Vivimos agobiados por las prisas, la inmediatez, las redes sociales y los cambios vertiginosos que nos hurtan el encuentro con nosotros mismos y nos imponen opiniones banales de todo y de todos.
Por eso un libro es una trinchera intelectual y moral que nos ayuda protegernos de tanto vacío y nos capacita para combatirlo.
Abrir las páginas de una obra literaria es entrar con calma en nuestro interior para conectar con el autor de esas letras que, una vez publicadas, dejan de ser exclusivamente suyas para pasar a formar parte del patrimonio intelectual de quien las lee.
Aventuras, reflexiones, estudios, intrigas, acción…todo está en los libros.
El libro es una fuente de verdad pausada que ayuda a pensar, a imaginar y crear, a dejarse fascinar y a cuestionar el mundo, elaborando propias conclusiones y creando personales fantasías.
Leer es regalarse tiempo a uno mismo, lanzarse a la aventura de soñar y dejarse fascinar y asombrar.
Por eso, leer hoy se convierte en un acto de rebeldía; en un mundo en el que sutilmente se nos quiere dirigir, manipular y controlar el pensamiento, leer un libro es un acto de rebeldía y una afirmación de la propia libertad.
Recibirlo de quien te lo ha regalado (que ha tenido la delicadeza de pensar en ti), abrirlo, acariciar sus páginas, olerlas, ojearlas… y preparar ese momento mágico en el que empecemos a hacerlo nuestro con su lectura… es toda una liturgia que nos hace más dignos y humanos.
Queremos ser libres, por eso nos atrincheramos en los libros para ser mejores.
Queremos ser indómitos, por eso resistimos, por eso leemos.




No, si no niego que te hayan hecho, Josan, un magnífico regalo: enhorabuena. Sin embargo y hablando en general como haces tú…
Sí, leer es bueno en general, pero a veces se leen cosas… Yo no metería en el mismo saco a las novelas (poco que objetar, en principio) y a las reflexiones de un autor (por prudencia, habría que leerlas con prevención, con reservas). Mi campo profesional fue el management durante bastante tiempo, y hasta fui una vez jurado (formé parte) para el mejor libro de empresa (de los que leen los directivos) de aquel año. Una vez leí, por oportuno ejemplo, que “lidiar con humanos” era complicado porque tienen (tenemos todos, pienso yo) “edad, sexo y carácter”; y en el mismo celebrado/aplaudido libro se repetía que “con estos bueyes hay que arar”, y se decía que “gestionar personas era básicamente gestionar incompetentes”.
En fin, yo creo, Josan, que no te estoy sugiriendo nada que no sepas, y la cosa es que me ha extrañado esta opinión tuya (generalizante, alegre, superficial, a mi modo de ver, y discúlpame la atrevida sinceridad) sobre la lectura de libros (en general). Uno, modestamente, opina que hay que tener cuidado con lo que se lee y, sobre todo, hay que cultivar la capacidad de detectar falacias, inferencias libres, premisas frágiles, conclusiones aceleradas, análisis superficiales, argumentos sesgados, grandilocuencias, simplezas pretenciosas, manipulaciones proselitistas, tomaduras de pelo, brindis al sol, boutades, analogías falsas, etc.
A veces percibo que el autor me está tomando por tonto y, aun haciendo concesiones al respecto, voy y me rebelo… Bueno, sin ánimo de llevar razón, esto incluso me pasa leyendo aquí algunas opiniones salesianas (algunas me han parecido marcadamente cuestionables, con ilaciones algo artificiales, desplegadas para amenistas). Recuerdo ahora un texto (2022) de don Cristóbal en que clamaba por la paz: “Rusia-Ucrania: me niego a estar a favor de uno y contra el otro”. Pensé (aunque la perplejidad me hizo dudar) que, para decir eso, mejor callarse. Y lo dejo, que me he extendido demasiado.
Leer para ser libres. Para pensar por cuenta propia. Porque el peso de nuestras opiniones es directamente proporcional al tiempo que hemos dedicado a fundamentarlas. Y es mucho más fácil repetir mecánicamente lo que dicen los de mi horda, que pensar críticamente, a riesgo de salir del rebaño.
Pensar por sí mismo es un desafío cuyo ingrediente principal es el tiempo dedicado a la búsqueda que la lectura permite.
Pensar, opinar, reflexionar… Verbos de escasa vigencia.
Un abrazo, Josan.