Sinceridad

«Los modos de decir la verdad cuentan tanto como la verdad misma que se dice». La afirmación de Martín Descalzo es, para mí, una premisa fundamental a la hora de expresar nuestra opinión sobre cualquier tema, sin entrar en debates acerca de lo que es la verdad, tu verdad o mi verdad. Podríamos aplicar la riqueza de este pensamiento a la sinceridad. Cuando expresamos nuestra opinión libre de fingimientos, los modos de hacerlo cuentan tanto como nuestra propia opinión.

¿Quién le diría a una novia, el día de la boda, que va mal maquillada o que el traje le queda mal? ¿Qué pensarías de esa persona por sincera que fuera su opinión? A mí no me vale el «yo soy así, yo digo las cosas claritas y a la cara». Pues puedes caer en el error de ser una persona sincera a la par que grosera. En ese ejemplo, la grosería desvirtúa la sinceridad.

Cultivar en ti la sinceridad será, por tanto, tan importante como cultivar los modos en los que manifiestas tu opinión. Intenta defender tu verdad sin caer en las descalificaciones, ni en la ofensa malintencionada, de la persona que tiene una verdad diferente a la tuya. Entiendo que eso ya es un paso para mejorar tu capacidad de amar.

¿Y cómo conjugar la sinceridad con la corrección de errores?

Aplicada a la educación de nuestros menores, entiendo que la sinceridad que aplicamos a nuestros hijos o alumnos en la corrección debe ser también cuidada. Hablar claro, sí, pero desde la corrección constructiva que ayude al crecimiento del niño, o adolescente, al que estemos hablando. Evitar por todos los medios la humillación o el ridículo ante sus iguales. Intentar «alabar en público y corregir en privado». Pero sabemos que, tanto en el colegio como en la familia, hay muchas ocasiones en las que se hace necesaria la corrección pública inmediata. Yo creo que hay que hacerla. Se puede corregir en público sin necesidad de humillar. Corregir, y si es necesario sancionar, siempre el hecho. Nunca a la persona. El respeto será una herramienta que complementa perfectamente a la sinceridad, de manera concreta, en la corrección fraterna.

Ser sincero con alguien es mostrarle mi verdad sobre las situaciones. Eso hay que tenerlo muy presente. Porque mi verdad puede ser muy sincera, pero puede estar equivocada.

Fuente: Boletín Salesiano

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.