Unamuno / Amenábar

Durante mis cuatro años de estudiante de Teología en la docta Salamanca siempre que iba al cementerio me gustaba pasarme ante su tumba. Me preguntaba qué se traería ahora entre manos ese raro explorador de anomalías por los despeñaderos de la cultura y del humanismo.

            Padres inquisidores y doctores de la Escolástica, de cuya inteligente penetración doy por segura, dudaban no sólo de la lucidez de su prosa, de su descomunal pensamiento, sino de su eterna salvación. Para mí –y supongo que para muchos– la obra narrativa de Unamuno se iniciaba de modo magnífico con En torno al casticismo, un texto que mantiene aún muy vivos su encanto y su frescura y cuyo clasicismo parece teñido de una airosa modernidad. Después de ese trabajo impecable para mí queda Paz en la guerra y –por supuesto– sus proteicos ensayos, estudiados con notable acierto por Jesús Sáez Cruz y Pedro García Pérez, humanistas por salesianos.

            Era el pedagogo empedernido, el filósofo y traductor, pienso, el descubridor de la literatura hispanoamericana.

            Fue el “predicador laico” convencido de su misión cultural, el excursionista deseoso de dar a conocer los paisajes de España, el escritor preocupado por la difusión de su obra, el dramaturgo frustrado.

            Así le definen sus mejores biógrafos Colette y Jean-Claude Rabaté, sobre el que publicaron en 2009 una excelente biografía.

            Era el tipo de claroscuro crónico, sin luces ni sombras absolutas. Así le define Jon Juaristi a don Miguel de Unamuno, sobre el que publicó hace algunos años una excelente biografía. Que excelente es todo lo que toca Juaristi. Por eso le quise yo en el Comité de Redacción de los inicios de Sancho el Sabio. Revista de investigación y cultura vasca, en 1991, junto a Martín de Ugalde, Vicente Garmendia, Ricardo Miralles y Cosimo Semeraro, el historiador napolitano, secretario general del Pontificio Comité de Ciencias Históricas del Vaticano.

            Unamuno. Ese claroscuro crónico.

            He aquí la dificultad para catalogarle.

            He ahí la dificultad con la que se encuentra Amenábar a la hora de generar su última película “Mientras dure la guerra” que, pese a algunos errores históricos, traza, a mi entender, un retrato honesto del escritor, filósofo y sabio vasco. Puede decirse que el trabajo de Amenábar configura a través de los años su propia visión de aquel terrible conflicto que desgarró España y que todavía hoy algunos se empeñan innecesariamente en utilizar para sembrar la división política y social. Amenábar elige para ello un censo de saberes universales y los va adecuando con método a su propia empresa cinematográfica. Pienso que ha sido un proceso arduo, de perseverantes apropiaciones y exclusiones, una tarea selectiva conducente a esa última independencia que lo mantenía como enemistado con su propia inclusión en la historia lineal de su creación. Me parece muy recomendable para las nuevas generaciones que ignoran de hecho lo que nos pasó.

            No es que yo diga, amigo Javier, que haya que olvidar lo que sucedió, cómo sucedió y por qué sucedió, que yo primero noté como algo raro de pequeño (unos silencios, unas toses, de “esa” no se habla) y después reproducido en odio y enfrentamientos entre mis propios familiares. Creo que debemos hacer un esfuerzo de distanciamiento y comprensión (¡que transcurrieron ya 83 años!) para no reducir aquel drama colectivo, entre hermanos, a un episodio de buenos y malos. Aquí la generosidad es el único egoísmo legítimo.

            Quiero elevarme, y a posta, al discurso de Azaña en 1938 en Barcelona cuando pronunció aquellas palabras, de inesperadas y emocionantes resonancias, que cayeron en saco roto: “Paz, piedad y perdón”. Porque eso es de lo que carecemos todavía hoy en España, en la que la exhumación de Franco y la campaña electoral quieren resucitar fantasmas del pasado. Por eso ahora voy a cerrar el párrafo con cuatro paréntesis, y lo haré con calmada seguridad, acunado por ese tren de cercanías que me lleva a Guadalajara o Sigüenza, o a Parla, Fuenlabrada, Puertollano… hacia el sur)))). Voilà. De allí vino mi madre, de Granada, en julio de 1936 y ¡zas! el 18 de ese mes estalló la guerra.

