
Irune López
Justo cuando estaba pensando sobre qué escribir en este post, me encontré con un artículo de la COPE titulado «Pilar Llácer, experta en recursos humanos: “Cada vez hay más jóvenes rechazando puestos de trabajo porque no pueden compaginar los horarios con su vida personal”».
En este artículo Pilar Llácer habla de algunos comportamientos de la Generación Z que están transformando el mundo laboral. Nos cuenta que cada vez hay más jóvenes que rechazan ofertas de trabajo porque los horarios no les permiten compaginar su vida personal y el ocio. Que preguntan mucho por el horario y el sueldo en las entrevistas de trabajo. Que la mayoría no quieren ser jefes cuando se lo proponen. Que muchos cambian de empresa al cabo de un año y medio o dos para iniciar nuevos proyectos y que valoran tener tiempo para viajar, disfrutar de sus aficiones o cuidar de sus mascotas.
Un panorama bastante diferente al de las generaciones anteriores.
Esta diferencia con respecto a la mayoría de las personas de nuestra generación hace pensar: ¿Qué está pasando? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué lugar ocupa el trabajo en sus vidas? ¿Qué esperan de él y qué están dispuestos a ofrecer? ¿Qué hay en el fondo?
Y también ¿De qué viven mientras tanto? ¿Pueden permitirse decir que no a ofertas de trabajo? ¿Con qué recursos cuentan? ¿Qué expectativas tienen y hasta qué punto se corresponden con la realidad que se van a encontrar en la vida?
¿Qué os parece? ¿Tienen razón? ¿Tiene sentido lo que buscan y a lo que aspiran?
Muchas preguntas… sin respuestas sencillas; pero ¿No merece la pena detenernos a mirar lo que está pasando y preguntarnos si somos conscientes de esta situación?: ¿Qué factores les han llevado ahí? ¿los cambios en el mercado laboral? ¿el estilo de vida? ¿los valores que para ellos son importantes? ¿la educación recibida? las nuevas expectativas creadas?
Te invito a dedicar un momento a mirar a tus hijos, nietos, alumnos… y pensar qué futuro les estamos ayudando a construir. Como acompañantes, como educadores y como miembros de la sociedad en la que tendrán que integrarse, podemos preguntarnos: ¿Qué está en nuestra mano hacer al respecto? ¿Cómo podemos escucharles mejor? ¿Cómo podemos orientarles? ¿Cómo podemos contribuir a que encuentren oportunidades y condiciones que les permitan desarrollar un proyecto de vida bueno para sí y para los demás?














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