Navidad

30 de diciembre

EVANGELIO (Juan 1, 1-18)

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra eraDios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tinie- bla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan Bautista: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era élla luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amorcarnal, ni de amor humano, sino de Dios.

La Palabra se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros, y hemos contempla- do su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

 

Tiempo interior

Dedica un tiempo de reflexión al comentario del Evangelio en Tiempo Interior, con José J. Gómez.

«La Palabra se hizo carne»

CATEQUESIS

Leemos el comienzo o prólogo del evangelio de san Juan. Con palabras solemnes y hermosas se nos dice que la Palabra de Dios ha acampado en medio de nuestro mundo para iluminarlo con su luz.

Es un buen mensaje para cerrar este año 2020 al que despediremos hoy. Ha sido un año difícil, marcado poruna pandemia que no sospechábamos cuando lo inicia- mos. Han ocurrido muchos acontecimientos que quedarán grabados en nuestra vida. Tal vez este año, que ahora concluye, ha tenido momentos de dolor y gran dificultad. Ojalá que haya sido oportunidad para profundizar en aspectos esencia- les de nuestra existencia. Ojalá que las dificultades vividas nos hayan ayudado a comprender elementos esenciales que tal vez habíamos olvidado.

 

La Palabra de Dios se ha hecho carne humana en Jesucristo, poniendo en nuestra historia un principio de esperanza. Los creyentes sabemos que ni la muerte ni la vejez, ni el dolor ni la enfermedad, ni la guerra ni el hambre, ni ningún mal que podamos padecer podrá apartarnos del amor de Dios. Nuestra suerte está asegu- rada si recibimos a Cristo en nuestra vida, en nuestro hogar y en nuestro corazón. Los cristianos somos responsables de que este mensaje tan positivo se haga rea- lidad en nuestro mundo lacerado por un extraño virus que llegó por sorpresa. De nosotros depende que estas palabras de esperanza dejen de ser merosconceptos para convertirse en realidades de convivencia fraterna, de paz y de servicio, espe- cialmente a favor de los pequeños, los pobres y los humildes.

 

El tiempo que pasa, y que contamos por años, según el ritmo de la tierra alrededor del sol, es opor- tunidad para hacer presente a Dios en nuestro mundo, como lo hizo presente Jesucristo al nacer y vivir en medio de nosotros.

Es el último día del año; una fecha en la que muchas personas se entregan a fiestas sin sentido, embotando su mente con ruidos, luces y vacías celebraciones. Nosotros proclamamos serenamente queDios es Señor de la historia, que nos ha creado para compartir su felicidad y disfrutar su amor, y que nos sentimos comprometidos para dar testimonio todos los días que Él quiera darnos.