Si San Valentín levantara la cabeza

Para escribir este artículo he pensado: este mes, ¿qué se celebra? Y enseguida me ha venido a la cabeza: ¡San Valentín! Día de los enamorados.

Valentín era obispo en tiempos del emperador romano Claudio II. Este emperador había prohibido casarse a sus soldados, por considerar que el matrimonio constituía una distracción para los guerreros. Pero Valentín, fiel a sus creencias, celebraba bodas en secreto en su templo invitando a las parejas a hacerlo, ya que para los cristianos era muy importante santificar sus uniones ante Dios. Enterado Claudio, lo mandó a capturar y, al negarse Valentín a abandonar su fe, ordenó decapitarlo el 14 de febrero del 270.

Y también me ha venido a la cabeza que el 14 de febrero de hace unos años estaba yo en clase de idiomas para adultos: maestros, médicos… hasta un policía municipal y el profesor propuso para hablar: ¿Es igual vivir en pareja que casarse?

La alegría del matrimonio

El tema cundió, la verdad. Incluso hubo piques. Yo pensé que ganaría el no casarse; pero la mayoría estaban a favor, quizá por su edad. Aunque había que oír algunas de las razones. Por ejemplo: “Conviene casarse porque viene bien el dinero de los regalos”; “De casarte, mejor por la Iglesia: la gente se estira más” y la que me dejó patidifusa: “Mejor casarte porque, al separarte, tienes más ventajas económicas”. Me imaginaba yo a la pareja, henchidos de amor, yendo a informarse al abogado…

Se me cayó el alma a los pies. ¿Es que eso del amor para toda la vida ya no existe ni a priori? ¿Será un sentimiento en vías de extinción? ¿Habrá que declararlo “especie protegida” como las ballenas? ¿Acabará en los Museos de Historia natural? Y les diremos a nuestros nietos: “Mira, esto era una pareja de enamorados, ¿ves lo que pone? Contigo en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad… todos los días de mi vida”. Es lo que se decían cuando se casaban”.

Pues yo no lo creo y, además, me resisto. Necesitamos más marketing. Contagiar. Mostrar al mundo la luz y alegría del matrimonio, de volver a elegirnos cada día. ¡Y eso nos hará tanto bien! Porque tendremos que darlo todo, volver a mirarnos como cuando nos enamoramos y, como diría Pedro Salinas, enterrar los rótulos, la historia… Vivir en los pronombres y decirnos cada día “Yo te quiero, soy yo”.

¡Feliz San Valentín! ¡Viva el amor para siempre!

Fuente: Boletín Salesiano

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