dirigido por los jesuitas, cursa humanidades, retórica y filosofía, frecuenta la Academia de las Artes y se inicia en teología. Estos 10 años constituyen un periodo decisivo en su formación; forjan y vertebran su vida.

Pero no solo el desarrollo intelectual, también la enseñanza religiosa, formación moral, propuesta del ideal de la virtud, lo orientan en la práctica de las virtudes de caridad, obediencia, humildad, castidad, trabajo y cumplimiento del deber. En este camino ha de afrontar un arduo combate consigo mismo. Llega un momento en que siente el desgarro interior, la división entre el espíritu y la carne. Se ve envuelto en una crisis fortísima. De manera obsesiva se ve destinado a la condenación, a ser eternamente enemigo de Dios, al que tanto ama y quiere amar.

Prueba y sufrimiento

Se trata de una crisis vital, que convulsiona toda su personalidad y desencadena una grave enfermedad. Termina a los pies de Nuestra Señora, abandonándose en las manos de Dios con un acto heroico de amor. A través de la prueba y sufrimiento descubre el puro amor de Dios, centro de su existencia, vida espiritual y enseñanza.

Concluidos los estudios en París, llega a Padua para realizar los cursos de doctorado. Enseguida se pone en las manos del jesuita Antonio Possevino. Bajo su dirección hace ejercicios espirituales, prepara el proyecto de vida y presta una importancia especial al estudio de la teología.

Con 24 años, al terminar los estudios de derecho, Francisco regresa a Saboya. Llega feliz, pero con incertidumbre ante el futuro, presintiendo la tensión interior entre sus sueños y deseos de su familia. Siente vivamente la vocación sacerdotal. Pero le resulta difícil conciliar esta voluntad con las expectativas de su familia. Al pedir a su padre el consentimiento para abrazar el estado eclesiástico, el señor de Boisy lloró largamente. Por fin, pudo balbucear: “Hijo, haz en Dios y por Dios, lo que te inspire. Yo, por mi parte, te doy mi bendición”. Estas palabras son el epílogo de la dura lucha sostenida desde la niñez, cuando comenzó a sentir la llamada de Dios.

Tras un largo retiro espiritual, el 18/12/1593, Francisco de Sales es ordenado sacerdote. Experimenta que Dios toma posesión de su vida. A Él se entrega, deseando como san Pablo, darse a todos y “ser todo para todos”.

Fuente: Boletín Salesiano

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