            La guerra civil.

            Ese verano nuestro país se convirtió en el escenario de una brutal confrontación en donde volvieron los rencores y resentimientos del pasado y en la que a nadie se le permitía ser neutral. “O conmigo o contra mí”. O estabas con unos, y eras un traidor a los otros. O estabas con los otros, y eras un traidor a los unos. ¡Ay, los buenos! Recuerdo haber oído decir a mi madre, de pequeñajo, haberse despedido de mi abuela, de tío Gregorio y tío Joaquín, sus hermanos y hasta de su novio y de la casona de la costanilla de Santa Inés en unos veinte minutos, y, de un modo más general, de cierto sistema de certezas parciales (la Escuela de Magisterio del Ave María, donde se graduó de maestra nacional, entonces) y, en definitiva, de las tinieblas organizadas en que se había enterrado. Amigo Javier, si uno tuviera idea de la insignificancia que resulta necesaria para desmantelar nuestras tinieblas, no perdería tanto tiempo edificando defensas estratégicas contra las ofensas de la vida.

            Unamuno, que es el centro de nuestro spot, había sido desterrado de Fuerteventura por Primo de Rivera. Pero, sucede lo que conviene, lo pienso con frecuencia y hasta me atrevo a decírselo a mis íntimos por si les sirve. Al proclamarse la República, nuestro gran filósofo y sentidor la acoge con la esperanza de que el nuevo régimen podía suponer una regeneración para España. A pesar de ser elegido diputado republicano-socialista, muy pronto queda desfondado por el sectarismo y la agresividad de sus dirigentes. Aquí, la película de Amenábar nos presenta un Unamuno (Karra Elejalde) republicano defraudado, de gran sentido religioso, y horrorizado por las quemas de conventos, un vasco descomunal convencido del valor de la unidad de España.

            Nada raro que cuando estalló el golpe militar el 18 de julio de 1936, recibiera con optimismo la noticia, como la única posibilidad de salvar la República, cuestión que estaba en la mente de muchos de los sublevados. Pero el asesinato de sus amigos, sobre todo el del pastor protestante Atilano Coco, le abrió los ojos sobre la crueldad de algunos generales, como Mola y Franco, que encabezaban la rebelión.

            Unamuno corría hacia su aventura.

            Su universo iba a chocar contra el nuevo régimen, pulverizándose ambos.

            La Universidad de Salamanca, de la que es Rector, era su guarida de solitario solidario. Como lo es para mí la mesa sobre la que escribo.

            El 12 de octubre de 1936 es el momento. Garaia da!

            Existen los Reyes Magos y regresan en la edad final para traerle a Don Miguel este asombroso presente. Pasea la vista por sus largos años, los desordena y los vuelve a ordenar en una atropellada sed de datos. El historial de cada uno es también un mapa privado del tiempo. Pasea la vista por los cientos de falangistas, presididos por Millán-Astray. Busca al azar, sin saber muy bien por qué, hechos represores de los nacionales, imágenes incompletas atroces, destellos que no logra identificar, cabos sueltos que se balancean desde su memoria, que le lanzan escenas breves pero fuertes. Se ha quedado sin bando, en tierra de nadie. Un Juan Sin Tierra más, afligido ya por la violencia de los unos y los otros. «De los hunos y de los hotros», como escribiera él.

            Y, directo e imparable, afirma recio: “Vencer no es convencer”. Nunca nadie pronunciara alegato más valiente que el de ese día a favor de la tolerancia y de la reconciliación.

            Unamuno moría dos meses después, el 31 de diciembre de 1936, en arresto domiciliario, pero sus palabras –prodigio de sutileza, elaboración y eficacia– nos llegan tras viajar 83 años con el mismo vigor que cuando fueron pronunciadas. Karra Elejalde / Amenábar consigue dar vida a un Unamuno irascible, porque lo fue; imprevisible, porque lo era hasta para sí mismo; lleno de contradicciones, porque son patrimonio humano; pero que contagia una ternura sugerente e influyente, que se puede aferrar con tenacidad irreversible en nuestras decisiones.

