La fotografía muestra uno de los grandes espacios colegiales a comienzos de los años sesenta: un amplio patio abierto, bordeado por una hilera de árboles jóvenes y presidido por el antiguo edificio y el nuevo pabellón a la derecha —inaugurado en 1961— de Salesianos Paseo de Extremadura. El edificio, de líneas rectas y sobrias, se alza con varios pisos y proyecta la imagen de esta casa salesiana de Paseo que crecía con decisión. La amplitud del espacio, la luz limpia y la geometría del conjunto transmiten la sensación de un colegio que afrontaba el futuro con confianza.
Durante la celebración del Centenario, los días 18 y 19 de abril de 2026, esta imagen volvió a cobrar vida. El colegio se llenó de salesianos, antiguos alumnos y familias que regresaron para celebrar un siglo de historia compartida. La exposición del Centenario —dedicada a los sueños cumplidos y a los proyectos que esperan a construirse— situó este edificio en el centro del relato: un símbolo de la capacidad de la comunidad salesiana para rehacerse tras tiempos difíciles.
Pero esta historia no puede entenderse sin volver a los orígenes. En 1925, la cooperadora Doña Rosa Cáceres de la Torre donó una finca de más de 20.000 m² en memoria de su difunto hijo, Miguel Cisneros Cáceres, también cooperador salesiano. Aquel gesto de generosidad —acompañado por la mediación del salesiano don Antonio Castilla— permitió que el colegio naciera sobre un cerro humilde y despoblado del barrio Alto de Extremadura. No fue un acto menor: fue la semilla que, décadas después, haría posible que este pabellón de 1961 se levantara como signo de continuidad, gratitud y futuro.
Tras la Guerra Civil, del edificio original en forma de “L” apenas quedaban los muros: habían desaparecido puertas, ventanas y buena parte de su estructura interior. El colegio tuvo que empezar casi desde cero, reconstruyéndose con paciencia, esfuerzo y sin perder el ánimo hasta recuperar la vida cotidiana.
Los años sesenta marcaron una etapa decisiva. Tras la semilla de los mártires salesianos, nuevas vocaciones tomaron el relevo con una fuerza que sostuvo la misión educativa. El colegio crecía sin descanso —más de 900 alumnos llenaban ya sus aulas— y la inauguración del pabellón y del teatro, estrenado con la zarzuela “Érase una vez un rey», confirmó la madurez de un proyecto que no dejó de reinventarse. Fue una década de resiliencia, reconstrucción e impulso, en la que Salesianos Paseo de Extremadura reafirmó su vocación de servicio al barrio y a las nuevas generaciones.
En el ambiente festivo del Centenario, muchos asistentes recordaron que desde aquel descampado donado en 1925, hasta el colegio vivo que vemos hoy, Salesianos Paseo de Extremadura ha crecido gracias a la generosidad, la visión y el esfuerzo de muchas personas. El pabellón inaugurado en 1961 representó un renacer: el paso de la precariedad a la consolidación, de la reconstrucción a la esperanza; el polideportivo de 1990 y el templo de 2000 completaron un proyecto que integra educación, fe y comunidad. Desde entonces, el colegio se presenta como un conjunto vivo, donde pasado y presente dialogan en armonía. Cien años después, este colegio es el resultado de un sueño compartido. Cada edificio y cada generación han dejado una huella que sigue impulsándonos. Porque esta historia no se ha levantado solo con ladrillos, sino con la determinación de quienes creyeron que valía la pena seguir soñando juntos.
Este original de película fotográfica en negativo forma parte del fondo salesiano José Luis Mena, fruto de su labor en la Editorial CCS. Un legado valioso que permanece custodiado en el Centro de Patrimonio Cultural, recordándonos que la historia no solo se conserva: también nos enseña y nos impulsa hacia el futuro.
DATOS IMAGEN:
Original película negativa fotográfica n. (1960)
Fondo fotográfico José Luis Mena. Archivo histórico editorial CCS
CENTRO PATRIMONIO SALESIANO SSM




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