Una pastoral juvenil de la santidad

El Evangelista san Juan sintetiza la misión de Jesús con una expresión cargada de una gran densidad existencial: “He venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Juan 10,10). ¿Qué es vivir en plenitud? ¿Tiene algo que ver la vida en plenitud con la santidad?

Recuperar la palabra santidad

Algunos se sienten incómodos con la palabra santidad. Asocian esta palabra a ideas caducas, perfeccionismo, rigidez o lejanía del mundo. Es posible que algunas espiritualidades hayan podido cometer excesos e incluso se han podido mostrar modelos de santidad poco atrayentes. Pero, la vida espiritual es en esencia vivir en el Espíritu. Solo Dios es santo, Jesucristo es el santo de Dios y santo decimos al Espíritu. La santidad está en el origen y es la meta del proceso espiritual.

Decía el Concilio Vaticano II que todos los cristianos estamos llamados a la santidad. Los padres conciliares afirmaban que todos somos hijos de Dios y que esta es nuestra vocación más radical. En este sentido, la santidad es un estilo de vida propuesto a todos, es el estilo de Jesús impulsado por el Espíritu Santo que en el mundo hace avanzar el Reino de Dios.

La santidad es, ante todo, el reconocimiento agradecido de lo que Dios ha hecho en nosotros. La santidad no es un adorno sino que es parte sustancial de nuestra manera de hacer. “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el cual por medio de Cristo nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Por Él, antes de la creación del mundo, nos eligió para que por el amor fuéramos santos e irreprochables en su presencia”.

Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres

La alegría explica con claridad la propuesta pastoral salesiana. Domingo Savio lo supo decir de una manera magistral cuando, hablando con un joven recién llegado al Oratorio, expresó: “Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”.

Estas no son palabras de un experto en teología sino que expresan la experiencia vital y espiritual que los jóvenes vivían en el Oratorio de Valdocco. Sorprende constatar que haya sido un chaval de catorce años quien mejor haya explicado la originalidad de la propuesta pastoral salesiana, consiguiendo relacionar la alegría con la vida plena, con la santidad.

Una pastoral juvenil de la alegría

Una pastoral de la alegría es una pastoral de la fe. Podemos organizar muchas acciones pero hay una prioritaria: la propuesta de la fe. Este planteamiento tiene una gran actualidad en este contexto que nos toca vivir donde crece la indiferencia, quizás también en nosotros mismos. Este es uno de los motivos por los que cada generación de salesianos está llamada a renovar el Itinerario de educación en la fe.

Una pastoral de la alegría es una pastoral de la santidad. Ya hemos recordado que el Concilio había dicho que la santidad es para todos. Esto había supuesto un gran avance. Pero quizás no hemos sabido transmitir la santidad en su belleza y en su radicalidad. Domingo Savio conectaba vida cristiana plena (santidad) con alegría. La propuesta salesiana es una propuesta de santidad.

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