Rocío Blanco, consejera de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo; Ana Vanessa García Jiménez, en representación de la Secretaría General de Servicios Sociales de la Junta de Andalucía; e Ignacio Vázquez, director general de la Fundación Don Bosco, han participado en «Dialogamos sobre impacto social», junto a profesionales del ámbito social y especialistas de la Universidad Loyola Andalucía. Una jornada para evaluar los resultados de los proyectos sociales y aprender de ellos con el objetivo de mejorar las oportunidades de las personas.
¿Cuántas personas consiguen mejorar su situación gracias a un proyecto social? ¿Qué cambia realmente en sus vidas? ¿Qué podemos aprender de las iniciativas que ya están en marcha? Responder a estas preguntas centró la jornada «Dialogamos sobre impacto social», organizada por la Fundación Don Bosco.
La jornada ha puesto sobre la mesa una cuestión cada vez más importante para el tercer sector: no basta con saber cuántas actividades se realizan o cuántas personas participan en un programa. También es necesario conocer qué resultados se consiguen, qué cambios experimentan las personas y cómo utilizar esa información para mejorar los proyectos.
La apuesta de la Fundación Don Bosco por la evaluación del impacto social busca precisamente eso: «pasar de contar lo que hacemos a demostrar qué cambia gracias a lo que hacemos», explican
De los proyectos a los resultados: aprender para hacerlo mejor
La primera parte del encuentro se dedicaba a compartir los aprendizajes obtenidos en distintas iniciativas sociales impulsadas por la Fundación Don Bosco, entre ellas ERACIS I y II, Cocinas, Triaje Social, Alma e Integrales.
Antonio Sianes, director del Instituto de Investigación en Políticas para la Transformación Social de la Universidad Loyola Andalucía, protagonizaba la ponencia «Aprendizajes para el futuro», centrada en los cambios organizativos y en la cultura de trabajo que se derivan de estas experiencias.
Durante su intervención, Sianes subrayaba que la evaluación solo alcanza su verdadero potencial cuando permite aprender y transformar la manera de trabajar de las organizaciones. Contar lo que se hace es necesario, pero comprender qué cambia y decidir qué hacer con esa evidencia constituye el verdadero reto.
El especialista advertía del riesgo de diseñar intervenciones orientadas a mejorar los indicadores de los programas en lugar de responder a las necesidades reales de las personas. Por ello, defendió una cultura organizativa basada en el aprendizaje, capaz de revisar las actuaciones, corregir aquello que no funciona y utilizar el conocimiento generado para impulsar cambios efectivos.
El análisis de los proyectos permite así mirar más allá de las actuaciones concretas y plantear preguntas relevantes para el futuro: qué prácticas funcionan, cuáles necesitan mejorar y cómo puede el conocimiento acumulado ayudar a diseñar respuestas más eficaces ante situaciones de vulnerabilidad.
En este sentido, la evaluación de impacto no debe entenderse únicamente como una herramienta de rendición de cuentas, sino como una oportunidad para evolucionar, transformar las organizaciones y mejorar la intervención social.
Medir el impacto para saber qué cambia de verdad
Uno de los ejes de la jornada fue la ponencia «La importancia de la medición de impacto en el ámbito social», presentada por Ester Muñoz, directora de Diseño y Desarrollo de Proyectos de la Fundación Don Bosco.
La evaluación del impacto social supone un paso más en la forma de entender el trabajo de las entidades sociales. Permite analizar si las actuaciones están contribuyendo a los cambios que persiguen, identificar qué aspectos se pueden mejorar y tomar decisiones con una base más sólida.
En este sentido, la Fundación Don Bosco trabaja con la evaluación como una herramienta para conocer mejor los resultados de sus proyectos y aprender de la experiencia. El objetivo es que los datos no se queden en informes, sino que sirvan para mejorar el acompañamiento, ajustar las intervenciones y ampliar las oportunidades de las personas.
La misión de la Fundación Don Bosco no consiste únicamente en responder a las necesidades, sino también en despertar sueños, acompañar caminos y hacer posible que la esperanza se convierta en oportunidades reales. Para ello, es necesario hacer tangible el valor de la acción social, pasando de contabilizar actividades y tareas a demostrar los cambios que estas contribuyen a generar.
