¿Somos mejores personas después de esta pandemia?

Desde mediados de marzo, frases, canciones y gestos nos han acompañado en el día a día. Sin duda, la que más vueltas ha dado por mi cabeza y por la de personas cercanas a mí, además de estar en las redes y en medios de comunicación, ha sido “Salimos mejores personas de esta pandemia”. Diferentes opiniones hemos leído y escuchado sobre esta frase en cualquier ámbito, e incluso nosotros mismos hemos podido cambiar de opinión sobre si saldríamos mejores o no. Lo que sí está claro es que ser mejores personas no es algo que se consigue por arte de magia, sino que necesita de un trabajo y una voluntad personal por querer hacerlo. Dice Adela Cortina: “Saldremos de esta, y estaremos preparados para enfrentar crisis futuras si aprendemos que la solidaridad se cultiva día a día y no se improvisa”.

Querer mejorar, como cristianos, profesionales, esposos, hijos, padres, requiere de un trabajo personal y estar seguros de que queremos esforzarnos por hacerlo teniendo claro qué queremos conseguir y valorar si estamos mejorando o no. Además, ser conscientes de que todo cambio es un proceso y que requiere su tiempo; y como menciona Cortina en la cita anterior “se cultiva día a día”. Hará falta pararnos cuando haya dificultades para poder superarlas y que no se convierta en el final. Se hace necesario también, aceptar nuestros límites y los límites del otro, sin olvidar que debemos trabajar por ser mejores, pero no perfectos.

Este ser mejores nos va a acercar a ser más felices y se puede educar y entrenar. Estoy convencida de que la educación tiene un extraordinario poder de cambio personal y social, pero recuerda a San Agustín: Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.

Talentos que nos hacen mejores personas

Concluyo afirmando que sí seremos mejores en una situación complicada o en nuestra vida, si acudimos al evangelio de Mateo: “Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente, el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor”. En estos meses, ¿qué he hecho con mis talentos? ¿Cuáles han dado fruto? ¿He trabajado por ser mejor teniéndolos en cuenta? Preguntas que nos deben interpelar ahora y siempre. Muchos esperan que seamos mejores personas y mejores cristianos, para servirles y hacerlos felices. Es responsabilidad nuestra para con ellos y para con Dios.

Fuente: Boletín Salesiano

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