Vicente Aleixandre

Me siento en los escalones, sin entrar.             Son las cinco de la mañana. Todavía está oscuro. Se oyen ruidos extraños, ruidos que durante el día no se oyen. Bummmm. Así, como briznas de cosas que se hubieran quedado rezagadas, y ahora se dieran prisa por alcanzar el mundo para llegar puntuales al alba, al…