ACTUALIDAD SALESIANA
Un verano ‘caldeado’

17 septiembre 2026

Agoniza el verano, uno de los más cálidos de la Historia. Desde que en 1961 empezaron registros oficiales, 2026 ha sido el verano más caluroso. Sucesivas olas de calor, noches sofocantes y las aguas del Mediterráneo a casi 30º han hecho que muchos días fueran sofocantes.

Por otra parte, nuestro país ha vivido una oleada de incendios terribles que han quemado casi trescientas mil hectáreas en lo que va de año. Un auténtico horror, un desastre ecológico, uno más.

También la temperatura política subió, y de qué manera, cuando la invasión de unas ochenta mil personas irrumpió en Ceuta, quién sabe si engañados, para buscar un futuro prometedor, y provocaron una crisis humanitaria tremenda, mientras nuestros representantes públicos se resistían a quedarse sin vacaciones y se lanzaban las culpas entre insultos de unos a otros. Otros se negaban a sentarse para hablar con nadie y manifestaban que no acogerían a ningún menor en su comunidad autónoma. Mientras esto ocurría, la compraventa de un ático millonario para una dudosa utilidad se convertía en un arma arrojadiza que con un “Chao pescao” se quería zanjar. Todo ello ha sido un espectáculo patético, una pena a la que tristemente nos tienen acostumbrados.

Sí, ha sido un verano caliente en el que los discursos de odio han proliferado, no sólo en las redes sociales sino también en las sedes de la representación popular.

Pero frente a todo este ambiente tan “ardiente”, hemos podido ver a muchos voluntarios que combatían el fuego ayudando a los profesionales. Hemos visto a personas que han acogido en sus casas a desalojados de sus pueblos por los incendios próximos y les han abierto los brazos como si fueran de su propia familia. Ha habido muchos voluntarios que han preparado comidas y agua para repartir a los que estaban en primera línea de fuego y a los que habían ido a los polideportivos, desalojados de sus pueblos, que vivían la angustia de no saber si sus casas se habían quemado. En esos polideportivos no faltaban jóvenes que atendían a los niños desplazados y les hacía jugar para entretenerles lejos de casa y relajar a sus preocupados padres. Hasta las mascotas fueron albergadas y cuidadas por profesionales y por una legión inmensa de hombres y mujeres que acudieron voluntariamente a echar una mano.

Otras personas en Ceuta han acogido, han repartido alimentos, ropa, consuelo a las masas de gentes que, desesperadas, había llegado a nado hasta la ciudad. Paradójicamente, barrios muy humildes se han multiplicado hasta que no han podido más.

No han faltado en este verano monitores de colonias, chavales voluntarios en muchos sectores sociales, familias que han acogido a niños saharauis o desplazados, jóvenes que han acompañado a abuelos que se sienten solos, grupos que han ido al Tercer Mundo para entregarse a los más pobres… no han faltado miles y miles de personas buenas que han dado un soplo de aire fresco y humanidad a un país acalorado por las temperaturas, los incendios y la bronca ideológica.

Son esas las personas que llenan de sentido a una sociedad en la que algunos se empeñan en polarizar y dividir por disputas insustanciales que, esas sí, caldean el ambiente más que el cambio climático.

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