Ser Alcarria

Carta a Daniel Martínez Batanero

Querido Dani: Espero que al recibo de ésta te encuentres bien. Yo bien gracias a Dios. Por el último “wassah” te hacía en los pantanos con Lola y tus hijos Daniel y Luis, descansando estos días de agosto del volumen de actividades y trabajos que llevabas adelante. Pero, mira tú por donde, bajando el Ocejón, junto a tu hijo Luis, todo tuvo que cambiar inexorablemente.

¡Será de absurdo!, exclamaba mi padre Román con frecuencia. La historia se abisma delante. Y suelen ser los peones de ella, como él, los que viven más el estupor. Él era una hormiga, como tantos españoles de posguerra, acarreando hijos y trabajos para la eternidad, como tus maravillosos padres. De repente descubrieron que esa eternidad era carne putrefacta. ¡La historia abismada!

Chico, tenemos un pasado ya compartido con muchos amigos de Guada y de Trillo, Cifuentes, Marchamalo, Chiloeches, Horche, El Casar. Eras un pacífico y pacifista inquilino más de una España tomada por los esperanzados españoles que cantábamos desde hace cuarenta años aquello de Libertad, libertad, sin ira libertad y que salíamos, desprejuiciados y alelados, a las calles de nuestro hermoso país para reconciliarnos y estrenar una historia sin odios ni resentimientos, dentro de una misma patria común.

La señal de la cruz de tu infancia vino marcada por el signo algebraico de tu maravillosa madre, sobre todo, “Doña Rosario”, la maestra nacional cuarenta años nada menos en Cifuentes y tu fabuloso padre. De ellos heredaste, como tus hermanos, una fortuna total: tu inteligencia y tu corazón y tu amor por La Alcarria.

Irás acompañado siempre de esa fortuna.

La Alcarria es tierra de asilo. Tú siempre serás tierra de asilo.

Tu biografía se aceleró después estrepitosamente a través del Dioce, del Salesianos, de las Anas. Ni siquiera sabría qué. Sí por qué. La mili, los compromisos políticos ya con sólo dieciséis años, la Universidad, las promesas de amores medio adolescentes y juveniles, o de amores enteros, que nunca pudieron ser o que fueron. Así es la nobleza de los dotados con el desasosiego. Porque el desasosiego crea. “La esperanza riega –dice un célebre autor– la seguridad diseca”. Y ese célebre autor soy yo.

Entraste en mi vida, en tu tercero de BUP, nada menos, que con un libro bajo el brazo de Karl Rhaner. No salía de mi asombro, aunque lo disimulé. ¿Por qué esta criatura cuenta con Rhaner, si el propio teólogo enorme no se entiende a sí mismo? Es un chaval, un chiquillo, me dije. Bueno, viene acompañado de tierra alcarreña, que es tierra de asilo y con la voz animada de quien disfruta de paz.

En tu entrega social has aparcado tu propia obra. Estuviste en la mesa de presentación de mis últimos catorce libros –los infartados– en un fiel sortilegio de impulso, de cercanía, junto a Don Atilano, Antonio Román, Fernando R., Juan Laborda, Javier Solano, Antonio Herranz, Ramón Rebollo, Juan Carlos Godoy, Ana Guarinos, Ignacio Echániz, antes de ser masticado por este cruel infarto de miocardio.

Sólo hay hombres, digo. Sólo vivimos hombres. Hombrecillos, oye. Todos gnomos. Sí, ésta es una sociedad de gnomos. También la de Guadalajara, también la de La Alcarria. Te excavo más historias, porque me las puedo quedar y contárselas a otros.

Querido Dani, aunque excelente orador, hondo articulista, pregonero de fiestas y hasta muñidor de sonetos contundentes, sabías que los hombres no comemos relatos. Y así, después de mis dos meses y medio de UCI y planta, planta y UCI, en clínica Moncloa de Madrid, me dijiste, directo e imparable, tenemos que hacer algún viaje especial que contrapese tus cien días de cautiverio. ¿A ver, a ver? A… Azkoitia, caí en plancha, impávido y vegetal. Tengo que arreglar algún asuntillo. Además, allí los pintxos son divinos. Más que el estandarte. Y allá que nos fuimos, acompañados del gran amigo Feliciano García, que realizó un magnífico reportaje de fotografías que la COVID-19 se llevó de mi cuarto. O sea. Así pues, una vez allí, mientras vosotros recorríais el Real Monasterio de la Santa Cruz de las Madres Brígidas, yo recogía mi inacabada biografía de la fundadora, escrita toda –toditita– a mano y lograba ponerla a salvo de posibles salteadores, como luego fueron llegando en mi ausencia. Ya sabes, Dani, nunca faltan villanos con gomina y uniforme también en mi oficio.

