Una merienda de negros

El desgraciado incidente futbolístico del Domingo de Pascua en el estadio Carranza a raíz de los reales o supuestos insultos racistas del jugador del Cádiz, Juan Cala al futbolista del Valencia, Mouctar Diakhaby en un lance del partido entre ambos equipos, ha generado una enorme polémica todavía no desvanecida y un caso aún no esclarecido por la investigación en curso; además ha puesto de nuevo sobre el tapete el desgraciado asunto del racismo en el fútbol profesional, en el deporte de nuestro país y en nuestra sociedad en general.

Demos tiempo y calma a las instancias que habrán de juzgar si hubo o no insulto racista en aquel partido y fijemos ahora la lupa sobre otras manifestaciones de racismo patentes o encubiertas que se están dando en nuestra sociedad, aquí y ahora.

Sostiene Ibram X. Kendi, un prestigioso escritor militante contra el racismo en Norteamérica, que las ideas y las acciones son racistas o antirracistas, sin margen para el no racismo: “O se es racista o se lucha en contra. No hay medias tintas”, explicaba en una conversación telemática para El País. En la práctica, esto significa que las expresiones verbales y los comportamientos o acciones referidas a personas o grupos humanos por su raza o grupo étnico nunca son neutrales y cuando entran en juego, ya se ha tomado partido, no valen las medias tintas ni mucho menos la manida y peligrosa frase “Yo no soy racista, pero…” Cuando la escucho, personalmente ya sé que estoy frente a una persona racista, en mayor o menor grado, pero racista.

Siguiendo a Kendi en el artículo mencionado, uno puede ser segregacionista cuando se apoya en teorías que defienden la inferioridad biológica de una raza frente a otra, o puede ser racista asimilacionista cuando, aún defendiendo la igualdad biológica, alguien emplea estereotipos a la hora de juzgar el comportamiento o costumbres de determinada raza. Y por esta segunda vía nos adentramos en las muestras de racismo más o menos manifiesto que se dan en nuestra sociedad cada día y que a veces incluso están incrustadas en expresiones lingüísticas bien documentadas por su uso y tradición: es el microrracismo, una lacra más frecuente de lo que parece.

¿Ejemplos tomados de la vida real? Todos los que uno quiera si está con los ojos y los oídos abiertos para descubrir y analizar esos comportamientos. He aquí unos pocos:

Ahmed es un marroquí que llegó a España con 9 años, ha vivido en carne propia junto con otros dos compañeros cómo fueron apartados de la cola de un aeropuerto por un policía para revisarles las maletas solo a ellos tres y está harto de escuchar “estos vienen a quitarnos trabajo”. Hoy, con 23 años, Ahmed ayuda a otros compañeros recién llegados para que resuelvan sus cuestiones burocráticas.

Las microagresiones racistas son frecuentes: una bibliotecaria que no deja coger libros de una biblioteca a un chico por el color de su piel; un conductor de autobús que arranca en la parada justo cuando ve venir rezagada a una persona de otra etnia; apodos que le cuelgan a un chico sus compañeros de colegio porque su apellido es diferente y extraño; cuando un profesor hace bajar la voz al moreno o al asiático no siendo él solo quien está hablando en clase, o la muy conocida excusa de “el piso ya está alquilado”, cuando a los dos días viene uno de otro color de piel para cerrar el trato ya apalabrado.

También nuestra lengua tiende trampas racistas: qué decir de expresiones como “trabajar como un negro”, “lo veo todo muy negro”, “dúchate, que pareces gitano”, “estaba morito y lo bautizamos”, “un negro le escribió la biografía”, “se me acercó un americanito y me pidió” o la tristemente famosa: “una merienda de negros”, tremenda expresión racista bien conocida y a veces utilizada en nuestra lengua para expresar un desorden despreciable o irredimible causado por la estupidez supuestamente congénita o adquirida por una raza o grupo étnico, como bien explica el profesor venezolano Jacinto Dávila.

Urge, pues, reflexionar sobre nuestro lenguaje y nuestras actitudes respecto al racismo, porque puede que cada uno de nosotros descubra expresiones por desterrar o comportamientos por erradicar.

1 opinión en “Una merienda de negros”

  1. Acertada reflexión. Es un imperativo ético el reaccionar como institución ante la fétida corriente de xenofobia que va impregnando la vida social y política. Los salesianos debemos estar al lado de los pisoteados. Nunca podemos tolerar discursos racistas excluyentes. Ni de aquellos que se declaran «católicos». Católico es universal, y no hay nada más anticristiano que la segregación.

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