La familia de Dorotea de Chopitea y Villota
Esta fotografía, tomada probablemente en Barcelona a finales del siglo XIX, presenta un grupo familiar reunido ante la fachada de una vivienda de la época. Varios rostros nos interpelan desde el pasado en una composición de grupo cuidadosamente construida, que refleja con nitidez las jerarquías, los afectos y la solemnidad propios del retrato familiar decimonónico.
La escena responde al lenguaje visual característico de este tipo de retrato. Los niños ocupan el primer plano, sentados en el suelo; las mujeres aparecen en el centro de la composición, con actitud serena; los hombres, en pie al fondo, adoptan una postura solemne. La disposición no es casual: expresa jerarquías, roles sociales y una concepción muy concreta de la familia como núcleo de estabilidad, transmisión de valores y responsabilidad social.
El centro que lo explica todo
En el centro de la imagen, entre las mujeres sentadas, se distingue claramente Doña Dorotea de Chopitea, cuya ubicación no es casual: su presencia en el corazón del grupo subraya su papel como eje familiar y como figura de referencia moral y social. La fotografía, por tanto, no solo documenta un núcleo familiar, sino que también simboliza una forma de entender la familia como espacio de transmisión de valores, fe y compromiso social.
Doña Dorotea (1816–1891) fue una de las mujeres más influyentes de Barcelona del siglo XIX. Nacida en Chile y afincada en Cataluña, su vida estuvo marcada por una profunda fe cristiana y un compromiso social excepcional, ejercido con inteligencia, constancia y una notable capacidad de liderazgo. Sus restos reposan en la parroquia salesiana de María Auxiliadora, en Sarriá (Barcelona).
Una mujer imprescindible
El impacto de Doña Dorotea de Chopitea en la ciudad de Barcelona fue profundo y duradero. Promovió hospitales, escuelas, talleres profesionales, asilos y centros de acogida destinados especialmente a niños, jóvenes y mujeres en situación de vulnerabilidad.
Su caridad fue singular: no se limitó a aportar recursos económicos, sino que se implicó activamente en la planificación, el seguimiento y la sostenibilidad de las obras que impulsaba. Supo leer las necesidades reales de su tiempo y responder a ellas con una visión de futuro poco común, colaborando tanto con instituciones civiles como eclesiales.
En una época en la que el espacio público estaba mayoritariamente reservado a los hombres, Doña Dorotea ejerció un liderazgo discreto pero decisivo, convirtiéndose en una figura clave de la beneficencia organizada en la Barcelona industrial.
Una madre para la obra salesiana
Su nombre ocupa un lugar destacado en la historia salesiana. Doña Dorotea fue colaboradora directa de Don Bosco, a quien conoció personalmente. Entre ambos se estableció una relación de profunda confianza que permitió la implantación y el desarrollo de la obra salesiana en Barcelona.
Gracias a su apoyo, los Salesianos pudieron poner en marcha más de treinta iniciativas educativas y sociales: escuelas, talleres, internados y centros de formación profesional destinados principalmente a jóvenes sin recursos. Don Bosco la consideró una auténtica madre de la misión salesiana, reconocimiento que refleja la hondura de su compromiso educativo y espiritual.
La Iglesia ha reconocido la ejemplaridad de su vida declarándola Venerable, subrayando así la coherencia entre su fe, su acción social y su entrega al bien común.
Una imagen que habla de una época.
Esta fotografía no solo nos acerca al entorno familiar de Doña Dorotea de Chopitea, sino que nos ayuda a comprender el contexto humano y social en el que germinaron muchas de las obras que transformaron Barcelona en el siglo XIX.
Refleja el modelo de la familia burguesa catalana como espacio de educación, transmisión de la fe y compromiso social. En ese ambiente doméstico, marcado por la responsabilidad y la solidaridad, se forjó una de las trayectorias más fecundas de la historia social y educativa de la ciudad.
Como documento patrimonial, la imagen adquiere hoy un valor excepcional: nos invita a mirar el pasado con respeto, a reconocer la huella de quienes pusieron su vida al servicio de los demás y a mantener viva la memoria de una mujer cuyo legado sigue dando frutos más de un siglo después.Es un testimonio visual que conecta historia, espiritualidad y compromiso social, y que recuerda la fuerza transformadora de una vida convertida en servicio.




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