Elegantes y vigilantes volvimos a Madrid sin tropiezos.

Aunque sea sólo de pasada quiero recordarte las muchas veces que venías a la UCI a verme, o a planta y hasta me traías El País, queriendo recordarme travesuras y provocaciones del “rojeras” de Paco de Coro de joven. Tú sabes bien que para un consumado madrileño no hay misterio en cabalgar la contradicción entre un periódico “El País” y otro “El Mundo” y otro “ABC”… y otro y otros. Madrid tiene un alcalde bajito, brillante y del Atleti, y una vicealcaldesa sexy, moderada y del Real. Os lo repetía con mucha frecuencia a lo largo de mis clases: la vida funciona por complementariedades, nunca por oposiciones. Pero no veis la morfología de nuestro mismo cuerpo humano, el del hombre y el de la mujer: complementarios y de la complementariedad brota la vida. Hay que ponérselo difícil a los ingenieros sociales de cualquier tipo, políticos, genéticos, lingüísticos, étnicos y más si es a sueldo. ¡Habrase visto! Por eso desde mi catolicismo de posguerra, niquelado por los jesuitas en la Gregoriana, le he cogido las vueltas a cualquier tiempo que ha venido.

Menuda maestra de obras es la Naturaleza.

Y ya está bien, no debe hacerse exhibición de conocimientos, pues los necios se suelen exasperar. Cuando lo pienso, no consigo tener en la cabeza una cara entera de un imbécil.

Amigo Dani, pocos hombres hicieron como tú una mejor obra de arte y de trabajo eficiente usando sencillamente tu inteligencia, tu capacidad de desafío y de tu libertad. Ya lo dijo en su comunicado el Director General de las Cajas Rurales de España, Don Carlos Moradell. Para ser puramente matemático como pareces, era necesario tener una extrema ansiedad por escapar de la ortodoxia del mundo. No por un sentimiento trágico de la vida, sino por una necesidad lúdica (ese tic de niño grande, que nunca te abandonó).

Había que verte explicando los secretos de la inteligencia artificial y de todas y cada una de las nuevas tecnologías, lo mismo en Madrid que en París, lo mismo en La Haya que en Ámsterdam, los mismo en la Autónoma que en la de Alcalá y hasta en los Institutos de Castilla-La Mancha y en los mismísimos Salesianos de Puertollano, donde sin pretenderlo, te quedaste hospedado en las memorias de los muchachos de la FP y de sus profesores Antonio Gómez, Vicente Vallejo, Pablo Labrado.

¿Te acuerdas cuando me decías que tenía preferencia por los alumnos “rojetes” y añadías, con cierto retintín, y te queremos mucho más los “azuletes”? O aquello de: ¡No empieces un nuevo libro! ¡Termina los que tienes iniciados! ¡Que te conozco! ¡Es por tu bien! ¡Date satisfacción a ti mismo y a los demás, hombreeeee! No te hago mucho caso, la verdad.

Estoy seguro que en el cielo ya estarás gestionando la recesión económica, según te diga Bruselas o según tu ingenio y clarividencia, porque el Padre Eterno te tiene plena confianza y después adaptarás las estrategias a tu glacial pragmatismo, con lo que en la “ciudad que no se acaba”, “sin penas ni tristezas”, superaréis mucho antes la árida travesía que nos espera a europeos, americanos, asiáticos, africanos. En caso de duda no te olvides de consultar a Arturo Bris. Forma parte ya de la mejor escudería de expertos en finanzas internacionales del primer cuarto del siglo XXI.

Llegó la COVID-19 a casa, Dani, y me sentí morir y me dejé morir. La desesperación hizo entonces carámbano en la frágil arquitectura de mis ochenta años. El virus le pegó fuego a mi voz. Nada me importaba. La más pura pobreza formaba parte de mi estética cerebral. Y mientras hacía recuento de amistades duraderas, fallecían miles de españoles. Mientras el show comunista estaba dando mucho juego, yo le pedía a Dios morirme.

Ni eutanasias ni eutanasios. Morirme así.

Y cuando nada podía ser peor, el 21 de marzo, sábado, a media mañana, aparece Fernando Ruiz Grande, el mejor vascular de España, acompañado del salesiano Txetxu Villota y me ayuda a tirar adelante. Para entonces acumulaba la quemazón de mis tres infartos múltiples y no sé cuantos síncopes, donde tuve que afrontar la muerte solo (la muerte siempre la tenemos que afrontar solos). Son inútiles todos los cantos de sirena, forzados desde cátedras, púlpitos, películas, libros. Abollado una vez más por las pedradas mortales de la muerte ya no quería más que morirme.