Aprender de lo que funciona, revisar lo que no ofrece los resultados esperados y poner ese conocimiento a disposición de la sociedad y de las administraciones constituye una parte esencial de este compromiso con la mejora continua.
La colaboración institucional, clave para generar oportunidades
En este día, se ha contado con la participación de representantes de las administraciones públicas y del ámbito social, poniendo de relieve la importancia de la colaboración para responder a situaciones de vulnerabilidad que, por su complejidad, requieren la implicación de distintos actores.
Rocío Blanco Eguren, consejera de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo, ha destacado el valor de la colaboración con entidades como la Fundación Don Bosco, a la que ha reconocido como referente en el acompañamiento a las personas. Su intervención puso el acento en el empleo como una de las principales herramientas para combatir la desigualdad y generar oportunidades, sin perder de vista las dificultades y los condicionantes que afrontan muchas personas para acceder al mercado laboral.
Blanco señaló, además, que los resultados de las políticas públicas no siempre pueden medirse exclusivamente a través de la inserción laboral. Recuperar la confianza, volver a creer en las propias capacidades y reforzar la autonomía personal también son avances fundamentales y forman parte del retorno social de las actuaciones impulsadas desde la Consejería.
La consejera incidió asimismo en la necesidad de actuar de forma coordinada ante las situaciones de vulnerabilidad, cuyos problemas suelen ser complejos y no pueden resolverse desde una única institución. La colaboración entre las administraciones y las entidades sociales resulta, por tanto, esencial para construir respuestas más completas y adaptadas a las necesidades de las personas y sus familias.
Por su parte, Ana Vanessa García Jiménez, que asistió en representación de la Secretaría General de Servicios Sociales de la Junta de Andalucía, ha participado en un encuentro que ha puesto de manifiesto la importancia de conectar las políticas de protección social con la experiencia de las entidades que trabajan directamente con la ciudadanía.
Desde la Fundación Don Bosco, Ignacio Vázquez, director general de la entidad, enmarcaba la evaluación del impacto en el compromiso de la organización con la transformación social y la mejora continua.
«En la descripción de los valores de nuestra entidad está recogido que construimos las respuestas más adecuadas para transformar la realidad. De esta voluntad nace la estrategia de medir el impacto de lo que hacemos para poder aprender de los resultados», señalaba.
La apuesta por evaluar los proyectos permite avanzar hacia una intervención social más consciente de sus resultados, capaz de compartir aprendizajes y de contribuir al diseño de políticas y actuaciones mejor orientadas a las necesidades reales de la población.
Una idea clara: mejorar a partir de lo que aprendemos
La jornada concluía con un espacio de diálogo y desayuno-networking en el que las personas asistentes pudieron intercambiar impresiones, compartir experiencias y plantear ideas para orientar futuras actuaciones.
Con «Dialogamos sobre impacto social», la Fundación Don Bosco refuerza su compromiso con una forma de trabajar que combina la atención directa a las personas con el análisis de los resultados y la mejora continua. Una apuesta por aprender de lo que funciona, revisar lo que puede hacerse mejor y utilizar ese conocimiento para generar oportunidades reales.
Porque el impacto social no se mide únicamente en actividades realizadas o personas atendidas, sino también en las oportunidades que se abren, en las capacidades que se recuperan y en los cambios que se consiguen en la vida de las personas. Medirlo permite reconocer esos avances, aprender de la experiencia y fortalecer la colaboración necesaria para que cada vez más personas puedan construir su propio futuro.
La Fundación Don Bosco
La Fundación Don Bosco es una organización sin ánimo de lucro de ámbito estatal de la Iglesia Católica, impulsada y promovida en el año 1998 por la Congregación Salesiana y los grupos de la Familia Salesiana para canalizar los proyectos de intervención social de la Inspectoría Salesiana en Andalucía, Canarias y Extremadura.
En sus más de 25 años de actividad, ha atendido a más de 300.000 personas, a través de 2.550 proyectos y gracias al apoyo de más 2.500 personas, entre voluntariado y personal técnico.











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