Siempre acompañados por Jesús

Junio nos anuncia ya una buena oferta de experiencias espirituales: retiros, ejercicios espirituales, convivencias, escuelas de oración o peregrinaciones.

Son momentos, como solemos decir, que dejan huella. Pero sabemos que eso depende de la profundidad con que las vivamos o de la actitud con que vayamos a ellas.

Huellas en el corazón

La huella que dejan unos ejercicios espirituales o un retiro no puede reducirse a una valoración de cuatro o cinco estrellas en la aplicación de turno, a unas fotos subidas a las redes sociales, o a un “me gusta” y carita feliz. Es necesario que asumamos que una experiencia espiritual no es vivir algo que se consume o algo que se prepara como una vacaciones en Salou con mil cosas en la maleta. El tipo de preparación que se requiere es diferente.

Si tienes pensado apuntarte a alguna experiencia espiritual, no lleves muchas cosas, ni muchos libros. Llévate un corazón abierto, disponible y generoso, sin olvidarte de tus miedos, alegrías, preocupaciones y proyectos. Más que una operación bikini, necesitarás una operación transparencia, para ir tú tal y como eres, con humildad y sencillez.

Mete en tu maleta todo lo que eres y lo que vives para abrirla y ordenarla con el Dios de Jesús de Nazaret, que te espera en la sencillez de un encuentro cara a cara. Ahí descubrirás que toda experiencia espiritual cristiana supone estar acompañados por Jesús, habitados en nuestro interior por su Espíritu, y en presencia del Padre.

Una experiencia espiritual no es vivir algo que se consume o algo que se prepara como unas vacaciones. Mete en tu maleta todo lo que eres y lo que vives para abrirla y ordenarla a Dios, que te espera en la sencillez de un encuentro cara a cara.

Acepta que esto no es algo que nosotros provoquemos o forcemos, pero sí necesitaremos cuidar ciertos detalles como la ambientación, la concentración o la capacidad de escucha para no vivir la experiencia de forma distraída o superficial.

Miles de preguntas después

Finalmente, es importante que tras la experiencia, reflexionemos: ¿Con qué disposición he vivido esto? ¿Qué resistencias he mostrado? ¿He ofrecido lo mejor de mí y me he entregado a la experiencia al máximo? ¿Qué he recibido? ¿Qué se me ha escapado? ¿Encaja todo esto en mi proyecto de vida? ¿Encaja en mi vida diaria? ¿Cómo puedo adaptarlo para vivirlo en el día a día? ¿Qué implicaciones tiene esta experiencia en mis relaciones personales? ¿Me abre a tratar a las personas de otra manera? ¿Me abre al mundo y al compromiso o me encierra? ¿Me ha permitido encontrarme con Dios? ¿De qué forma he sentido la cercanía de Jesús? ¿Me he dejado guiar por el Espíritu?

Las respuestas que vayas dando te dirán si realmente has vivido una experiencia de las que dejan huella.

Fuente: Boletín Salesiano

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