
Mayca Crespo
Vivir la Coronación Canónica de María Auxiliadora no solo me ha permitido participar en cada uno de sus actos; también me ha regalado una mirada mucho más profunda sobre la dimensión del amor.
Para mí, además, la Coronación ha sido un camino que he ido recorriendo paso a paso con aprendizajes, emociones y encuentros que me han dejado huella. Una vivencia que me ha permitido descubrir mucho más de lo que imaginaba al comenzar este recorrido.
Alrededor de la Virgen hemos caminado miles de personas. Personas distintas, con vidas completamente diferentes, con alegrías y heridas, con sueños cumplidos y otros todavía por llegar. Muchos cargando dificultades silenciosas en su día a día. Algunos atravesando momentos de oscuridad; otros, quizá, viviendo uno de los instantes más importantes de sus vidas.
Y, aun así, entre tanta diferencia, había algo que nos unía de forma inevitable: el amor y la devoción hacia María Auxiliadora. Inevitables cuando María Auxiliadora nos reúne y nos hace caminar en la misma dirección, aun siendo tan diferentes.
Cuántas historias escondidas detrás de tantas miradas. Miradas cómplices. Miradas emocionadas. Algunas buscando consuelo; otras llenas de agradecimiento. Personas que quizá nunca volverán a encontrarse, pero que compartieron un mismo sentimiento frente a nuestra Auxiliadora.
Y entonces comprendí también algo muy sencillo y muy grande: la mirada de Ella hacia nosotros. Esa mirada que nos abraza, que sostiene, que calma y que comprende incluso aquello que no sabemos expresar.
He descubierto que la fe también se construye así, en los encuentros. En los abrazos inesperados, también en los anhelados. En el tiempo regalado de quien sacrifica lo más valioso que tiene para ofrecértelo. En las manos que trabajan sin descanso y en el corazón de tantos voluntarios y personas comprometidas que, desde la sencillez y muchas veces desde el anonimato, han hecho posible esta Coronación. Personas que han entregado horas, esfuerzo, ilusión y cariño sin esperar nada a cambio, movidas únicamente por el amor a María Auxiliadora. Porque detrás de cada detalle, de cada gesto y de cada momento vivido, hay una entrega inmensa que merece ser reconocida y puesta en valor.
Esta Coronación no ha sido solo un acontecimiento histórico. Ha sido, sobre todo, un lugar de encuentro para miles de corazones. Un camino compartido en el que cada persona, de una forma u otra, ha dejado parte de sí misma para honrar a María.
Y resulta imposible no emocionarse al pensar que, detrás de cada aplauso, de cada lágrima y de cada oración, había una vida entera latiendo.
Miles de personas tan diferentes… y, al mismo tiempo, tan unidas. Irremediablemente entrelazadas por el amor. Imposible no pensar que Ella lo ha hecho todo.














0 comentarios