No fue un encuentro de un solo fin de semana, sino el punto de partida de un itinerario que cada grupo recorrerá durante este curso en su propio territorio.
Un código que solo tiene sentido si se vive
El viernes por la noche, con los grupos recién llegados, arrancó la Operación Código Aura. Los participantes tuvieron que colaborar para recuperar los fragmentos de un código con los principios de una forma de habitar el mundo digital basada en el cuidado, el respeto, la verdad, la responsabilidad y la dignidad de todas las personas. Ningún grupo podía conseguirlo solo.
Al final llegó el giro: recuperar el código nunca fue el objetivo. Un código solo tiene sentido cuando hay personas dispuestas a vivirlo. Así nacieron los Agentes Aura, la red de jóvenes que acompañará todo el proyecto.
«El Código Aura no cambia la Red. La cambian las personas que deciden vivirlo».
Aprender a mirar las pantallas con otros ojos
El sábado fue el día de la formación. Partiendo de la propia experiencia, los grupos descubrieron lo distinto que vive cada cual el entorno digital. Después se preguntaron cómo están diseñadas las plataformas para captar la atención y qué se puede hacer para recuperar el control.
Participó también BackToLife, una aplicación creada por jóvenes para reducir lo más adictivo de las redes sociales. Su experiencia mostró algo que está en el centro de AURA: una inquietud puede convertirse en una iniciativa real cuando son los propios jóvenes quienes la impulsan.
La tarde se reservó para la convivencia, tan propia del estilo salesiano: un paseo por el centro de Madrid, el atardecer junto al Templo de Debod y una cena compartida para conocerse mejor y seguir tejiendo red.
¿Qué queremos que crezca?
El domingo, cada grupo miró a su propia realidad. Sobre grandes murales aparecieron la desinformación, el ciberacoso o el tiempo que pasamos ante las pantallas, pero también todo aquello que merece la pena cuidar. Las aportaciones dieron forma a un árbol colectivo con una pregunta de fondo: ¿qué queremos que crezca?
El encuentro se cerró con la eucaristía, la despedida y la foto final.
Protagonistas de su propio proyecto
Ahora empieza lo importante. Cada grupo vuelve a su centro juvenil o a su plataforma social con un encargo: diseñar y poner en marcha acciones de prevención y sensibilización lideradas por los propios jóvenes. Estarán pensadas para su entorno y contarán con el acompañamiento de sus equipos educativos a lo largo del curso. Habrá espacios para compartir avances y un encuentro final en el que cada grupo presentará lo que haya construido.
Es una forma muy salesiana de afrontar un reto nuevo: estar presentes allí donde están los jóvenes, hoy también en el mundo digital, y confiar en ellos como protagonistas. Es también una apuesta por la cultura del cuidado en la que la casa salesiana ya trabaja desde distintos frentes, como el Aprendizaje y Servicio para proteger a la infancia en los entornos digitales.
La crónica completa, el álbum de fotos y el seguimiento de las iniciativas pueden consultarse en la web del proyecto












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