ACTUALIDAD SALESIANA
El punto medio

12 marzo 2026

El gran filósofo Aristóteles fue un auténtico factótum. Indagó en el saber de su tiempo y, como pocos, era un enamorado del conocimiento. También en el mundo de la ética tiene sus aportaciones. Entre ellas esta frase que, personalmente, me encanta y creo que tiene mucho que decir a nuestra sociedad española y europea: “La virtud está en el punto medio entre dos extremos”.

Y es que ciertamente, estamos viviendo unos tiempos en España y en Europa en los que se quiere dar soluciones simples a problemas que son muy complejos. Y ello está llevando a que vivamos en una continua tensión ante los extremismos, tanto de un signo como de otro, que lo único que hacen es dividir, fracturar y enfrentar a las personas.

Es una pena que sea en un país como España, el cual tuvo en la Transición un ejemplo de moderación y mesura, donde también se están reproduciendo actitudes, afirmaciones y políticas que, más que buscar el bien común, lo que parece que buscan es segregar, afianzar la doctrina de los intereses partidistas y, en definitiva, no mirar por el futuro de la sociedad sino por los intereses de unos supuestos “bandos” que se han creado artificialmente y que, a base de palabrería machacona, al final acaba llegando hasta el último rincón de la sociedad. Palabras que antes eran extrañas para un ciudadano habitual de España ahora pululan en nuestro lenguaje cotidiano, político, cultural, periodístico… Ejemplos no nos faltan: ultraderecha, facha, pijiprogre, comunista, ultraizquierda… ¿Es posible, de verdad, que no se pueda reconocer ni una sola cosa buena que haga el que he etiquetado como mi contrario? ¿Absolutamente en todo se equivoca y tengo que denigrarlo hasta unos límites que acabo polarizando a toda la sociedad, empezando por los jóvenes? ¿Dónde quedó la verdadera función de la política, entendida correctamente, en la que se trata de buscar consensos para lograr el bien común de la ciudadanía?

Por desgracia, lo que impera en el discurso actual normalmente está siendo el improperio, la descalificación del adversario, la no asunción de responsabilidades y, por supuesto, el contraatacar con el tan manido “y tú más”. Actitudes todas ellas que lo único que hacen es destruir, pero que de ningún modo construyen y hacen grande a las personas. Si Aristóteles levantara la cabeza, seguramente tendría muchas cosas que decir y no buenas a muchos de nuestros políticos que están adulterando lo que debe ser el verdadero diálogo social y político que busca mejorar la vida ciudadana cada día.

2 Comentarios

  1. JOSE ENEBRAL

    Bueno, mi opinión tiene poco valor (si alguno tuviera) pero, en general, me viene pareciendo que muchas de las opiniones aquí (en esta sección) formuladas se despliegan en espera de un mero silencioso “amén”. En ocasiones merecen quizá un asintiente “amén”, pero otras veces cabe (a mi modo de ver como lector) un comentario, incluso discrepante.

    En este caso, creo que la generalización y la equidistancia no ayudan mucho, y (he de disculparme por decirlo así) el texto me suenan simplón. Yo creo que no aporta nada y delata superficialidad, incompleta percepción de la realidad. No, no todos los partidos políticos son iguales, si uno se fija; y si uno no se fija, entonces parece más recomendable no pontificar mucho.

    Yo diría que hay dos partidos gobernando cada día para el bien común con resultados destacables, que serían aún mejores sin los continuos palos en las ruedas; y que hay otros partidos en la descalificación permanente del gobierno, con argumentos falaces, bulos, insultos… No me hagas mucho caso, Javier, que no poseo la verdad ni la razón; pero consulta a personas de tu confianza, por si te animan a observar más detenidamente.

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  2. Miguel

    En todo el planeta se está dando una polarización, creada a partir del malestar de una parte importante de la población. Y este malestar tiene que ver con las políticas económicas neoliberales que condujeron a la crisis del 2008, y a la que no se ha dado solución estructural, como ha criticado el papa Francisco repetidamente en sus documentos. El malestar ha sido canalizado por la ultraderecha (esto es un fenómeno social en todos los países occidentales. Y la aparición de la ultraderecha es resultado de un despliegue de recursos, en los que intervienen los medios de comunicación, las redes sociales, y los partidos homólogos, que, en líneas generales, propugnan medidas que benefician a la oligarquía, y desvían la ira de la gente en los más débiles. Esta receta la utilizaron los partidos totalitarios en el S. XX. La ultraderecha ha ido pudriendo las instituciones, y recuperando los mitos del pasado. La ultraderecha no hace sino vender humo, envuelto en patriotismo, y en religiosidad individual e inofensiva. No cabe la equidistancia. Cabe posicionarse propugnando políticas del bien común que es lo exactamente opuesto a lo que proponen estos grupos. La oligarquía se defiende de nuevo. Sus representantes no ofrecen nada nuevo. A partir de ahí, se pueden hacer los análisis que se quieran. Y discrepar de unos y de otros. Pero eso no se puede obviar.

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