Mira, no te conozco, pero te siento. Y por eso quiero dirigirte unas palabras que espero que te vengan bien leer… precisamente ahora, cuando no sientes ganas de vivir.
Mira, vivir no es una prueba de resistencia, sino una invitación de gala. Estás asomándote ahora al mundo, con esa mezcla de vértigo y ganas –o desganas– que se sienten en el estómago. Permíteme decirte algo: no estás aquí por azar. No eres resultado de una carambola cósmica ni una cifra en un registro. Estás aquí porque Alguien, que es el Origen de toda la luz, pronunció tu nombre con una sonrisa antes de que el tiempo fuera tiempo.
Proyecto de Amor
Mira, estás ante el diseño de una aventura. La vida comienza con una certeza que lo cambia todo: eres un proyecto de Amor. Dios no nos lanza a la existencia para ver cómo nos las arreglamos; nos pone en el mundo como quien planta una semilla, con la intención de que florezca. Cada latido de tu corazón es un “te quiero” silencioso que te recuerda que nunca caminas en solitario. Nunca estás sola.
Esa fe no es refugio para cobardes, sino el motor de los valientes. Saber que Dios es Amor y que está a tu lado significa tener permiso para arriesgarte. Si Él es el arquitecto, ¿qué miedo puedes tener de construir en grande?
Mira, estás ante una Misión: Aprender a Amar. Y si te preguntas cuál es el “manual de instrucciones”, es más sencillo de lo que parece: fuiste creada por Amor y para amar. Todo lo demás –estudios, viajes, éxito– son sólo escenarios. El verdadero trabajo ocurre en los detalles: Cuando amas, te pareces más a tu Creador. Te conviertes en reflejo de esa luz original. Y lo mejor es que no tienes que ser perfecta para hacerlo; solo tienes que estar disponible.
Mira, tienes un Compañero de Camino. Hay días de lluvia, por supuesto. Momentos en los que el mapa parece borroso. Pero ahí es donde la fe se vuelve experiencia pura. Dios no está mirando desde lejos; está a tu lado, sosteniéndote cuando tus piernas tiemblan y piensas que vas a caer. Su presencia no evita las tormentas, pero te da una paz que las atraviesa… y te ayuda a atravesarlas…
Mira… no camines como si fueras una huérfana en manos del destino; camina como la hija amada de un Rey que ha preparado lo mejor para ti.
Tienes la vida por delante, y tanto por vivir… tanto por dar… El mundo está esperando tu versión única de la esperanza. Vive con la frente alta, sabiendo que cada paso que das está bendecido y que el Amor nunca, jamás, te va a soltar la mano.
Mira… no te conozco, pero te siento, y por eso quiero dirigirte unas palabras que espero que te vengan bien leer…




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