Vivir en salesiano tras el paso por el centro juvenil

Colegio, catequesis, Comunión, Oratorio, Centro Juvenil, Confirmación, Centro Juvenil como animador, Grupo de fe y ¿sanseacabó? En ocasiones, parece que el itinerario de un joven que ha mamado salesianidad desde pequeño, podría completarse así. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo compartir la fe viva al estilo de Don Bosco a partir de ese momento?

La respuesta a ese “vacío” la ofrecen las llamadas Comunidades Cristianas, grupos parroquiales con un mayor compromiso personal de sus integrantes. El pasado fin de semana, celebraron su II Encuentro nacional, con la participación de alrededor de 50 adultos, acompañados en algunos casos por sus hijos.

Las Comunidades Cristianas están compuestas por personas con edades comprendidas entre los 30 y 50 años normalmente, con un porcentaje equitativo entre hombres y mujeres, con perfiles laborales sobre todo del mundo sanitario y educativo, y que se suelen reunir semanalmente o cada 15 días. Son los datos que arroja la encuesta rellenada por las comunidades antes del encuentro.

Con este preámbulo, Jesús Rojano, director de la Revista Misión Joven, ofreció a los asistentes las claves sobre lo que sugiere el Papa Francisco a las comunidades cristianas a través de la exhortación apostólica ‘Evangelii Gaudium’. La primera clave es la koinonía, hacer comunidad fomentando la cultura del encuentro, cuidando unos de otros. La segunda es la martiría, la misión de ser testigos del Evangelio y la Palabra. La tercera, la liturgia, hace referencia a las celebraciones. Y la última, la diaconía, consiste en el servicio y el compromiso social.

Los participantes se reunieron por grupos en torno a estas cuatro propuestas durante la tarde del sábado. La jornada continuó con una mesa redonda con salesianos, salesianas y salesianos cooperadores, que aportaron su visión de la comunidad y pusieron el acento en el ambiente enriquecedor que se respira en las comunidades cristianas.

Al punto de vista de estas realidades salesianas se sumó el testimonio de otras comunidades vinculadas a la Iglesia. Silvia y Chema, un matrimonio con cuatro hijos, hablaron sobre cómo viven su fe en una Fraternidad marista, una comunidad cristiana formada por laicos y hermanos maristas.

Especialmente emotivo fue el testimonio de Arancha y Paloma, dos integrantes de Basida. Esta comunidad surgió a principios de los años 90 por la inquietud de un grupo de personas de Aranjuez que decidieron dejar sus trabajos para poner en marcha una casa de acogida para enfermos de SIDA y drogodependientes. Abandonados a la Providencia, consiguieron extender su labor a Manzanares (Ciudad Real) y Navahondilla (Ávila).

El encuentro concluyó con la celebración de la Eucaristía, un espejo en el que se miran las comunidades cristianas para seguir dando Vida.

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