El Papa León XIV recuerda que la fe toma cuerpo en la historia, en lugares concretos, en objetos que cuentan lo que vivieron quienes nos precedieron. Y que cuidar esos vestigios —aunque parezcan pequeños— es una forma de amar nuestras raíces y mantener viva la esperanza.
¿Qué tiene que ver esto con los salesianos?
Cuando leemos esta carta desde la sensibilidad salesiana, algo resuena con fuerza: nuestro patrimonio también es un tesoro vivo.
Hablamos no solo de edificios antiguos o de objetos guardados en vitrinas, sino de los patios donde tantos jóvenes han crecido, de las iglesias y capillas donde Don Bosco sigue siendo luz, de los archivos que conservan las historias de educadores apasionados y de las tradiciones, los cantos, las fiestas y las formas de vivir la fe que hemos heredado y seguimos transmitiendo.
Cada uno de estos elementos nos recuerda quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos. Igual que la arqueología cristiana ayuda a entender cómo vivían los primeros cristianos, nuestro patrimonio nos ayuda a mantener viva la misión educativa y evangelizadora que nos define.
La memoria salesiana no es pasado: es misión
El Papa insiste en que la arqueología no es nostalgia. Es un camino para entender la fe y comunicarla hoy. Lo mismo ocurre con Don Bosco: su historia sigue evangelizando cuando la cuidamos y la contamos bien.
Cada documento conservado, cada imagen restaurada, cada archivo ordenado aporta luz para seguir acompañando a los jóvenes de hoy. Porque la memoria no es una foto fija: es un impulso.
¿Por qué importa tanto cuidar?
Porque cuando cuidamos nuestro patrimonio damos identidad a las comunidades y a las obras, generamos sentido de pertenencia en educadores y jóvenes, mostramos una historia real que inspira —no un ideal abstracto— y proyectamos hacia el futuro una misión que se sostiene en raíces sólidas.
Y esto es clave en un mundo donde todo cambia rápido y donde muchas cosas parecen perder valor enseguida.
Un compromiso de familia
Esta carta del Papa, en el fondo, es una invitación a mirar con más cariño y atención todo lo que forma parte de nuestro legado patrimonial. No para guardarlo en cajas o vitrinas, sino para mantenerlo vivo y al servicio de nuestra misión con los jóvenes.
Cuidar el patrimonio salesiano es cuidar la memoria de tantas vidas transformadas y abrir camino a las que vendrán.
Es un acto de gratitud y, al mismo tiempo, un acto de futuro.




0 comentarios