Ser joven nunca fue fácil

Sin duda la edad te da otra perspectiva de la vida. De joven sueñas, aspiras a ser, te imaginas y te ves superando la vida de tus padres. Tú tenías altas expectativas y tu futuro se dibuja alejado de un modo de vida que te parecía pobre, conformista.

Hace poco leí un libro que hablaba sobre ese imaginario y cómo a partir de esa edad en la que eres consciente de que poco o nada de lo que esperabas ha sido, comienzas a darte de bruces con la realidad. La autora, Ana Iris Simón, reflexiona en Feria:

“Yo que siempre había pensado que tener hijos joven era de pobres porque mis padres lo eran y que no plantearse siquiera hacerlo con menos de treinta era sinónimo de que algo había evolucionado cuando era justo al revés”. “Igual me da envidia la vida que tenían mis padres con mi edad porque a veces, sin casa y sin hijos en nombre de no sé muy bien qué pero también como consecuencia de no tener en el horizonte mucho más que incertidumbre, daría mi minúsculo reino, mi estantería de Ikea y mi móvil por una definición concisa, concreta y realista de eso que llaman progreso”.

Ana Iris Simón tiene 30 y pocos años. Los mismos que la gran mayoría de esa juventud a la cual la pandemia ha hundido todavía más sus expectativas. “El parón económico generado por la COVID-19 ha golpeado con dureza la juventud española”, denuncian desde el Consejo de la Juventud. El Observatorio de Emancipación Juvenil señala que los datos actuales son los peores desde 2001: sólo el 17% de las personas jóvenes españolas viven emancipadas.

La tasa de paro juvenil dobla la del resto de la población: 30% entre 16 y 29 años, mientras que entre 30-34 años es de 17,3%; actualmente solo 3 de cada 10 jóvenes tiene un empleo y al menos un tercio de las personas jóvenes con empleo se encuentran en situación de ERTE.

¿Es cierto que las actuales generaciones de jóvenes viven peor que sus padres? Aunque con matices, desde luego en términos económicos sí, incluso peor que sus abuelos.

Evitemos ser condescendientes con la juventud. No tienen lo que se merecen. Reconozcamos el retroceso social, seamos apoyo, no juzguemos por lo que nosotros conseguimos o esperábamos que ellos y ellas lograran.

Ante esta realidad, la labor de los salesianos, de toda la comunidad educativa es más necesaria que nunca. Por su forma de acompañar y entender a la juventud, por estar cerca de ella, entre ella y ponerla en el centro. La juventud debe ser protagonista de su vida, como entendía Don Bosco. Preparemos a los y las jóvenes para la vida, venga como venga, que sean ellos/as mismos/as y que sean felices.

Como ellos/as reivindican: la juventud no es el futuro, es el presente.

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