A lo largo del mes de abril, los estudiantes han recorrido distintos enclaves representativos de la localidad, como la Mezquita, la Biblioteca Municipal, el Juzgado, el Ayuntamiento y el Museo del Juego y del Deporte Tradicional. En cada uno de estos espacios, se ha generado un diálogo entre el pensamiento filosófico y la vida cotidiana, abordando temas como la metafísica, la ética, la política, la antropología o la epistemología desde una perspectiva crítica y creativa.
La propuesta ha girado en torno a tres ejes fundamentales: observar, escuchar y pensar. A través de dinámicas participativas, debates, dilemas éticos y preguntas abiertas inspiradas en el método socrático, el alumnado ha experimentado una forma activa de aprendizaje. De este modo, la filosofía ha dejado de percibirse como un contenido abstracto para convertirse en una herramienta cercana y útil.
Además de los contenidos académicos, esta experiencia ha permitido poner en valor los espacios públicos como lugares de aprendizaje compartido. La calle se ha transformado en aula, favoreciendo la interiorización de valores como la tolerancia, la interculturalidad, la justicia, la responsabilidad ciudadana y la empatía.











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