            Por muchos errores que nuestro pensador/sentidor hubiera cometido, aquel día, 12 de octubre de 1936, se redimió y nos quiso redimir: lo importante –lo necesario– no es ganar si se pierde la decencia, la “hombría de bien” del caballero español del siglo XVI y el respeto del adversario. Escéptico y voluble, uno de nuestros vascos más universales, Unamuno comprendió lo esencial: en la vida, en la política, en la sociedad es más irremplazable la razón que la fuerza, convencer que vencer. Aquí la generosidad es el único egoísmo legítimo, en los días en los que la exhumación de Franco y la campaña electoral quieren resucitar fantasmas del pasado.

            Amigo Javier, también la película de Amenábar resulta interesante, parcial pero para nada demagógica, y viene a corregir la trayectoria un poco decadente de sus últimas cintas. Y como «en los detalles está el demonio» (dicen los italianos), te recuerdo simplemente que en 1985 el Gobierno Vasco convocó su primer premio de ensayo en castellano, con el nombre de Miguel de Unamuno. El jurado, integrado por Rafael Ponce, Miguel Riera, José Luis Carro García de Latorre, José Ramón Castillo y Joaquín Marco Revilla, me lo concedió por unanimidad. En la convocatoria del año siguiente, el prestigio del nombre de don Miguel de Unamuno salía despedido para siempre y era sustituido por el de Euskadi. O sea. En todo caso, la máxima proeza moral del mayor aventurero moderno, el bilbaíno Unamuno, sabe adentrarse, desarmado y solitario, en cualquier jungla invisible o visible. «Mientras dure la guerra» o «Mientras dure la paz».

 

PD: Dedicado, con inteligencia y corazón, a mis alumnos y amigos, a sus hijos y a sus nietos (1961-2019) de Ciudad Real-Puertollano, Salamanca-El Royo, Cerdeña-Sasari, Roma-Nomentana, Vitoria-Zuazo, Madrid (Atocha, Estrecho, Paseo de Extremadura, CES Don Bosco), Guadalajara-Sigüenza, Toledo-Santa Bárbara, Donostia (Rentería, Azkoitia, Azpeitia) y, en fin, Madrid (Parla, Fuenlabrada).

9 opiniones en “Unamuno / Amenábar”

  1. De Bilbao tenia que ser, quien naciera en el cogollo del Casco Viejo bilbaíno, mas concretamente en la calle Ronda, y que cada 29 de setiembre ─11 días antes que la «Amatxu de Begoña»─ se celebra en la noble Villa el nacimiento de Don Miguel.

    Ganas tenía de ver la película de Amenabar, película que tuvo gran éxito en Donostia y que pude ver en directo. Y tenía ganas de verla por ver el toque característico que Alejandro pone a los pesonajes históricos; en concreto ahora a la vida del que fue Rector en Salamanca. Como todo en la vida, la verdad duele a quien defiende justo la otra postura opuesta. Pero la realidad es y fue solo una. Críticas? A favor y en contra, de todo un poco, como en botica.

    Como periodista y cinéfilo: excelente interpretación de Karra. Magnifica fotografía… ¿Y la historia? Yo no la vivi, me la contaron, la estudié… pero pienso que si eres rojo no te gustará mucho; y si eres de derechas… tampoco: verla puede causar urticaria y ciertos sarpullidos Y si no, a las pruebas de lo que ocurrió ayer me remito.

    Yo me quedo con mi bilbainito. Que viva la intelectualidad y humanidad. Los de un lado eran de color negro; los del otro, sin embargo, de color blanco. Y Unamuno proclama que también se puede vivir en gris, que hay que darle un poco de color a la vida y no obcecarse con ideologías absurdas. Y lo que si narra la película, es lo que Unamuno vivió: lo que es, lo que bajo su piel sufrió. Y, sin duda, es una película cruda, dura, amarga, y conmovedora; que refleja el destrozo de un país que aún seguimos arrastrando. Es una película triste, como triste y desconsoladora es la Historia que narra.

    Para mi, lo peor de todo, es que no esté recibiendo la estima, la repercusión y recepción que se merece.

  2. Fantastico artículo Paco. Gracias por tu erudición, siempre ilumina. Jarra Elejalde fantástico en su papel de Unamuno. Gracias también Paco por no ir a los errores históricos de la película, y analizar su visión global, que creo que es lo que cuenta en ese medio, no es una lección de Historia.
    Siento no coincidir contigo cuando afirmas que la cuestión está superada. Oyendo los comentarios de otros espectadores, cuando fui al cine, muchos incidían en la actualidad del tema, y como no ha cambiado nada en 80 años.
    Estamos igual, no hemos aprendido nada de la historia. Nuestros políticos son el reflejo de su electorado, ese electorado está tremendamente dividido, y esa división les hacen incapaces de formar gobierno.
    La historia se repite, espero que no el desenlace…
    Gracias por tender puentes, la verdad nunca está en una orilla.

