“Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones”

El Vaticano acogió ayer un momento histórico para la Iglesia y la humanidad. El Papa Francisco impartió desde allí la bendición extraordinaria Urbi et Orbi en estos momentos de prueba por la pandemia del coronavirus, durante un acto cargado de un simbolismo sobrecogedor. La estampa de la Plaza de San Pedro vacía, debido a las medidas de prevención adoptadas, se tornó más impactante con la lluvia que rociaba la ciudad de Roma.

El Papa proclamó el Evangelio (Mc. 4, 35-41) desde el atrio de la plaza. El pasaje cuenta la reacción de los discípulos cuando, mientras navegaban en una barca, se desata una fuerte tormenta. Temorosos y angustiados por la situación, despiertan a Jesús y le preguntan: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. Una pregunta que ahora se plantean muchos creyentes… “Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados”, expresó el Papa.

Pero antes de calmar el temporal, el Señor interpela a sus discípulos: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (v. 40). Hasta en cinco ocasiones repitió el Santo Padre este versículo para recalcar la importancia de abandonarse en Dios, de sentir la necesidad de su salvación, de abrazar su Cruz, de ayudarnos unos a otros, especialmente a los más pobres, y de cuidar del planeta gravemente enfermo. También resaltó el trabajo ejemplar de quienes dan lo mejor de sí mismos en la lucha contra la pandemia y recordó el llamamiento a la conversión que nos hace Jesucristo.

El Papa Francisco concluyó con estas palabras: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: ‘No tengáis miedo’ (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, ‘descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas’ (cf. 1 P 5,7)”.

Puedes leer la oración del Papa aquí.

Bendición Urbi et Orbi
Tras el momento de oración con la Palabra de Dios, el Papa se dirigió hacia el interior de la Basílica de San Pedro. Antes de entrar, se detuvo a rezar ante la imagen de la Virgen María ‘Salus Populi Romani’, patrona de Roma, y el Cristo crucificado de la iglesia de San Marcelo, que de forma milagrosa libró a Roma de la peste en 1522. Ya en el interior del templo, el Papa tuvo un momento de oración ante el Santísimo Sacramento. A continuación, portando la custodia con Jesús Sacramentado, dio la bendición ‘Urbi et Orbi’, una bendición extraordinaria con la que se puede alcanzar la indulgencia plenaria siguiendo las disposiciones para ello.

Foto: Vatican News

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