Domingo Savio: “Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres”

6 mayo 2026

Salesianos Comunicación

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Hoy, 6 de mayo, la iglesia celebra la festividad de Santo Domingo Savio. Un joven ejemplo para los jóvenes, uno de los frutos más bellos de la espiritualidad salesiana.

Domingo Savio nació en San Giovanni da Riva el 2 de abril de 1842, cerca de Chieri. Siendo bebe su familia se trasladó a Murialdo y posteriormente a Mondonio en Castelnuovo.

Encuentro con Don Bosco

El 2 de octubre de 1853 Domingo se encontró por primera vez con Juan Bosco en I Becchi, junto a la casa natal del educador, y el 29 de octubre de 1854 entró en el oratorio de Valdocco de Turín para completar los estudios.

Seis meses después, tras un sermón de Don Bosco acerca de la austeridad y el sacrificio, donde remarcaba que cuando uno se sentía oprimido por alguna calamidad o molestia del cuerpo había que ofrecérselo a la Virgen, Domingo renovó sus votos realizados con ocasión de su primera comunión ante el altar de María en el oratorio. El niño consideró que este sería el medio más adecuado para llegar a la más alta perfección y en ese momento se propuso convertirse en santo.

Domingo comenzó a realizar austeridades de todo tipo, como consumir sólo la mitad de su ración de comida, dormir menos tiempo y rezar más. Sentía gran devoción por la Virgen María, llegando a permanecer más de cinco horas diarias rezando. Una noche de invierno, Don Bosco encontró a Domingo temblando de frío en la cama, sin más abrigo que una sábana.

—¿Te has vuelto loco? ¡Vas a tener una pulmonía!

—No lo creo —respondió Domingo—. Nuestro Señor no tuvo ninguna pulmonía en el establo de Belén.

Desde entonces Don Bosco le prohibió formalmente hacer penitencia alguna sin su permiso. Domingo se entristeció, pero Juan Bosco insistió en que debía jugar alegremente con sus compañeros. Desde aquel momento hasta su muerte, Domingo unió la piedad con una alegría serena que gustaba a Don Bosco, dedicándose con mayor celo a los compañeros marginados por otros y a aquellos que enfermaban.

Canonización

En enero de 1859, casi dos años después de la muerte de Domingo Savio, Don Bosco publicó la biografía del joven, titulada Vita del giovanetto Savio Domenico, en la que predijo que un día la Iglesia decretaría para su joven alumno el honor de los altares.

Don Bosco consideró y mostró a Domingo Savio como un modelo concreto de espiritualidad. En la presentación de la Vida de Domingo Savio, don Bosco escribió dirigiéndose directamente a los jóvenes:

Decid en vuestro corazón lo que decía S. Agustín: Si ille, cur non ego? Si un compañero mío, de mi misma edad, en el mismo lugar, expuesto a los mismos y tal vez mayores peligros, encontró, sin embargo, tiempo y modo de mantenerse fiel seguidor de Jesucristo, ¿por qué no puedo también yo hacer lo mismo? Recordad que la religión verdadera no consiste solo en palabras; hay que ir a las obras. Por tanto, cuando encontréis alguna cosa digna de admiración, no os contentéis con decir esto es bonito, esto me gusta. Decid más bien: quiero empeñarme para hacer esas cosas que leídas de otros, despiertan mi admiración.

Ante la sospecha de que la Vita contuviera inexactitudes históricas y rasgos moralizantes, el papa Pío XI dispuso que fuera examinada en 1931-1932 por la Congregación de los Ritos. Este organismo se pronunció a favor de su autenticidad histórica.

Domingo Savio fue declarado venerable por Pío XI en 1933, beatificado por Pío XII el 5 de marzo de 1950, y canonizado por el mismo pontífice el 12 de junio de 1954. Su festividad se celebra el 6 de mayo.

La urna con los restos del santo está ubicada en su altar debajo de la pintura en su homenaje, realizada por Mario Caffaro Rore, en la Basílica de María Auxiliadora de Turín.

Tres secretos de Domingo Savio

Pascual Chávez, rector emérito de los Salesianos, en 2007 con motivo del 150 aniversario de la muerte del joven discípulo de Don Bosco, escribía dirigiéndose a los jóvenes:

Queridos jóvenes,
Os invito a mirar a este joven que con su vida quiso ser un modelo verdadero para todos vosotros. Él os hace partícipes de sus secretos.

El primero es el de ser capaces de tener grandes ideales. Sobre todo, dejaos contagiar por el deseo de una vida cristiana de alta calidad. Esto significa considerar abiertamente en vuestro proyecto de vida el objetivo y la voluntad de ser “santos”. Este fue el grande deseo de Domingo Savio; que ello sea también un deseo cultivado en el corazón de cada uno de vosotros.

El segundo secreto que Domingo os enseña es: que nuestra vida cristiana es continuamente “sanada y renovada” por el Sacramento de la Reconciliación y que uno se hace fuerte nutriéndose del “Pan de la Vida” en la Eucaristía. A pesar de toda dificultad, podemos ser fuertes viviendo una verdadera relación de amistad con el Señor Jesús, a través de la experiencia sacramental. En este camino de vida cristiana, María, como Inmaculada, está a nuestro lado para señalarnos la belleza de aquello que es bueno, justo, puro, amable, digno de alabanza, y, como Auxiliadora, nos sostiene y proteje de las dificultades del camino.

El tercer secreto es el de donar, ya desde ahora, nuestra vida a los demás. Ser verdaderos “luchadores del bien”, comprometidos en el servicio, portadores de esperanza y de dicha. Siempre dispuestos a todo para hacer crecer el bien y combatir el mal, tal y como hizo Domingo Savio. ¿Seréis capaces de todo esto? Estoy seguro de que sí, pero con una condición: que sepáis elegir un guía que acompañe vuestro camino. Mis muy queridos/as, ¡elegid “vuestro Don Bosco”! así es como hizo Domingo y por lo que su vida ha dado los frutos abundantes que todos conocemos.

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