El único hombre potable que se me acercó con medicinas, Fernando, a punto estuve de rechazarlo. No estamos programados para ser ni levemente infelices. Entonces no tenía más herida y enconada, que la vida misma. ¡Pues que se acabe ya, buen Dios si es que existes! ¡Caramba!

Todo en tu vida tuvo mucho de acontecimiento, Dani, asumiendo el programa cristiano, loquísimo, de ser amigo de tus enemigos también. Sangras talento y bondad desde pequeñajo. Es, pues, uno de tus escándalos que escapa a las convenciones sociales e instaura una nueva política y una forma de vida ciudadana. O sea.

Entendiste, amigo Dani, antes que nadie la fuerza de los objetos, la fuerza de las cosas. Tú mismo delirabas entusiasmo y magnanimidad hasta convertirte en pieza, única y numerada, y en creación. Fuiste un ready made de antes de los ready made. Y cuentan que hasta hacías milagros en Trillo y Cifuentes ya desde pequeñajo, bajo la ráfaga ágil, de frase corta, de imágenes fuertes, de tu querida madre “Doña Rosario”. Y ahora, en el último recodo de tu vida entre estos estados de alarma, otro de tus milagros ha sido traer a tu funeral a tantos alcarreños y cobijarlos bajo la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y la mirada de la Virgen del Antigua, nuestra patrona, en el día de su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Un abrazo Dani y saluda a tus padres y a los míos que andaréis en ese gran océano de amor de Dios –el cielo– que es Dios mismo. Tu amigo,

Paco de Coro

Postdata

Dani, quiero decirte que en tu funeral, presidido por el Vicario General, don Agustín Bugeda, me dejó hablar tan sólo dos minutos. Me acogí naturalmente a su benevolencia y recordé simplemente los pormenores de la fiesta en Atocha del 150 aniversario de la fundación de los salesianos en el teatro. Fue todo un recuento de aciertos, dignidad y audacia y todo de una vibración intelectual muy poderosa por tu parte.

Presidía el acto “The Queen of Madrid”, quien después de su discurso inicial con algo insectívoro en el gesto, se dispuso a escuchar mi media hora de charla. Tú estabas en la primera fila, captando hasta el último detalle, pero tu alma podía ser tan fuerte como la de un arponero en el Cabo de Hornos.

Todo iba bien hasta que el ruido de un móvil desbancó a la mesa presidencial. Yo proseguía con mi discurso y “The Queen” proseguía, a la vez, con sus imparables whassap furtivos. Había que recuperarla al evento. Te miré, nos miramos. Me trepó, nos trepó el orgullo y la fiereza por las venas y dije:

– Madrid, ¿qué es Madrid, amigos? Madrid es… San Isidro, el Palacio Real, La Virgen de La Paloma, el museo del Prado, el chotis, las verbenas y… la Excma. Sra. Dña. Esperanza Aguirre y Gil de Biedma…

Saltaste en tonantes aplausos y contigo las cinco primeras filas, que os pusisteis de pie y ya con vosotros, todo el teatro, con carácter multiplicativo.

The Queen of Madrid” también se puso de pie, como un resorte, y aplaudía y se aplaudía sin cesar. Así, así, Dani, porque el mundo es una construcción verbal y “manual”.

Y concluí en la concatedral de Guada el 15 de agosto de 2020.

– La Alcarria es la Virgen de la Antigua, el Palacio del Infantado, la miel, Brihuega, Pastrana… y Daniel Martínez Batanero, pues el talento siempre va por delante de su destrozo. De tu ceniza, antes de tiempo. Querido Daniel.

La concatedral se vino abajo entre las lágrimas de tu esposa y de tus hijos y las ovaciones de los alcarreños, presididos por el alcalde Alberto Rojo y el emérito Antonio Román con su hijo Pabl30

3 opiniones en “Ser Alcarria”

  1. Escribiendo, vuelas.Como hojas sueltas arrastradas por el huracán de tus emociones. Y leyéndote, volamos contigo imaginando mundos nuevos que brotan de tu dolor y tu pena unas veces y de tu primavera de proyectos para repartir entre amigos. Gracias, Paco,

  2. Magnífica carta para Dani, Paco. Cercana como una charla cotidiana con un amigo en distancia corta. Allí donde esté la habrá disfrutado como la he disfrutado yo.

  3. Me habló Dani mucho de ti, Paco. Me he emocionado mucho leyendo tu misiva. Todo lo que dices es cierto, y más. No le veía todo lo que hubiera querido, en la creencia absurda de que le tendría para siempre. Y ahora se ha ido y ni siquiera me pude despedir. Quizás es mejor así, como si no se hubiera ido del todo…¡Tenía tantos proyectos…! ¡Tanta vida! Gracias por recordarle, reconforta.

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