Todo un modelo

La paternidad es todo un proceso de personalización y aprendizaje que se va forjando desde el momento en que se planifica traer una nueva vida a este mundo y que continúa ya de por vida. Se trata de un don precioso y de una tarea compleja.

Pasan pocas horas de la medianoche y en mi habitación reina la calma. Repentinamente, un llanto agudo acompañado de un incomprensible balbuceo procedente de la cuna junto a la cama donde descanso con mi esposa rompe abruptamente el silencio. Mi hijo me necesita. Es tiempo de desvelo…

Nadie dijo que ser padre –o madre– fuera fácil. Como defienden muchos de estos psicólogos y pedagogos que publican bestsellers sobre crianza, nadie se convierte en padre de la noche a la mañana. La paternidad es todo un proceso de personalización y aprendizaje que se va forjando desde el momento en que se planifica traer una nueva vida a este mundo y que continúa ya de por vida. Se trata de un don precioso y de una tarea compleja. La vida, al servicio de la nueva criatura. Cada uno de los segundos de cada día con ese pequeño –o no tan pequeño– ser, fruto del amor que es fuente de vida, en la mente y en el corazón, allí donde se guarda lo realmente importante. Desde estas claves se vive la paternidad responsable.

La figura de José, cuya fiesta celebramos en este mes de marzo, nos recuerda los principales valores a los que estamos llamados quienes gozamos de esta gracia de Dios al ser padres: humildad, fidelidad, compromiso, esfuerzo, paciencia, prudencia… Aunque el protagonismo litúrgico se lo llevan de calle la madre y el niño, la Sagrada Familia no puede concebirse sin la presencia silenciosa de José, de quien no conocemos palabra por él pronunciada, pero sí intuimos en él su generosa disponibilidad a colaborar y ser corresponsable en el proyecto salvífico de Dios, al aceptar ser padre del hijo de María. Todo un ejemplo, sencillo y sin estridencias, de fe y amor. También José se fió de Dios. También José pasó noches de desvelos junto a su esposa con Jesús recién nacido, asumiendo con responsabilidad plena lo que la paternidad implica. Pensemos, por ejemplo, en su aflicción por no encontrar posada en Belén con su esposa a punto de dar a luz o en la angustia sufrida cuando su niño se perdió en el Templo.

Dios, fuente inagotable de vida, hace fructificar el amor conyugal colmando la felicidad de las familias con nuevas vidas. Ser padre es una bendición, un precioso don por el que dar gracias cada día. La paternidad está cargada de amor verdadero, de ese amor gratuito que está siempre dispuesto a darse por completo, sin pedir nada a cambio. Un amor sin medida. Como el de San José. Como el tuyo y el mío.

Fuente: Boletín Salesiano

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