  3. Vi la película y no te puedes hacer una idea de lo que me acordé de ti. Con Unamuno conoces mejor a Paco o con Paco conoces mejor a Unamuno. Simplemente genial Paco!! Un fuerte abrazo!!

  4. Gracias por tu dedicatoria, como siempre, como en clase: todo inteligencia, todo corazón.
    Has conseguido lo que los medios no habían logrado aún: que nazca mi interés por ver la película. No me apetecía nada nada nada ver la película de un señor que niega la transición y, por lo tanto, el periodo constitucional de mayor consenso político, paz social y prosperidad económica de la historia de España. La Constitución del 78 y la transición política a la democracia en España son modelos de concordia a estudiar en todos los colegios del mundo, a pesar de que haya señores como Amenábar que aún no se han enterado después de más de 40 años….. a Amenábar lo mandaba yo «a la pizarra» con Paco de Coro, a ver si aprendía historia constitucional de España…..no obstante, y gracias a tu blog, me acercaré un día de estos a ver la película. Al menos podré criticar con criterio y aprender sobre Unamuno ! Abrazo

  5. Muy buen post. Destila profundidad, rigor y sentido común. Pero para mi la exhumación de Franco es necesaria por tardía.
    Porque no hay reconciliación sin reparación. Ni superación sin reflexión rigurosa. La investigación histórica sobre fuentes primarias, muchas perdidas u ocultadas, nos da, y dará, oportunidad para ello. Por encima de la ideología y la emoción, la razón y los hechos.

  6. Resulta que leyendo estas notas sobre don Miguel y sobre la película, se descubren muchas similitudes con su autor: hombre de sabiduría, pedagogo, predicador, excursionista… Rodríguez de Coro es un Unamuno del siglo XXI.
    Cuán bien hubiera hecho el amigo Amenábar en ponerse en las manos de don Francisco para mejorar su guion…
    Lo que no sabe don Francisco es que el primer premio de ensayo en castellano del gobierno vasco Miguel de Unamuno, cambió su nombre, porque con la obra ganadora de aquella primavera y única convocatoria, se rompieron los moldes de excelencia, y porque esa circunstancia haría, para siempre, que ese premio además de oportuno, fuese para siempre único, exclusivo e incomparable. Al querido profesor, amigo y maestro,… el claroscuro más luminoso de nuestra juventud y nuestra madurez. Muchas gracias querido Paco!!!

  7. Enhorabuena por tu creatividad. Siento ni poder opinar sobre el filme de Amenábar, pues no he podido gozar con su visión.
    Unamuno estaría contento leyéndote. Reflejas hermosamente su opción por la contradicción como método. En la dialéctica de oposiciones no escoge una parte, sino que se queda con las dos.
    Y asume el sufrimiento engendrado no por masoquista, sino para salvar la realidad vivida con dolor en el plano superior de la belleza resultante y como momento de la realidad humana.Vivir es sufrir. Vivir es irse muriendo. Acierta en esto, por lo menos.

  8. Un placer leer sus artículos, Don Paco, esta vez sobre uno de los grandes filósofos de la generación del 98. He escrito “los” y no “nuestros” porque no conviene tomar posesión con la primera persona del plural de lo que es universal. Pues de forma indirecta aparece la exclusión. Creo.
    Mi devenir me ha llevado a la ciencia y la tecnología. En este campo, nos hacemos preguntas. Para el progreso, para la curiosidad, es más útil una gran pregunta sin respuesta… (aún. En este adverbio está el matiz científico puro en relación a otras ramas del saber humano. Vuelvo a creer.) … que una respuesta única, por grande que esta sea.
    Me voy a permitir la licencia, y créame con mucha humildad y prudencia, de hacerme la pregunta ¿vencer es convencer?. Y sin ser gallego responder con otras preguntas ¿convencer es ser generoso?, ¿convencer es perdonar?, ¿vencer es mentir?. Lejos de utopías, para mi, vencer es convivir, convencer es dar ejemplo.

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