Una vida en directo

En 1998 se estrenó la película “El show de Truman”. En aquella época, nos parecía un poco ciencia ficción, pero ya se empezaba a vislumbrar algo de lo que se nos venía encima. El subtítulo de esta película era “Una vida en directo”…

En España, el 23 de abril del 2000 comenzó la aventura de Gran Hermano, un espacio televisivo en el que pudimos ver en directo a un grupo de chicos encerrados en una casa. El 22 de octubre de 2001 se estrenó la primera edición de Operación Triunfo, un formato similar en el que un grupo de chicos viven juntos con el objetivo de ganar un concurso de música. En estos años hemos ido asistiendo a diferentes propuestas y programas para ver en directo la vida de personas conocidas o anónimas, incluso documentales en los que famosos nos abren las puertas de su casa, hasta llegar al fenómeno de 2020, ”La isla de las tentaciones”.

En los últimos 20 años, el contenido audiovisual ha variado enormemente. En la actualidad, se demanda y consume conocer la vida privada de otros.

Muchos han criticado estos shows televisivos argumentando que se “nos obligaba” a ver la vida íntima de estas personas. Años después, la realidad es muy diferente. Es la gente, la audiencia, la que reclama ver esta vida en directo.

El año pasado ya os hablé de la plataforma Twitch y de cómo cualquier persona puede emitir lo que quiera en directo. Las personas que ven estos canales contribuyen de manera totalmente voluntaria aportando dinero en estas emisiones.

Intimidad de uno, interés para otros

El 14 de marzo un streamer –persona que emite en directo en Internet– de Twitch, Ludwig Ahgren, comenzó una emisión en la que dijo a sus seguidores que añadiría 20 segundos de retransmisión por cada suscripción recibida. En el momento en el que escribo este texto lleva más de dos semanas de retransmisión ininterrumpida. Haced la operación matemática de los suscriptores que ha añadido a su cuenta este usuario. Y si tenéis un poco más de curiosidad, multiplicadlo por 5 dólares, que es lo que cuesta cada suscripción.

Durante este telemaratón, Ludwin lo ha transmitido todo, excepto los momentos de ir al servicio. Un auténtico reality show en la era del streaming, sin guion ni límite en el tiempo.

En 20 años la manera de consumir contenido audiovisual ha cambiado mucho. Ahora nadie “obliga” a ver algo, si te aburres ya no cambias de canal, te conectas a Internet y ves a otras personas en directo en su habitación, mientras comen, duermen, juegan. ¿Qué nos lleva a ver estas cosas? Llevo dos semanas preguntándomelo, pero, de momento, no le he dado 5 dólares a Ludwin.

Fuente: Boletín Salesiano

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.